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4/4/12

El rey pálido, de David Foster Wallace (y VI)

Cap. 39 (8 páginas) En la acumulación de datos que Sylvanshine a recopilado espontáneamente hasta la saturación con anterioridad a su llegada al CRE de Peoria, hay un dato que no pertenece a DeWitt Glenndening, sino a Leonard Stecyk que asume tanto su trabajo como el de su superior. Un pulgar cercenado. Ya vimos en el capítulo 5 como Stecyk era odiado por todo el mundo en el instituto. Sin embargo “es posible que el incidente del pulgar cercenado no cambiara tanto el carácter de Leonard Stecyk ni le diera forma en tanta medida, sino que más bien alterara la perspectiva que él tenía del mismo (si es que tenía alguna), además de las percepciones que tenían los demás de él”

Cap 40 (1 página) Cusk en el psiquiatra cuenta cajas de kleenex y enumera sus fobias.

Cap. 41 (1 página) Conversación ¿?

Cap. 42 (5 páginas) Conversación. ¿De nuevo en la furgoneta de vigilancia? Gaines y Colorado Todd y su incidente universitario con metanfetaminas. Referentes culturales antiguos que se pueden resumir en nostalgia. “No es nostalgia. Es toda una serie de referencias que vosotros ni siquiera sabéis que no tenéis”

Cap. 43 (6 páginas) Un atentado terrorista en otro CRE altera la monotonía. En la sala de la cafetera Glendenning, Gene Rosebury y Meredith Rand hablan sobre el suceso, mientras otros miembros de la agencia les escuchan. Entre ellos el narrador, que imagina: “Yo entraba y me hacía un café y me acercaba a él, él me llamaba Dave y yo le llamaba DeWitt o incluso D.G.” (…) “D.G. me escuchaba con atención y respeto” Para Dave, Glendenning es un buen jefe y administrador, de ahí su fantasía. Pero una consideración que separa completamente a David Wallace narrador de El rey pálido de David Wallace, autor de El rey pálido, es que este Dave es un lameculos insoportable.

Cap. 44 (1 página) El chico del carrito narrando en primera persona. ¿Dave, narrador de El rey pálido, además de un pelota, es simplemente el chico del carrito y quiere hacernos creer otra cosa?
Por qué puedo hacer esta pregunta. Sencillamente porque este breve capítulo contiene lo que podríamos llamar “El mensaje del autor”:
“La clave burocrática subyacente es la capacidad de soportar el aburrimiento. Para operar con eficiencia en un entorno que descarta todo lo que es vital y humano. Para respirar, por así decirlo, sin aire.
La clave es la capacidad, ya sea innata o condicionada, para encontrar el otro lado del trabajo de a pie, de lo nimio, de lo que no tiene sentido, de lo repetitivo y de lo absurdamente complejo. Para ser, en pocas palabras, inmune al aburrimiento. (…)
Es la clave de la vida moderna. Si eres inmune al aburrimiento no hay literalmente nada que no puedas conseguir”
Cap. 45 (4 páginas) Enlaza directamente con el capítulo 8 y narra la muerte de la madre de Toni Ware a manos del hombre al que dejó abandonado en la gasolinera. Toni le contó a Ex el incidente, y como fingió estar muerta bajo el cuerpo de su madre tras el accidente con la sangre de ella goteándole por la garganta, con los ojos abiertos, mientras el hombre remataba a su madre asfixiándola.
“David Wallace u otra persona había comentado que Toni Ware resultaba siniestra porque (…) daba la impresión de que te estaba mirando los ojos en lugar de mirarte a los ojos”

Cap. 46 (63 páginas) El otro gran tour de force incluido en la novela. Viernes por la tarde. Reunión de empleados para tomar cócteles en el Meibeyer’s. Varios empleados de la agencia, la mayoría solteros. Beth Rath trae a la “legendariamente atractiva pero no universalmente popular Meredith Rand”, casada. Mientras el resto de empleados se divierte en el local, Rand conversa con Shane “Ex” Drinion. “Durante las últimas cuatro semanas, la verdad es que solamente Shane Drinion ha parecido impertérrito ante la presencia de una mujer tan terriblemente atractiva”
El capítulo es una especie de duelo narrativo entre los dos personajes, ella, esperando a que su marido pase a recogerla, lanzando una contradictoria serie de mensajes que explican por qué él debe sentirse atraído hacia ella y por qué no, mientras Drinion responde desconcertantemente en un tono analítico y monacal, prestando toda su atención con las consecuencias que ello acarrea.
Ejemplo:

“- Muy bien, voy a seguirte el jueguecito - dice Meredith Rand -. ¿Te parezco guapa?
- Sí.
- ¿Te resulto atractiva?
- …
- ¿Sí o no?
- Esa pregunta me parece confusa. La he oído en películas y la he leído en libros. Está formulada de forma extraña. Parece preguntar una opinión objetiva sobre si la persona con la que estás hablando te describiría como atractiva. Por el contexto en que suele aparecer, sin embargo, casi siempre parece ser una forma de preguntar si la persona con la que estás hablando se siente sexualmente atraída por ti.
(…)
- Hay algo fatigoso en ti- observa Rand -. En hablar contigo. (…) Es como si fueras al mismo tiempo interesante y muy aburrido”

