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28/8/14

Melancolía de la resistencia, de László Krasznahorkai

Y con esta agudeza no sólo veía la afinidad entre propiedad y propietario, sino también el profundo parentesco que existía entre la calma sepulcral de la sala y el frío sin vida del exterior: como un espejo inexorable que siempre muestra lo mismo, el cielo reflejaba con indiferencia la desolada tristeza que manaba de abajo, y los castaños deshojados, envueltos en un gris cada día más sombrío, se inclinaban bajo un viento cortante, poco antes de desarraigarse definitivamente de la tierra; las carreteras estaban abandonadas, las calles, vacías, «como si ya solo quedaran los gatos vagabundos, las ratas y la gentuza dedicada al saqueo», mientras que la llanura desierta que se extendía más allá de la ciudad ponía en entredicho incluso la sobriedad de la mirada… A este gris y a esta tristeza, a este desierto y a este abandono, ¿cómo podía responder la sala de Eszter sino con su propio páramo, con la irradiación corrosiva de la repugnancia, de la desilusión y de la locura empeñada en atar el cuerpo a la cama, con una irradiación que atravesaba la coraza de las formas y colores y destruía toda tela y madera, todo vidrio y metal desde el suelo hasta el techo?

Melancolía de la resistencia (Az ellenállás melankóliája) László Krasznahorkai; Traducción de Adan Kovacsics para Acantilado.









¿Cómo convertir un texto tan rico en imágenes y con una construcción fraseológica endiabladamente compleja, en un filme en el que el silencio es primordial?
Próximamente.


19/6/14

Sátántangó, de Béla Tarr

“We have some ontological problems and now I think a whole pile of shit is coming from the cosmos”

László Krasznahorka y Béla Tarr han colaborado en cinco películas El caballo de Turín, El hombre de Londres, Armonías de Werckmeister, Sátántangó y La condena. Krasznahorkai es un escritor húngaro autor de la novela que da título a la película. Algunas de sus otras novelas, Ha llegado Isaías, Melancolía de la resistencia, Guerra y guerra y Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río, están publicadas en español por Acantilado. 
Sin embargo, a pesar de esa estrecha y prolongada colaboración, a pesar de que las películas de Tarr están basadas en las novelas de Krasznahorkai, el director declara: “Los storyboards son cosas estúpidas. Nunca usamos guión

Por otra parte Peter Berling es un actor y escritor alemán, conocido sobre todo por sus actuaciones en películas de Werner Herzog, y que aparece en Sátántangó. Volveremos sobre él.

Según declaraba Tarr a The Guardian en 2001, a propósito de la escasez de medios económicos y la fascinación que les produjeron los teleféricos con los que se abre La condena (Damnation; Kárhozat): “El tiempo era horrible, no teníamos dinero y estábamos intentando hacer algo, pero una cosa era cierta: los teleféricos no paraban. La parte más importante de estas películas es sobre todo la ubicación. Hay que buscar los elementos visuales, algo que sea real ".

En una entrevista a Le Monde, 2011, Tarr respondía a la pregunta “Dans "Damnation", il y a cette phrase : "Toutes les histoires sont des histoires de désintégration." Est-ce un credo?”:

Un ami m'avait fait découvrir, en 1985, Sátántangó, de László Krasznahorkai, un roman dont je suis tombé amoureux. J'ai rencontré l'auteur, et nous sommes devenus amis. Nous avons beaucoup discuté de la manière dont je pourrais faire un film à partir de ce livre. Mais après Almanach d'automne, plus personne ne voulait me donner un centime. Je n'ai pu le réaliser que neuf ans plus tard, après la chute du Mur.
Nous avons imaginé un autre film à la place, sur une femme qui chante dans un bar. Damnation est né ainsi et fut réalisé dans une économie proche de celle de Nid familial. A la fin, évidemment, cela parle de la solitude d'un homme qui vit avec les chiens de la rue. La véritable damnation, c'est la solitude absolue. C'est ce que nous voulions montrer. Tout notre désespoir. Jusqu'à Almanach d'automne, je considérais que les problèmes venaient de l'humain. Après, je me suis dit que leur nature était peut-être plus cosmique. Autour de moi je voyais ces chiens, très laids, sous la pluie, dans la boue. Peut-être la merde est-elle réellement cosmique...

Lo persistente y real, los teleféricos que no se detienen, el tiempo horrible y la lluvia constante, las vacas que invaden las calles del inmundo villorrio al principio de Sátántangó, los caminos embarrados, el universo que se contrae en torno a los protagonistas de El caballo de Turín, la mugre y la degradación que invaden a escenarios y personajes… la mierda cósmica y la soledad absoluta.




