Vidas y opiniones de los filósofos más ilustres, de Diógenes Laercio
Gustavo Bueno, ¿Qué es la filosofía?
Una de las pocas cosas que saqué en claro de la lectura de ¿Qué es la filosofía?, de Gustavo Bueno es que nuestro sistema educativo nos enseña Historia de la Filosofía, occidental mayoritariamente, y no, como quizás debería ser más razonable, a filosofar y razonar. Historia de la Filosofía como sucesión de pensadores y escuelas que han condicionado, por asimilación o contradicción, el pensamiento posterior. No sé hasta que punto, en esta forma de analizar la Historia de la Filosofía como Historia de Filósofos, la obra de Diógenes Laercio ha sido determinante. Durante mucho tiempo, según se puede leer en el prólogo de Carlos García Gual a la edición de Alianza, Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, fue una obra denostada por centrarse en la vida y en anécdotas de las vidas de los filósofos griegos, desde los presocráticos hasta Epicuro (más o menos), y no extenderse demasiado en el pensamiento de éstos. Sin contar las críticas referentes al estilo, a las redundancias y a su estructura que se le pueden hacer. Debemos aceptar esos reproches y asumir que Vidas es una obra imperfecta y no es una obra de filosofía, es una obra sobre filósofos. Y aunque puedan destacarse todos sus defectos y que, debidos a ellos, resulta decepcionante, debemos aceptar también que es un documento valiosísimo tanto en sí mismo como respecto a cómo expone lo que cuenta.
Porque en cierta manera paradójica, la Historia de la Filosofía, o Historia de filósofos, se desarrolla a nivel docente sin ubicar la evolución del pensamiento en su contexto histórico. Así, la idea de la filosofía helénica que adquirimos, es la de unos maestros y sus discípulos debatiendo bien en la Academia, caso de Platón, bien dando vueltas a su alrededor (lo de Aristóteles y los Peripatéticos siempre me ha parecido muy gracioso), bien eludiendo la Academia y proponiendo otro tipo de vida, caso de los estoicos, o, en el caso extremo, viviendo como perros cínicos. Nos queda la impresión de que la filosofía se desarrolla en un entorno dedicado exclusivamente al pensamiento y a su transmisión, la equivocada sensación de que sus actividades se realizan en un entorno de paz y prosperidad social.
No fue así.
Línea temporal:
Tales (624-546 a. C.)
Lao-Tsé, «Viejo Maestro», se supone que vivió en el siglo VI a. C
Anaximandro (610- 545 a. C.)
Anaximenes (585-524 a. C.)
Pitágoras (572-496 a. C.
Heráclito (544-484 a. C.)
Parménides (540-470 a. C.)
Primera Guerra Médica (492-495 a. C.) (Victoria ateniense)
Anaxágoras (500-428 a. C.)
Empédocles (495-435 a. C.)
Gorgias (483-435 a. C.)
Protágoras (480-401 a. C.)
Confucio (K'ung-fu-tzu, «Maestro Kong») entre 551 a. C. - 479 a. C
Segunda Guerra Médica (480 - 479 a. C.)
480 a. C. Batalla de las Termópilas, Huida e Incendio de Atenas
479 a. C. Alianza de Atenas y Esparta, Derrota de los Persas en Platea.
Guerra del Peloponeso (431–404 a. C.)
Demócrito (460-370 a. C.)
La derrota ateniense en Siracusa 415 a. C. supone el fin de la expansión de Atenas, hasta su completa rendición en el 404 a. C.
Sócrates (469-399 a. C.)
Platón (427-347 a. C.)
Control de toda Grecia a cargo de Filipo II de Macedonia (sobre 340 a. C.)
Alejandro Magno 356-323 a. C.
Aristóteles (384-322 a. C.)
Zenón (341-260 a. C.)
Epicuro (341-270 a. C.)

En Historia de la Guerra del Peloponeso, libro uno, sección 23, Tucídides aclara que Esparta entró en guerra con Atenas «porque temía que los atenienses se hicieran más poderosos, al ver que la mayor parte de Hellas se encontraba bajo el control de Atenas». De alguna manera la Guerra del Peloponeso supone la invención formal (táctica y teórica) de la guerra. Menos de un siglo antes, Sun Tzu, nacido hacia el 544 a.C, escribió El arte de la Guerra. Aunque bajo dominio formal de Esparta, la vida política en tiempos de Sócrates y Platón se desarrolla sin líderes destacables, en una democracia restaurada en la que los ciudadanos toman sus decisiones. La Retórica se convierte entonces en un arma de poder político en una ciudad bajo dominio de su enemigo tradicional, pero libre de tomar sus decisiones por la indiferencia de los espartanos.