El comportamiento de Drinion, que podría calificarse de monacal y asexual, le hacen semejar una especie de androide asimilando emociones humanas. Pero “monacal”, por el carácter místico del concepto, es lo que mejor le define. Sin embargo, siendo un interlocutor tan extraño, la actitud de Drinion consigue que Rand le cuente la historia de su matrimonio. Tal vez con la intención de obtener por parte de Drinion un examen analítico y frío, sin consideraciones emocionales que eviten ofenderla, de los motivos de los tormentosos orígenes de la relación con su marido y en que ha devenido su matrimonio.
Lo que Wallace desarrolla en este capítulo es una interesante narración con restricciones. No se trata de contar una historia, sino de hacerlo de determinada manera, Rand, anticipándose a las posibles reacciones del interlocutor, Drinion, poniendo objeciones y señalando los puntos criticables y proporcionando respuestas imprevisibles y desconcertantes, pues su análisis se establece prácticamente ignorando las convenciones sociales y sin elaborar ningún tipo de juicio.
Por otra parte la historia de Rand es intensamente patética.
Drinion levita.
Lo diré otra vez: Drinion levita.
Es fascinante

Cap. 47 (7 páginas) Los extraños métodos de Toni Ware. Un moco.

Cap 48 (10 páginas) Interrogatorio a que someten dos agentes de Chicago a Glendenning tras los incidentes en el picnic anual de Examen. DeWitt todavía está bajo los efectos alucinatorios de lo que sea que ha causado la intoxicación colectiva en el picnic que ha llevado a todos los participantes, los agentes y sus familias al paroxismo mental y al desenfreno sexual.

Cap 49 (10 páginas) Sylvanshine y Reynolds someten a una prueba a Fogle para determinar si éste es o no, un pelota lameculos, antes de que entre a entrevistarse con Lehr, que ocupa junto al niño terrible que todos deben tratar como si no estuviese allí, el despacho de Glendenning. La prueba es superada pero la paradoja es excesiva para Fogle.

Cap 50 (2 páginas) En un despacho. Sobre la dificultad de relajarse cuando alguien nos pide que lo hagamos.


FIN

Los textos entrecomillados de la traducción de Javier Calvo para Mondadori


No quiero alargar esta crónica mucho más. Ya he comentado brevemente la homogeneidad de los diálogos de Wallace. Después de haber leído Gótico carpintero es inevitable la comparación. Mientras Gaddis crea personajes a través de sus diálogos, Wallace debe caracterizar a los suyos con elementos externos antes de hacerlos hablar uniformemente repitiendo los mismos esquemas e idénticas construcciones de frases. ¿Es ese el gran defecto de Wallace? Es posible. Pero desde otra perspectiva, esa también es una de las características de su estilo. Nadie nos dijo nunca, y si alguien lo hizo estaba equivocado, que los diálogos debían plasmar la realidad del habla. La literatura no tiene nada que ver con la realidad y otras cosas por el estilo que se suelen decir en estos casos. Pero es cierto que en ocasiones los diálogos de Wallace resultan forzados y retorcidos.

Al parecer la edición en bolsillo en Estados Unidos incluirá tres fragmentos nuevos. Esperemos que las traduzcan pronto (aunque no sea oficialmente).
Sea como sea, la novela ha terminado (en la medida en que puede terminar lo inacabado) y lo que nos deja son las posibilidades narrativas que el texto truncado parece prometer. En una de las notas recopiladas al final Wallace plantea como tema a desarrollar el de examinadores humanos contra máquinas. Sylvanshine debe reclutar a un equipo de examinadores capaz de superar a las máquinas, capaces de una intensa concentración en su trabajo. Stecyk tiene la clave, quizás inconscientemente, pero todo apunta a la creación de un equipo de examinadores mutantes con superpoderes: Sylvanshine, médium de datos, Fogle, que no es irrelevante cuando no habla de sí mismo, Stecyk y su capacidad para contar mientras hace otras cosas, Ware, hiperviolenta y con la capacidad de detectar los fraudes, Lane Dean Jr. y sus contactos con los fantasmas, David Wallace desaparecido dentro del sistema, Cust, el hombre que suda…
Se acabó, se acabó, se acabó. No hay más.

25/3/12

El rey pálido, de David Foster Wallace (V)

Aquí el autor del blog. Estoy siendo fagocitado por el sistema. Encontré estos apuntes que continúan las notas sobre El rey pálido.

Cap. 27 (28 páginas) Cusk el día de ingreso en el CRE asistiendo a la charla de presentación y formación. Los dos funcionarios encargados ejecutan una suerte de espectáculo ensayado y perfectamente coreografiado mientras informan a los recién llegados. El capítulo inicialmente se centra en Cusk, cuyas “posibilidades de tener un ataque podían minimizarse si prestaba una atención muy intensa y prolongada a lo que fuera que estuviera pasando fuera de él”, atención que se ve perturbada con el ingreso en la sala, ocupando el asiento justo detrás del de Cusk, de una mujer, presumiblemente Toni Ware.
Cuando Cusk arranca a sudar copiosamente la narración se centra en Sylvanshine. La presencia del personaje en la charla de admisión se contradice de alguna manera con su presentación en el capítulo 2. De alguna forma intuimos que Sylvanshine es una especie de infiltrado en el CRE. Se introduce el tema del niño que acompaña al doctor Lehrl, inescrutable para Sylvanshine ya que “el niño estaba rodeado de una membrana factual impermeable o bien habitaba en un vacío de datos”
Luego David Wallace, confundido con otra persona, en “su” particular charla introductoria para agentes de grado superior, manteniendo una sonrisa estúpida.
Da la sensación en ocasiones de que el texto, inacabado e incompleto, explora una serie de posibilidades narrativas indefinidas.

Cap. 28 (1 página) 10 leyes del personal de la Agencia Tributaria.