Entrevistadora: Y para retratar a esos personajes “marginados” de sus películas, ¿qué recursos fílmicos utiliza? Godard decía: "el travelling es una cuestión de moral", nuestra pregunta entonces es qué "moral fílmica de Béla Tarr" hay detrás del uso del "blanco y negro", "del plano secuencia" o del "tiempo" que define su obra.
Béla Tarr: Hay un pilar fundamental sobre el que se levanta mi puesta en escena o mi forma de filmar y es la de escuchar a las personas, no escuchar a las historias y sí a las personas. Por eso los planos largos, el tempo... me permiten escuchar los ojos, el rostro: la verdad del estado del ser humano.

En Ha llegado Isaías un hombre tan borracho que parece imposible que pueda mantenerse en pie entra en un bar y se dirige al único cliente que está sentado a la barra y diciéndole, Querido ángel, llevo mucho tiempo buscándote, se lanza a una perorata durante cuarenta páginas, ante la indiferencia del cliente que fuma parsimoniosamente hasta casi la asfixia mientras, al fondo del local, una pareja de mendigos rodeados de ingentes bolsas de plástico se entregan a escarceos sexuales. 
“Y esta era la situación, dijo Korin, (…), el vuelco trágico de nuestro mundo no se debía a fuerzas sobrenaturales ni a juicios divinos, sino a un conglomerado incomparablemente repugnante de hombres”



Si la forma de filmar de Tarr le permite acercarse a la “verdad del estado del ser humano” y la narrativa de Krasznahorkai culpa al propio hombre de su miseria, la combinación de ambos es completamente demoledora. Partiendo de un texto del escritor y, según confiesa, sin guión, condicionados voluntariamente por el entorno en que deciden rodar, unos escenarios sucios, desvencijados, cubiertos de mugre, en la periferia de la periferia, empleando tomas largas, morosamente contemplativas, con la cámara fija o con sorprendentes travellings (¿morales?), las películas de Tarr trascienden lo cinematográfico. No se puede decir que intenten captar la realidad, pues en su propia realización queda plasmada la esencia del cine, la figuración, es decir, sus películas son tan excesivamente cinematográficas que toda realidad queda excluida. Sin embargo, Tarr intenta captar esa parte de la “realidad” que queda excluida de la cinematografía habitual. 
A pesar de lo que se pueda creer, que Tarr realiza películas autocomplacientes en las que predomina la forma, existe un trasfondo narrativo que las vincula a las películas de género: Damnation puede considerarse un film noir, El caballo de Turín una fantasía post-apocalíptica, Sátántangó un western socialista…
¿Hay entonces un argumento en Sátántangó? Por supuesto. La historia de un grupo de personas miserables (en todas sus acepciones) que tratan de apoderarse del dinero que una comuna ganadera ha proporcionado el último año, robo truncado por el inesperado regreso de su líder, encarcelado por causas desconocidas y cuyo trato con las fuerzas del orden es ambiguo. Las historias de los personajes se entremezclan, se bifurcan, vuelven atrás en el tiempo para mostrarnos varios puntos de vista, conformando así una perspectiva coral y múltiple de los sucesos.

Pero existe un personaje que parece vivir al margen de los otros, el Doctor. ¿Podemos identificar al Doctor con la voz en off narradora que abre y cierra cada parte de la película? Físicamente no es la misma voz así que no se puede establecer paralelismo entre ambas voces. Sin embargo, las dos voces son voces narradoras. El Doctor, un Peter Berling elefantiásico, vive encerrado en su casa. Con unos prismáticos espía a sus vecinos y rellena multitud de cuadernos con las actividades de éstos y sus observaciones personales al respecto. Le vemos observando y describiendo una escena que hemos contemplado con anterioridad.




“... Futaki... parece... estar preocupado... por algo. Temprano... por la mañana... asustado... miraba... por la ventana...  Futaki... está aterrorizado... tiene miedo de morir. De todos modos, les patearán el culo. A ti también Futaki, te sacudirán…”

