El diálogo (¿premonitorio?)pertenece al capítulo Nochebuena de El mar de las Sirtes. Habla Carlo:
¡Si supieras lo atado que estoy! He tendido mis hilos por todas partes y ahora me encuentro envuelto como un gusano en su capullo, eso es, amarrado, atado, hecho un envoltorio. Ni siquiera puedo mover los brazos y las piernas. ¿Me crees enfermo? (...) Pero he hecho demasiadas cosas para lo que me queda de vida, eso es. Cuando uno entiende eso, se le acabó todo; es como un muelle que se parte. ¿Te das cuenta de lo que es envejecer? He llevado una carga muy pesada en los hombros, y ya no tengo fuerzas para levantarla. (...) No poder levantar lo que ha hecho uno es la losa de la tumba.
¡Si supieras lo atado que estoy! He tendido mis hilos por todas partes y ahora me encuentro envuelto como un gusano en su capullo, eso es, amarrado, atado, hecho un envoltorio. Ni siquiera puedo mover los brazos y las piernas. ¿Me crees enfermo? (...) Pero he hecho demasiadas cosas para lo que me queda de vida, eso es. Cuando uno entiende eso, se le acabó todo; es como un muelle que se parte. ¿Te das cuenta de lo que es envejecer? He llevado una carga muy pesada en los hombros, y ya no tengo fuerzas para levantarla. (...) No poder levantar lo que ha hecho uno es la losa de la tumba.
Con anterioridad dice: “El desierto le puede a uno”
¿A que desierto se refiere Gracq? Siempre me lo he preguntado.
(El mar de las Sirtes de Julien Gracq, traducción de José escué)
Pues eso, el desierto nos puede a todos.
Graqc por João Ventura
¿A que desierto se refiere Gracq? Siempre me lo he preguntado.
(El mar de las Sirtes de Julien Gracq, traducción de José escué)
Pues eso, el desierto nos puede a todos.
Graqc por João Ventura