Cap. 29 (8 páginas) Tengo problemas para situar espacialmente este capítulo. Quizás un grupo de agentes (Bondurant, Gaines, Hurd… ) en una furgoneta con un equipo de escucha. Conversan entre ellos sobre mierda ("¿Qué tiene la mierda, que nos repele pero nos fascina? (…) Es como ver un accidente de coche, es imposible apartar la mirada") y sobre los asaltos que ejecutaban en una universidad donde todos tenían apodos que consistían en que un individuo gordo plantaba su culo desnudo sobre la cara de los que dormían.
(Nota: La escatología en DFW, tema a desarrollar. Véase en LBI el pasaje de Gately y los cepillos de dientes. ¿Puede que no hubiese superado cierta fase anal propia del gamberrismo de las fraternidades universitarias estadounidenses?)

Cap. 30 (15 páginas) En una conversación telefónica con su compañero Reynolds se desvela (con un oscuro trasfondo de conspiración) la misión de Sylvanshine en Peoria ordenada por Merrill Errol Lehrl, “Mel”. La incipiente informatización mediante tarjetas perforadas de las declaraciones tributarias arroja sospechas sobre el sistema, que se ajusta perfectamente a la media. Se menciona la excentricidad de los examinadores: “son unos despojos humanos. Si Glendenning es capaz de sacar la producción que quiere de esa panda… Algunos parecen catatónicos. Uno de ellos podría ser un idiot savant”
Hay, de nuevo, cierta desviación respecto a datos proporcionados con anterioridad. Sylvanshine es el personaje que más evoluciona y cambia, con el que Wallace parece mostrar más dudas. Posiblemente, en una versión que sólo existe en mi cabeza,
Sylvanshine acaba deviniendo en una especie de Charles Xavier.

Cap. 31 (2 páginas) Shinn, un personaje que no había aparecido, espera el autobús que le lleva al CRE desde las viviendas que ocupan los examinadores.

Cap. 32 (3 páginas) La hermana de uno de los examinadores, Nugent, imita de forma escalofriante y por teléfono la voz de Linda Blair posesa en El exorcista (recurrencia a explorar como posible origen de obsesiones)

Cap. 33 (10 páginas) En un largo párrafo de seis páginas se plasma el aburrimiento que la rutina del trabajo produce en Lane Dean Jr.: “La norma era que cuanto más miraras el reloj, más despacio pasaba el tiempo”, “Tenía la sensación de había una especie de agujero o vacío enorme que le caía por dentro y seguía cayendo y no llegaba nunca al suelo”. Menciones al chico del carrito y al sonido del papel rasgado. De pronto Dean siente a su lado la presencia del espectro de Garrity, el cual se lanza a una larga perorata sobre el origen de la palabra “aburrimiento” (“El nombre surge como resultado de la presión cultural”) mientras Dean intenta ignorarlo centrándose en su trabajo para que cuando al final se permite levantar la vista ver que “nuevamente el reloj apenas se había movido”
El capítulo sobre el tedio por excelencia.

Cap. 34 (1 página) “Fórmula del Impuesto Mínimo Alternativo para Empresas”

Cap. 35 (7 páginas) Narrado en primera persona y con alguna nota a pie de página, lo que nos hace pensar en la posibilidad de que se trate de David Wallace, aunque no queda claro, se explica la ferocidad del bebé de Gary Manshardt, Jefe del Grupo de Auditorías (lo que hace que “aquí-el-autor” no pueda ser el narrador… tengo la hipótesis de que una vez deshecho el error, David Wallace se convierte en uno de los chicos del carrito)
“Hay ciertos niños a los que se les nota que van a convertirse en adultos temibles, pero aquel bebe ya era temible”
No destrozaré el chiste final, pero la presencia del bebé en el despacho de su padre resulta obsesiva.
(¿Contradice lo expuesto por Sylvanshine en el capítulo 30 sobre el bebé de Lehrl?)

Cap. 36 (14 páginas) Historia del chico que se propuso “darse un beso en cada centímetro cuadrado de su propio cuerpo”. Su implacable (y absurda) determinación le llevan por el camino del contorsionismo.
Ahora mismo no recuerdo si este personaje tiene continuidad en El rey pálido. Supongo que la intención era añadirlo al circo de examinadores del CRE reclutados por Sylvanshine… pero adelanto acontecimientos.

Cap. 37 (1 página) Claramente un esbozo por desarrollar de un episodio que transcurre durante una cena en un restaurante.

Cap. 38 (5 páginas, 7 notas a pie de página) David Wallace da una explicación del motivo “por qué a veces es necesario este ocasional añadido apositivo del “autor”; resultó que había dos David Wallace distintos destinados al CRE del Medio Oeste, y adivinen ustedes cuál de los dos fue el único que terminó siendo acusado de suplantación de identidad”
Un error informático provocaba una “redundancia fantasmal” entre empleados con el mismo nombre. La también llamada “conflación fantasmal” implica la desaparición del empleado de menor rango. Existe una especie de bucle dentro del sistema que provoca una cola de espera de datos a procesar. En esa cola se quedó David Wallace, el “autor”.