Los puntos suspensivos del texto extraído de los subtítulos tienen que ver con las pausas que el doctor realiza a causa de su respiración entrecortada. El doctor entra en la habitación, jadea, arrastra el sillón, jadea, prepara, jadeando, sus cuadernos, jadea, acerca el sillón a la mesa, jadea, se desploma sobre el asiento, jadea, enciende un cigarrillo, jadea, escribe mientras en voz alta jadea lo que va escribiendo, se sirve un vaso de palinka, jadea, comprueba, mientras jadea que la botella está vacía, jadea mientras abre un cajón bajo de la mesa y extrae un embudo, jadea mientras intenta mover su enorme cuerpo hacia un costado buscando la garrafa de licor, jadea cuando la levanta, jadea mientras la vierte a través del embudo en la botella, deja la garrafa de nuevo en el suelo mientras jadea a causa del esfuerzo, mezcla, jadeando, licor con agua en el vaso, bebe, fuma, jadea, escribe…
La tragedia del doctor ocurre cuando descubre que su garrafa está vacía y debe ir personalmente, bajo la lluvia, por caminos embarrados, hasta la cantina para rellenar la enorme garrafa.
Estoy desarrollando esta parte por un par de detalles. La niña y el doctor son protagonistas de dos historias que se entrecruzan pero ninguna de las cuales tienen que ver con la, llamémosla así, historia principal, la del regreso de Irimias y Petrina. La historia de la niña merece, por descarnada, un puesto por sí misma en la historia del cine, si no fuera porque ya está incluida en una absoluta obra maestra. La parte del doctor me llama la atención porque a mi entender protagoniza una odisea beckettiana de cariz metanarrativo. En primer lugar, los jadeos y los actos repetitivos que realiza en su monótona reclusión dipsomaníaca. En segundo lugar por tratarse de un escritor interpretado por un actor que a su vez es escritor. En tercer lugar porque al final de la película, tras una desconcertante escena en la que las campanas tienen una especial y obsesiva relevancia, el doctor parece ponerse a escribir la historia que acabamos de contemplar. Y cuarto, porque la odisea del doctor en busca de licor puede estar relacionada con el visitante a la granja de los protagonistas de El caballo de Turín, cuyo interminable parlamento anti-niestchiano (que también tiene relación con la perorata del Korin de Ha llegado Isaías) empieza así: “Se me ha terminado la palinka. ¿Me puedes dar una botella?”
Entonces, quiero creer, que tanto Tarr como Krasznahorkai llevan años filmando-escribiendo la misma película-novela. Una historia interminable que nunca se repite y que es un reflejo de la miserable y no tan miserable condición humana.

29/10/12

El caballo de Turín, de Béla Tarr (y II)


El caballo de Turín y la tercera ley de la termodinámica

A grandes rasgos del tercer principio de la termodinámica se desprende que en el cero absoluto la entropía alcanza un valor mínimo y constante, es decir que en ese estado los procesos físicos dejan de ocurrir. La entropía es irreversible en un sistema termodinámico y siempre crece en los sistemas que ocurran de forma natural. De alguna manera se puede considerar que la muerte del universo la determina la flecha del tiempo que determina la entropía hasta un estado en el que es imposible que ocurra cualquier fenómeno físico.
El caballo de Turín se inicia relatando una anécdota en torno a Nietzsche.
Según el guión, firmado por Béla Tarr y László Krasznahorkai, las últimas palabras que pronunció el filósofo, poco después del incidente con el caballo que alteró su frágil estado mental, fueron “Madre, soy un estúpido
Y el personaje que aparece aproximadamente hacia la mitad de la película, en su soliloquio viene a decir lo siguiente:

"Ellos se detuvieron aquí desconcertados, pero no resignados. Hasta que algo despertó en sus cerebros y finalmente los iluminó. Y todos a la vez se dieron cuenta que no hay ni Dios o Dioses. Todos a la vez vieron que no hay ni bien ni mal. ¡Entonces todos vieron y entendieron que si esto era así, entonces ellos mismos ni siquiera existían!"

Soy un estúpido, se dijo el filósofo después de intentar evitar la paliza al caballo, quizás porque comprendió las consecuencias de sus ideas. Ni siquiera existimos. Y si no existimos, y si todo es simplemente un proceso físico irreversible, entonces el caballo es clarividente.

En la película un día el caballo deja de moverse. Es el único que puede ver la situación en toda su magnitud.

La película se desarrolla en seis días, durante los cuales contemplamos la rutina repetitiva de unos campesinos, un padre, con un brazo paralizado, y su hija, que debe ayudarle. Vemos como quitan los arreos al caballo, comen pelándolas con las manos, una patata cocida cada uno. La hija ayuda a vestirse y desvestirse a su padre. Duermen, se levantan, la hija se abriga y sale a buscar agua, ayuda a su padre a vestirse, beben un aguardiente (creo), el padre dos vasos, la hija uno. Preparan el caballo. Este se niega a moverse. Le quitan los arreos. La hija ayuda a cambiarse de ropa al padre. Cuece las dos patatas. Comen…
En el exterior sopla un fuerte viento permanentemente.
Tarr invierte la fábula cristiana de la creación del mundo. En los seis días vemos como todo va desapareciendo. La inmovilidad del caballo es el primer síntoma. Lo hechos que suceden después podrían simbolizar un proceso de des-creación.