Es en ese periodo determinado por una derrota bélica, a la que se sumó una plaga que diezmó la población de Atenas, en la que la fuerza de convicción a través de la palabra tiene un alto valor político, en la que toma fuerza la filosofía, como compendio de ideas que les permiten conocer el mundo y dota a los ciudadanos de un arma de razonamiento para derrotar, mediante la palabra, a sus rivales.
La teoría, más o menos discutible, es que las circunstancias históricas de Atenas, determinan el devenir de todo el pensamiento occidental. Para destacar ese detalle, lo occidental de la filosofía, que la Historia de la Filosofía que nos enseñan es la historia de los filósofos occidentales, he incluido en la cronología a Lao-Tse y Confuncio. Es posible que la expansión Persa, militar, sí, pero también cultural y religiosa, por lo que debemos añadir a la lista tanto a los Magos como al Zoroastrismo, sirviese como vehículo de propagación de las ideas orientales, pero tradicionalmente es un detalle que se suele ignorar. Quizás se suele mencionar de pasada la posibilidad de que Pitágoras hubiese tenido contacto con el pensamiento oriental.
Una importante derrota militar, un periodo en el que se consolida el Arte de la Guerra, tanto en Oriente como en Occidente y que culmina con la aparición de Alejandro de Macedonia.
Demócrito de Abdera dijo: “La palabra es la sombra de la acción” y por eso Platón quiso quemar las obras del de Abdera. Diógenes le pidió a Alejandro que se apartase porque no le dejaba recibir el calor del sol y tal vez debamos interpretarlo no como una ingeniosa ocurrencia de quien no desea nada material de este mundo, sino como la prueba de que lo militar acalla la razón.
Lo que me estoy preguntando es si la filosofía, sobre todo la platónica, base de nuestro pensamiento occidental, nace precisamente de un sentimiento de culpa. La culpa generada por la derrota y por saber que se están creando sombras cuando se debería actuar. La culpa producida por la involución de una sociedad democrática en una altamente militarizada, la culpa por prever que el pensamiento será sustituido por la acción y, sin embargo, quedarse estérilmente discutiendo sobre la misma acción sin ejecutarla.
Hay una especie de contrasentido en todo esto. Somos lo que somos quizás por negligencia o arrepentimiento.
La verdad es que no estoy nada satisfecho de esta teoría. Pero no puedo evitar recordar que no hay filósofos espartanos.
Diógenes Laercio, tan extenso en los detalles prosaicos de la vida de los filósofos (“Nunca se le vio (a Pitágoras) evacuando ni haciendo el amor ni borracho”) no menciona la participación de ninguno de ellos en las batallas que tuvieron lugar en su época. Recuerdo un relato, pero no al autor, que presentaba a Sócrates perdido en la niebla durante una batalla y su huida a casa.
Jenofonte fue una excepción. Ateniense, discípulo de Sócrates, educado en Esparta. Fue el primero en compilar una vida de los filósofos y en poner por escrito las enseñanzas de Sócrates y, según Diógenes Laercio, “un gran táctico según se puede ver por sus escritos”. Mercenario de los persas, desterrado de Atenas tras los hechos contados en su Anábasis, exiliado en Esparta. Olvidado como filósofo, recordado como el narrador de su propia epopeya.
Y por otra parte hay que tener en cuenta la tensión entre el pensamiento mítico y la razón. Sócrates fue condenado a muerte acusado de impiedad; Protágoras fue desterrado de Atenas y todos sus textos quemados porque argumentó que “Acerca de los dioses no puedo saber ni cómo son ni cómo no son. Porque muchos son los impedimentos para saberlo: la oscuridad del tema y lo breve que es la vida humana”
El pensamiento mítico no puede sostenerse racionalmente, la guerra se convierte en objeto de estudio y la estrategia en un arte, la derrota ateniense es un lastre anímico y la sospecha de que las palabras no son más que sombras (véase a Metrocles quemando sus escritos mientras afirma “Éstos son fantasmas de los sueños de los muertos”)… hay algo confuso en lo que consideramos el origen de la Historia de la Filosofía. Está claro que coincide con la difusión de la escritura y su soporte físico. Sin olvidar el elitismo inherente a la época, no son ciudadanos ni las mujeres ni los extranjeros ni los esclavos. Y que se desarrolla en tiempos convulsos (pero ¿de verdad hay épocas que no sean convulsas?)
Después de tanto rato escribiendo veo que no puedo concluir nada.
Etiquetas: Diógenes Laercio, filosofía vista por un lego











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