Los textos entrecomillados de la traducción de Javier Calvo para Mondadori

23/2/12

El rey pálido, de David Foster Wallace (IV)

Cap. 20: Un vecino acude a quejarse educadamente a la nueva inquilina de la urbanización del ruido que hacen sus dos enormes perros. La mujer, presumiblemente Toni Ware, le contesta: “Me alegro de que me lo haya dicho (…) Ahora ya lo sé. Si les pasa algo a estos perros, si se escapan o van cojos o lo que sea, lo mataré a usted y a su familia” (2 páginas)

Cap. 21: Ingenioso interrogatorio de un agente a un contribuyente que pretende torpemente defraudar a Hacienda (2 páginas)

Cap. 22: (95 páginas) El otro gran Tour de force de El rey pálido. Una novela dentro de otra novela. El capítulo más extenso y, quizás, el más representativo de la narrativa de Wallace, porque, no nos engañemos, ésta queda representada por el exceso y la narración en primera persona de Chris “Irrelevante” Fogle es el exceso del exceso narrativo. Hay una premeditada e irónica autoparodia en “la novela de Fogle” que, además, queda reforzada por los capítulos por venir narrados por “Aquí el autor”. Lo siento porque yo ya he ido hasta el final y he vuelto, así que la crónica no es del todo sincera. Pero hablamos luego de esto.

“Ni siquiera estoy seguro de saber qué decir. Para ser sincero, hay muchas cosas de las que no me acuerdo. Me da la impresión de que mi memoria ya no funciona de la misma manera que antes. Es posible que esta clase de trabajo te cambie. Aunque sean los exámenes de a pie. Puede que cambie realmente la mente. A todos los efectos, ahora es como si estuviera atrapado en el presente. Si por ejemplo me bebiera un Tang, no me recordaría a nada. Sólo me sabría a Tang.
Si he entendido bien, se supone que tengo que explicar cómo llegué a esta profesión”

Más o menos así, digresión sobre el Tang incluida, empieza este largo monólogo, que quizás forma parte de la serie de entrevistas del capítulo catorce.
La radical diferencia es la extensión inacabable del relato de Fogle. Se nos presenta, según le escuchamos-leemos hablar, como un auténtico pelmazo incapaz de hilvanar un discurso lineal y coherente. Lo que podría resumirse en un par de frases en respuesta a cómo llegó a entrar en la Agencia se convierte en un torrente verborreico en el que Fogle nos cuenta, sin ningún orden, sin ningún criterio que justifique los continuos cambios que, sin embargo, no dejan de tener un orden lógico (aunque nuestras ideas de lo que es lógico no coinciden con las de Fogle), toda su juventud y las relaciones con sus padres separados. En medio de todo este pandemonium en el que llegamos a olvidar que el verdadero objetivo del discurso es explicarnos cómo entró en la administración, Fogle es capaz de desmoronarnos revelándonos que cuenta palabras: “Por ejemplo, desde que empecé ya he dicho 3292 palabras. Me refiero a 3292 palabras hasta el punto de decir “por ejemplo”, pero 3302 si contamos la frase de ejemplo que también he contado”

El problema con Fogle es que parece no darse cuenta del efecto negativo que su narración tiene sobre los oyentes-lectores. En su ¿ingenuidad? no percibe la mala opinión que está dejando sobre sí mismo al autonarrarse de la manera que lo hace. En el momento culminante de la historia, que inconscientemente ha ido postergando hasta el final, queda patente su falta de empatía hacia los demás y su desmesurado egocentrismo. Es posible que él crea que el inicio de su vocación contable y su posterior ingreso en la Agencia Tributaria tenga que ver con una confusión de aula que a su vez tenga que ver con su consumo recreativo de medicamentos. Pero todos sabemos que no. Que hay un sustrato psicoanalítico evidente y no aceptado por el narrador. Y de ahí, también, la agudeza de Wallace para crear un relato crudo y gracioso a partir de la negativa del narrador de aceptar las consecuencias de sus actos. Su verborrea es su forma de defenderse. Su alegato de que son los pequeños detalles los que dejan mayor huella en nuestra memoria se desmiente (o se evidencia como otro mecanismo de defensa) cuando su relato está plagado de pequeños detalles sin importancia. Y los grandes acontecimientos prácticamente eludidos.
Con todo esto, no hay ninguna duda de que este es uno de los grandes pasajes de El rey pálido. No solo eso, como dice J. L. Amores: “Chris Fogle cuenta su vida y cómo una cosa llevó a otra y así sucesivamente. Esas 100 páginas son las mejor escritas desde que en 1955 William Gaddis publicara Los reconocimientos, con permiso de los también bestias en el ámbito de la excelencia Thomas Pynchon y John Barth”


Cap. 23: “La plácida desesperación de la vida adulta”. Un sueño. “Aquel sueño era la forma que tenía mi psique de hablarme del aburrimiento”. El motivo principal del libro se muestra como “tedio institucional” que empieza en la escuela.

Cap. 24: (55 páginas, 68 notas a pie de página) Todavía no nos hemos recuperado del soliloquio de Fogle cuando de nuevo aparece “Aquí el autor”. La narración del ingreso de David Wallace en el centro 047 de Lake James, área metropolitana de Peoria, Illinois, en mayo de 1985, es el contrapunto necesario al capítulo 22 con el que el autor, el verdadero autor, desvela la ironía de todo el entramado literario que está construyendo. Wallace (el David Wallace aquí-el-autor, personaje narrador de El rey pálido) no puede entenderse sin Fogle y viceversa. Y para demostrarlo la narración de “Aquí el autor” se inicia prácticamente aceptando, incluso le cita, los principios de Irrelevante sobre los detalles ínfimos, que son aquellos que dejan mayor huella en nuestra memoria.
Así, el relato de Wallace sobre el día de su ingreso en el CRE 047 será muy similar al de Fogle en cuanto a detalles irrelevantes y prolijidad narrativa, pero diametralmente opuesto en cuanto a rigurosidad temporal y coherencia y, sobre todo, emocionalmente.
Este tema será importante cuando hablemos de la omnipresente “voz del autor” en los diálogos… a fin de cuentas es lo que se llama estilo y, quizás, no llegue a hablar del tema, porque hay otra cuestión que ronda a toda esta crónica.