Obviamente el principio será el final:
"En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas"


Pero lo que me llama la atención es que ese proceso de inversión de la creación, su puesta en escena, coincide con la flecha del tiempo determinada por la entropía y su inevitable final, un universo en el que no ocurre ningún proceso físico, a la misma temperatura, sumido completamente en la oscuridad.

El hombre intenta encender la lámpara, pero la ignición del combustible no tiene lugar. Se han detenido los procesos físicos. No queda nada.

La física, los principios de la Termodinámica, actúan oponiéndose a Dios.
Y el primero en darse cuenta de esa deriva hacia el estado de entropía máxima es el caballo.

El caballo no quiere moverse porque

23/10/12

El caballo de Turín, de Béla Tarr




Todo ha sido degradado, pero puedo decir que ellos han arruinado y degradado todo. Porque esto no es algún tipo de cataclismo, que cae sobre los humanos. Por el contrario se trata del propio juicio del hombre, su propio juicio en sí mismo, con, por supuesto, la ayuda de Dios, o me atrevo a decir: con Dios formando parte... o con lo que sea que ha tomado parte... de la más espantosa creación que puedas imaginar. Porque como verás, el mundo ha sido degradado. Así que no importa lo que diga porque todo ha sido degradado por lo que han adquirido como lo han conseguido de una forma deshonesta y artera, lo han degradado todo. Porque sea lo que sea que toquen, y ellos lo tocan todo, lo degradan. Este es el camino hasta la victoria final. Hasta el triunfante fin. Adquirir, degradar. Degradar, adquirir. O de forma diferente si quieres: Tocar, degradar y así adquirir, o tocando, adquiriendo y entonces degradando. Ha sido así durante siglos. Sigue y sigue y sigue. A veces a escondidas o groseramente, a veces discretamente, a veces brutalmente. Pero ha sido así y sigue siendo. Así, solo de una manera, como ratas atacando en una emboscada. Porque para esta perfecta victoria era esencial que el otro lado pensase que todo eso es excelente, grande y de alguna manera noble. No debería lleva a ninguna clase de lucha. No debería haber ninguna clase de pelea, solo la repentina desaparición de un lado, significa la desaparición de la excelencia, lo grande, lo noble. Así que  los ganadores son quienes atacan y emboscan las reglas de la tierra, y no hay ningún pequeño recoveco donde uno pueda esconderse de ellos, porque todo lo que ponen sobre sus manos es suyo. Incluso cosas que pensamos que no podemos alcanzar - ellos si pueden - también son suyas. Porque el cielo ya es suyo y todos nuestros sueños. Suyo es el momento, la naturaleza, el silencio infinito. Hasta la inmortalidad es suya. ¿Me entiendes? ¡Todo, todo está perdido para siempre! Y las nobles, grandes y excelentes personas se pararon aquí, si puedo decirlo así. Se detuvieron a esta altura, y tuvieron que entender y aceptar que no hay Dios o Dioses. Y el excelente, el grande y el noble tuvieron que entender y aceptar esto, desde el principio. Pero, por supuesto, eran bastante incapaces de entender esto. Ellos lo creían y aceptaban pero no lo entendían. Ellos solo se pararon aquí, desconcertados, pero no resignados. Hasta que algo - que despertó en sus cerebros - finalmente los iluminó. Y todos a la vez se dieron cuenta que no hay ni Dios o Dioses. Todos a la vez vieron que no hay ni bien ni mal. ¡Entonces todos vieron y entendieron que si esto era así, entonces ellos mismos ni siquiera existían! Verás, creo que éste fue el momento en que podemos decir que fueron extinguidos, que se quemaron. Extinguidos y quemados como el fuego que arde en el prado. Uno era un constante perdedor, el otro era un constante ganador. Derrota, victoria, derrota, victoria. Y un día – aquí en esta zona- tuve que darme cuenta, y me di cuenta, que estaba equivocado, estaba realmente equivocado cuando pensé que nunca hubo y nunca pudo haber algún cambio aquí en la tierra. Porque, créeme, ahora sé que este cambio ya es una realidad.

Monólogo central, extraído de los subtítulos, de A Torinói ló, dirigida por Béla Tarr y Ágnes Hranitzky con guión de László Krasznahorkai y Béla Tarr