Fogle y “el autor” son dos narradores que se suplementan cubriendo cada uno de ellos las carencias del otro. Es verdad que “el autor” en más empático que Fogle, pero también es más frío. El relato de Fogle, a pesar de su dispersión en algunos momentos paranoica, es mucho más emocional que “el autor”, que se muestra frío a la par que coherente, como reflejo de su inmersión en el mundo burocrático. Chris Fogle es un narrador al que todo el mundo le exige que vaya al grano y no se disperse. Wallace “el autor” es un narrador metódico y detallista, aunque se dispersa tanto como Fogle. Si fuese un concurso de narradores, posiblemente Fogle lo ganaría, lo cual dice mucho de las intenciones de David Foster Wallace, el cual, como verdadero autor, le cede todo el mérito a un narrador que-no-es-él y que es una parodia de sus vicios de escritor. Fogle es desquiciante, disperso e incluso molesto y aún así goza de toda la confianza del autor.
En una nota que aparece al final del libro, una acotación del proyecto monumental que quería llevar a cabo, Wallace indica un hilo a desarrollar: “David Wallace desaparece: se convierte en criatura del sistema”. Quizás ahí resida una de las claves para entender el proyecto de El rey pálido, la desaparición dentro de la maquinaria burocrática de aquél que se nos ha presentado como “el verdadero” David Wallace. Es evidente que en toda la novela domina la “voz” de David Foster Wallace, pero el tratamiento formal de cada uno de los narradores dice mucho sobre las intenciones y preferencias del autor.
El “aquí-el-autor” es un constructo de narrador clínico y preciso que aunque dedique tiempo a describir sus emociones y sentimientos, lo hace desde una distancia que pretende ser objetiva con la frialdad que eso implica. Todo lo que ocurre el día de su llegada al CRE, que es lo que se explica en este capítulo, es consecuencia de una confusión burocrática y es narrado en términos de causa-efecto. Como colofón a las enrevesadas circunstancias la mujer que ha conducido a David Wallace a través del complejo sistema de admisión le practica una felación que el narrador solo es capaz de describir en términos de distancias.
Es esta gran flexibilidad narrativa de la que hace gala en los capítulos 22 y 24 lo que convirtió a David Foster Wallace en uno de los grandes escritores de nuestro tiempo.

Cap. 25: Demostración visual, a dos columnas, de la rutina del trabajo administrativo (3 páginas)

Cap. 26: Espectros. Blumquist el examinador que permaneció cuatro días muerto en su silla (cap. 4) y Garrity son dos fantasmas que rondan la sala de pasapáginas del Centro 047. Garrity, que trabajaba en una cadena de montaje antes de que el edificio se convirtiera en el Centro, habla y distrae a los examinadores. Blumquist, un fantasma traslúcido, se materializa con su silla y permanece en silencio junto al examinador.
Sylvanshine sabe todo esto (3 páginas)


Los textos entrecomillados de la traducción de Javier Calvo para Mondadori

10/2/12

El rey pálido, de David Foster Wallace (III)

Ahora no voy a ser del todo honesto ya que mi lectura se adelanta a los capítulos que voy a anotar. Es decir lo que digo no lo digo desde el último capítulo que aquí aparecerá, sino desde la lectura casi completa de la novela. Y es lo siguiente: Lo que se puede adivinar es que El rey pálido hubiese sido una obra monumental que, estoy seguro, hubiese superado en extensión a La broma infinita.
En el caso de que quisiera especular (*) en torno a los motivos que impulsaron a David Foster Wallace a quitarse la vida, apuntaría a la ambiciosa desmesura del proyecto de El rey pálido antes que, como he leído que se argumenta en algún sitio, a la incapacidad de superar el tedio que suponía escribir sobre el aburrimiento de las labores administrativas. Ese argumento se invalida con la lectura de la novela: El rey pálido tiene como trasfondo el tedio y el horror al tedio, pero no es para nada una novela aburrida.
El ejercicio narrativo que se impuso David Wallace al emprender El rey pálido era demostrar que no existen temas que no puedan ser tratados literariamente, que incluso algo tan poco atractivo narrativamente en principio como el tedio puede convertirse en un tema interesante, que incluso los más enrevesados temas administrativos pueden resultar narrativamente luminosos con un enfoque adecuado, que no hay momento de nuestras aburridas vidas que no pueda convertirse en épico gracias a la literatura. Para eso toma como modelos de sus personajes, si debemos hacer caso a lo que nos cuenta “el autor”, a un grupo de personas a las que conoció durante el periodo en que estuvo trabajando para la Agencia tributaria estadounidense, y les construye a cada uno de ellos un universo narrativo lleno de sugerentes imágenes. ¿Es eso la verdad? No importa. El caso es que cada personaje va apareciendo poco a poco, sin que sepamos en principio donde ubicarlos dentro de la historia principal, la que incluye al “autor”. Esas historias laterales, verdaderas narraciones en forma de digresión llegan a convertirse en ocasiones en autenticas y sólidas historias. Véase si no, las notas de Javier A. Moreno sobre su lectura de El rey pálido Notes §1-§15 y Notes §16-§50 en las que el capítulo 22, al que ya llegaremos, es calificado con toda la razón de “Novela”.

Dejaremos para más adelante la crítica al método conversacional como motor principal de gran parte de la narración de Wallace.

Capítulos del 10 al 19

Cap. 10: la burocracia se parece “a un mundo paralelo al mismo tiempo conectado con el nuestro e independiente de él” (…) “La burocracia no es un sistema cerrado, eso es lo que le convierte en un mundo y no en una cosa” (1 página)

Cap. 11: Memorando en el que se enumeran síntomas que pueden padecer los agentes tras 36 meses trabajando en la división de Examen. Desde paraplejia crónica hasta hemorragias sin explicación (2 páginas)

Cap. 12: Leonard Stecyk, el inteligente e insoportable chico perfecto, ya de adulto y recién mudado visita a sus vecinos puerta a puerta para regalarles, en vez del consabido y tradicional plato de galletas, un ejemplar gratuito de la Guía nacional de códigos postales del servicio de Correos de Estados Unidos, glosando sus ventajas y utilidades. (2 páginas)

Cap. 13: Un chico que descubrimos en nota al pie que se apellida Cusk “a los dieciséis años y medio empezó a sufrir unos espantosos ataques de sudor en frío” Se trata de un angustioso relato sobre un adolescente que sufre ataques de sudor únicamente cuando está rodeado de otras personas. En estas condiciones su paso por el Instituto se convierte en un infierno paranoico en el que trata de pasar desapercibido. Su autoaislamiento voluntario paradójicamente consigue que sus calificaciones mejoren considerablemente. (9 páginas)

Cap. 14: Una serie de transcripciones de partes de las respuestas de catorce agentes en un proyecto de entrevistas en vídeo propulsado por D. P. Tate y realizado por Leonard Stecyk. Aunque el tono varía de una a otra respuesta y aunque hay una más extensa y concienzuda, centrada en el trabajo en la Agencia, por lo general se destacan las respuestas irónicas y críticas. Cada entrevistado es identificado por un número(**) y creo que sería posible identificar a varios de los personajes detrás de sus respuestas, pero sería un arduo (e inútil) trabajo (18 páginas)

Cap. 15: Los médium de datos, también llamados videntes informáticos o personas con el síndrome de intuición de datos al azar tienen la increíble, molesta e irrelevante capacidad de saber intuitivamente cantidades ingentes de todo tipo de datos simplemente mirando a una persona o a un objeto. Claude Sylvanshine es uno de ellos.
“El médium de datos vive a tiempo parcial en el mundo de los detalles fragmentarios y efervescentes que nadie conoce o que nadie se molestaría en conocer aunque tuvieran la posibilidad de conocerlos” (4 páginas)

Cap. 16: Lane Dean Jr. trabaja en la Agencia donde, al parecer, tiene problemas para integrarse con el resto de sus compañeros. Conversación irrelevante en un descanso del trabajo. (4 páginas)

Cap. 17: Una breve declaración tal vez parte de la serie de entrevistas del capítulo 14. “Creo que ya de pequeño me imaginaba a los hombres de Hacienda como esa otra clase de héroes institucionales (…)” (1 página)

Cap. 18: Glendenning, un directivo de la agencia tributaria, es apodado El rey pálido. Él ha impulsado de nuevo el empleo de Nombres de escritorio, nombres ficticios que usan los agentes para que los contribuyentes no puedan descubrir su verdadera identidad. (2 páginas)

Cap. 19: Uno de los tours de force narrativos que se pueden encontrar en la novela. Capítulo construido a base de diálogos sin que se indique quién es exactamente el personaje que habla. A través de las respuestas iremos identificando a los interlocutores. Un “dije yo” coloca a David Wallace en la acción dirigiéndose a Glendenning (más pálido que de costumbre). Aparecen también DeWitt, Shane “Ex” Drinion, Stu Nichols y Gaines. La situación, sin especificar, tiene lugar en un ascensor averiado y a oscuras. Una voz comenta: “¿Alguien tiene hora? ¿Cuánto tiempo llevamos aquí metidos, tres horas?” A pesar de la situación, la conversación parece desarrollarse de forma natural (tan natural como pueden ser los diálogos de Wallace, ya hablaremos de ello en la siguiente entrega) y tratan temas concernientes a la ética de su trabajo, centrándose en las exigencias de las Corporaciones y en la individualidad como base de la democracia. El exorcista (****), La naranja mecánica, El padrino y Grupo salvaje son ejemplos de películas violentas que moralmente (eso argumentan algunos en el ascensor) no deberían verse pero que se realizan porque las Corporaciones, en este caso las cinematográficas,”están en el negocio para ganar dinero para sus accionistas” (19 páginas)


Llevamos sólo 162 páginas.

Los textos entrecomillados pertenecen a la traducción de Javier Calvo para Mondadori

(*) o de que me viese obligado a dar mi opinión, lo que no es el caso. Prefiero no especular sobre el tema. Imagino que tuvo una razón íntima que al resto se nos escapa para hacer lo que hizo y que seguramente no tiene nada que ver con temas narrativos. Lo que es es y además es inevitable. No sigamos por ahí. El caso es que NO habrá más obras de David Foster Wallace.

(**) 945645233, 968223861, 928874551, 973876118, 917229047, 965882433, 981472509, 951458221 (***), 947676541, 928514387, 951876833, 987613397, 943756788, 984057863

(***) La más extensa ¿el propio Stecyk? ¿quizás Shane “Ex” Drinion, por lo concienzudo? La verdad es que ahora no podemos saberlo y después no nos importará.

(****)El exorcista parece ser recurrente en la narrativa de David Foster Wallace.

1/2/12

El rey pálido, de David Foster Wallace (II)

Capítulos del 1 al 8

Comenta Michael Piestsch en el prólogo que, aparte de ciertos aspectos que precisaban revisión por parte del autor, como ciertas repeticiones y algunas incongruencias, la “cuestión que surge de forma inevitable es ¿cómo de inconclusa está la novela?”
Sigue comentando Piestsch que la trama de la historia central de la novela, por los datos que maneja a través de las notas de Wallace, no parece alargarse mucho más de lo que está presente en la edición póstuma de El rey pálido.
Hablar de inconclusión refiriéndose a la narrativa de David Foster Wallace es un pleonasmo. Y en esas condiciones es difícil apreciar cuánto tiene de póstuma, en lo que se refiere a estar inacabada, más allá de la revisión, corrección y edición.
No hay más que leer sus cuentos acabados e inconclusos. No hay más que pensar en La broma infinita cuya posible conclusión se diluye en una bruma anunciada en el primer capítulo ("… Donald Gately y yo desenterramos la cabeza de mi padre"). Se puede argumentar que El rey pálido es una novela no terminada de elaborar a la cual le faltan fragmentos, pero la inconclusión es una característica inherente a toda la narrativa de Wallace, por lo cual nos podemos enfrentar a ella considerándola una obra completa.
Entonces, ¿qué es El rey pálido?
No haremos trampas, de momento, en una especie de crónica de lectura, leídos los ocho primeros capítulos, antes del prefacio que supone el capítulo 9 con su mítico “Aquí el autor. Quiero decir el autor de verdad” podemos decir que se trata de una serie de relatos en principio con escasa relación entre ellos.

Cap. 1: Descripción de un paisaje (2 páginas)
Cap. 2: Claude Sylvanshine, funcionario (¿será lícito denominarlo así?) de la Agencia Tributaria estadounidense, vuela a Peoria. La descripción del viaje y las sensaciones de Sylvanshine se mezclan con datos técnicos, relacionados con la preocupación por un examen para ascender a Contable de la Administración, y otras anécdotas del ámbito laboral. “El trabajo y el examen debían ocupar dos partes distintas de su mente; era crucial que mantuviera esa separación de poderes”. Su relación agobiante con el resto del pasaje es acrecentada por la digresión técnica. La inseguridad y la desazón que dominan al personaje son recurrentes en la narrativa de Wallace. (20 páginas)
Cap. 3: “-Hablando del tema, ¿en que piensas tú cuando te masturbas?” conversación en un coche entre dos miembros de la Agencia Tributaria (2 páginas)
Cap. 4: Una página. Recorte de periódico. Titular: “Empleado de Hacienda se pasa cuatro días muerto en su puesto”
Cap. 5: Leonard Stecyk es un chico tan perfecto que resulta insoportable. Toda su dedicación a la comunidad se convierte en odio y rechazo hacia su persona. Mientras, su madre permanece en coma en un hospital. Un retrato descarnado que nos predispone contra el personaje, una especie de nerd (7 páginas)
Cap. 6: Lane A. Dean Jr y su novia, Sheri Fisher, sentados sobre una mesa de picnic, en un parque contemplando el lago (Peoria, supongo). El relato se centra en las tribulaciones condicionadas por la religión de Lane sobre qué hacer en la situación en que se encuentran ambos y la dificultad de comunicación. (8 páginas)
Cap. 7: Claude Sylvanshine en el autobús que le lleva a su destino junto a otros agentes de Hacienda. Continuación del capítulo 2. Sylvanshine se presenta ante Bondurant y Britton como “Ayudante Especial del Nuevo Director Adjunto de Sistemas de Recursos Humanos” Merrill Lehrl. El transporte que emplea la Agencia para sus empleados de rango inferior en Peoria resultan ser catorces camionetas de helados requisadas por impago a una compañía de venta ambulante, conductores incluidos. (9 páginas)
Cap. 8: Parque de caravanas. Madre e hija. “El talento de su madre para relacionarse con los demás era mediocre y no incluía el don de hablar de forma coherente y sincera” El relato muestra una miserable degradación del personaje de la madre y la valiente y decidida adaptación de la niña a un entorno violento respondiendo con iguales grados de violencia. Hermoso y triste fragmento. La Agencia aparece en forma de documento en el que se desglosan las sucesivas ocupaciones de la madre entre 1966 y 1972. Aunque algunos detalles parecían apuntar a una época precisa, el relato hasta ahora parecía desarrollarse en un tiempo difuso. Ahora acabamos de ser anclados a una época precisa que acabará de confirmarnos “el autor” en el siguiente capítulo. ¿El nombre de la chica es Tony Ware? (14 páginas)

Salvo los dos capítulos focalizados en Sylvanshine no parece haber en principio una continuidad en los fragmentos que componen El rey pálido. Esto crea una sensación de extrañeza que el capítulo 9 no hace más que acrecentar. En este, de 21 páginas, calculo que unas cinco de ellas de notas al pie, el más extenso hasta el momento, el “propio David Wallace” narra las circunstancias que le llevaron a trabajar durante dos años en la Agencia Tributaria de Peoria, Illinois, en unos momentos en los que se llevó a cabo una sustancial modificación de las normas de tributación. La base de su discurso, que compone el núcleo de la narración, es el siguiente:

“Los dolores del parto de la Nueva Agencia Tributaria llevaron a uno de los mayores y más terribles descubrimientos de la democracia moderna en materia de relaciones públicas, que es que si se puede conseguir que los asuntos delicados de un gobierno resulten lo bastante tediosos y crípticos, no hará falta que los funcionarios escondan ni desmantelen nada, porque nadie que no esté directamente involucrado prestará la suficiente atención para causar problemas. Nadie prestará atención porque a nadie le interesará, debido, más o menos a priori, al tedio monumental de esas cuestiones. (…) Para mí (…) la pregunta interesante de verdad es por qué el tedio resulta ser un impedimento tan poderoso para la atención. Por qué nos apartamos tan instintivamente de lo aburrido. Tal vez sea porque el aburrimiento es intrínsecamente doloroso”

Los textos de la traducción de Javier Calvo para Mondadori.

22/1/12

El rey pálido, de David Foster Wallace (I)

El famoso capítulo 9 de El rey pálido contiene en su traducción española editada por Mondadori una contradicción.
Se titula Prefacio del autor y se inicia así: “Aquí el autor. Quiero decir el autor de verdad, el ser humano de carne y hueso que sostiene el lápiz, no una máscara narrativa abstracta. (…) este de aquí soy yo como persona real, David Wallace, de cuarenta años (…)”

Continúa: “Todo esto es verdad. Este libro es completamente verídico”

La cuestión es que el alegato de identidad prosigue haciendo referencia a la advertencia legal del libro situada en la página del copyright.
Y mientras que se nos advierte severamente de que “Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido…”, por ninguna parte aparece esa nota que estamos acostumbrados a ver en algunas películas, pero en menos novelas. Esa que empieza con “Esta es una obra de ficción. Cualquier parecido con personas vivas o muertas etc.”
Mientras que en Estados Unidos la nota de descarga de responsabilidades es una estratagema que cubre a los editores de cualquier demanda y que, por otra parte, obliga al autor a cumplir con sus preceptos y le convierte en última instancia en el responsable de la vulneración de dicha advertencia de debido cumplimiento, en Europa, al parecer, y en España, en particular, no es preciso que se cumpla el precepto enunciado “Esta es una obra de ficción”, salvo en aquellos casos, supongo, en el que los editores sientan que hay cierto parecido con personas vivas o muertas o acontecimientos, que pudieran ser objeto de demandas legales.
Es decir que aquí el grado de ficción de una obra de ficción viene determinada por las posibilidades de semejanzas con la realidad, mientras que en Estados Unidos siempre hay que avisar de que lo que se está leyendo es una obra de ficción.
Las diferencias estatales del imperativo legal destruyen el razonamiento de David Wallace en el capítulo 9. Y, ojo, está bien así, el autor, David Foster Wallace como le conocemos, se refiere a sí mismo como David Wallace. Primera pista.
Al no aparecer la nota de descarga legal de los editores todo el razonamiento de David Wallace en las primeras páginas del capítulo 9 se va al carajo:

“Podría parecer que esto plantea una paradoja irritante. La advertencia legal del libro define todo lo que sigue como ficción, incluido el Prefacio, y sin embargo en ese Prefacio yo voy y digo que en realidad nada de ello es ficticio”

Al no existir la advertencia legal del libro, al no haberse sentido obligada Mondadori a incluir dicha advertencia (aunque no fuese necesaria legalmente), la paradoja irritante a la que hace mención David Wallace no existe en la traducción española de El rey pálido.
Pero esto no termina aquí. David Foster Wallace jamás entregó a la editorial el manuscrito de El rey pálido, jamás participó en la elaboración de la impresión definitiva del texto, jamás discutió con los editores y los abogados el alcance legal de lo que se cuenta en el libro y la posible vulneración del acta de secretos oficiales.
David Foster Wallace estaba muerto.
Sabemos que lo que nos está contando en el capítulo 9 es mentira.
David Wallace es lo que nos queda vivo de David Foster Wallace en El rey pálido.
Y cuando dice “Todo esto es verdad. Este libro es completamente verídico”, lo cual es obviamente una falsedad palpable, lo dice en contraposición a una advertencia legal que no existe en el libro que tenemos en las manos. Y eso convierte a David Wallace en una construcción narrativa, en “una máscara narrativa abstracta”, que es justamente lo que el autor, David Foster Wallace, trataba de evitar. Se puede criticar a la editorial no haber incluido en la traducción española la nota de advertencia legal a la que se hace referencia en el texto, pero la contradicción que desmonta ya ha sido con anterioridad desvirtuada por el suicidio del autor.

Tal como dice David Wallace “a los abogados de empresa no se les paga para que sean completamente racionales, sino para que sean completamente precavidos”. La precaución en este caso era totalmente innecesaria. Los abogados parecen ser personas pragmáticas a los que no interesan demasiado los juegos autoficcionales. Pero uno piensa que a los editores les interesa la narrativa. Lo único necesario era incluir tras la nota de prohibición de reproducción del texto una simple línea en la que dijese “Esta es una obra de ficción”

“El rey pálido es básicamente una autobiografía sin ficción, con elementos adicionales de periodismo reconstructivo, psicología organizativa, educación cívica elemental, teoría fiscal y demás. El contrato mutuo que firmamos aquí [autor y lector] se basa en las presunciones de a) mi veracidad, y b) el entendimiento por parte de ustedes de que cualesquiera elementos o semiones que pueda parecer que socavan la veracidad son de hecho artefactos de protección legal (…)”

Desde la perspectiva de su edición póstuma, El rey pálido deviene ficción en su totalidad.
Duele leer “Aquí el autor”

Los textos de la traducción de Javier Calvo para Mondadori.

(continuará)