30/09/11

Vidas y opiniones de los filósofos más ilustres, de Diógenes Laercio

"El entendimiento de la Historia de la filosofía como la sustancia misma exenta de la filosofía propicia el tratamiento de la Historia de la filosofía como una «historia filosófica» (…) La forma habitual de manifestarse esta concepción de la filosofía es la que toma como referencia la tradición helénica, que a través de romanos y cristianos, judíos y musulmanes, llega hasta el Renacimiento y después hasta nosotros. La «sustancia de la filosofía» se identifica ahora con la «Historia de la filosofía», en el sentido ordinario del término en nuestros planes de estudios (los breves capítulos dedicados a las «filosofías orientales» y «étnicas» no modifican la línea general)"

Gustavo Bueno, ¿Qué es la filosofía?

Una de las pocas cosas que saqué en claro de la lectura de ¿Qué es la filosofía?, de Gustavo Bueno es que nuestro sistema educativo nos enseña Historia de la Filosofía, occidental mayoritariamente, y no, como quizás debería ser más razonable, a filosofar y razonar. Historia de la Filosofía como sucesión de pensadores y escuelas que han condicionado, por asimilación o contradicción, el pensamiento posterior. No sé hasta que punto, en esta forma de analizar la Historia de la Filosofía como Historia de Filósofos, la obra de Diógenes Laercio ha sido determinante. Durante mucho tiempo, según se puede leer en el prólogo de Carlos García Gual a la edición de Alianza, Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, fue una obra denostada por centrarse en la vida y en anécdotas de las vidas de los filósofos griegos, desde los presocráticos hasta Epicuro (más o menos), y no extenderse demasiado en el pensamiento de éstos. Sin contar las críticas referentes al estilo, a las redundancias y a su estructura que se le pueden hacer. Debemos aceptar esos reproches y asumir que Vidas es una obra imperfecta y no es una obra de filosofía, es una obra sobre filósofos. Y aunque puedan destacarse todos sus defectos y que, debidos a ellos, resulta decepcionante, debemos aceptar también que es un documento valiosísimo tanto en sí mismo como respecto a cómo expone lo que cuenta.
Porque en cierta manera paradójica, la Historia de la Filosofía, o Historia de filósofos, se desarrolla a nivel docente sin ubicar la evolución del pensamiento en su contexto histórico. Así, la idea de la filosofía helénica que adquirimos, es la de unos maestros y sus discípulos debatiendo bien en la Academia, caso de Platón, bien dando vueltas a su alrededor (lo de Aristóteles y los Peripatéticos siempre me ha parecido muy gracioso), bien eludiendo la Academia y proponiendo otro tipo de vida, caso de los estoicos, o, en el caso extremo, viviendo como perros cínicos. Nos queda la impresión de que la filosofía se desarrolla en un entorno dedicado exclusivamente al pensamiento y a su transmisión, la equivocada sensación de que sus actividades se realizan en un entorno de paz y prosperidad social.
No fue así.
Línea temporal:

Tales (624-546 a. C.)
Lao-Tsé, «Viejo Maestro», se supone que vivió en el siglo VI a. C
Anaximandro (610- 545 a. C.)
Anaximenes (585-524 a. C.)
Pitágoras (572-496 a. C.
Heráclito (544-484 a. C.)
Parménides (540-470 a. C.)
Primera Guerra Médica (492-495 a. C.) (Victoria ateniense)
Anaxágoras (500-428 a. C.)
Empédocles (495-435 a. C.)
Gorgias (483-435 a. C.)
Protágoras (480-401 a. C.)
Confucio (K'ung-fu-tzu, «Maestro Kong») entre 551 a. C. - 479 a. C
Segunda Guerra Médica (480 - 479 a. C.)
480 a. C. Batalla de las Termópilas, Huida e Incendio de Atenas
479 a. C. Alianza de Atenas y Esparta, Derrota de los Persas en Platea.
Guerra del Peloponeso (431–404 a. C.)
Demócrito (460-370 a. C.)
La derrota ateniense en Siracusa 415 a. C. supone el fin de la expansión de Atenas, hasta su completa rendición en el 404 a. C.
Sócrates (469-399 a. C.)
Platón (427-347 a. C.)
Control de toda Grecia a cargo de Filipo II de Macedonia (sobre 340 a. C.)
Alejandro Magno 356-323 a. C.
Aristóteles (384-322 a. C.)
Zenón (341-260 a. C.)
Epicuro (341-270 a. C.)



En Historia de la Guerra del Peloponeso, libro uno, sección 23, Tucídides aclara que Esparta entró en guerra con Atenas «porque temía que los atenienses se hicieran más poderosos, al ver que la mayor parte de Hellas se encontraba bajo el control de Atenas». De alguna manera la Guerra del Peloponeso supone la invención formal (táctica y teórica) de la guerra. Menos de un siglo antes, Sun Tzu, nacido hacia el 544 a.C, escribió El arte de la Guerra. Aunque bajo dominio formal de Esparta, la vida política en tiempos de Sócrates y Platón se desarrolla sin líderes destacables, en una democracia restaurada en la que los ciudadanos toman sus decisiones. La Retórica se convierte entonces en un arma de poder político en una ciudad bajo dominio de su enemigo tradicional, pero libre de tomar sus decisiones por la indiferencia de los espartanos.
Es en ese periodo determinado por una derrota bélica, a la que se sumó una plaga que diezmó la población de Atenas, en la que la fuerza de convicción a través de la palabra tiene un alto valor político, en la que toma fuerza la filosofía, como compendio de ideas que les permiten conocer el mundo y dota a los ciudadanos de un arma de razonamiento para derrotar, mediante la palabra, a sus rivales.
La teoría, más o menos discutible, es que las circunstancias históricas de Atenas, determinan el devenir de todo el pensamiento occidental. Para destacar ese detalle, lo occidental de la filosofía, que la Historia de la Filosofía que nos enseñan es la historia de los filósofos occidentales, he incluido en la cronología a Lao-Tse y Confuncio. Es posible que la expansión Persa, militar, sí, pero también cultural y religiosa, por lo que debemos añadir a la lista tanto a los Magos como al Zoroastrismo, sirviese como vehículo de propagación de las ideas orientales, pero tradicionalmente es un detalle que se suele ignorar. Quizás se suele mencionar de pasada la posibilidad de que Pitágoras hubiese tenido contacto con el pensamiento oriental.
Una importante derrota militar, un periodo en el que se consolida el Arte de la Guerra, tanto en Oriente como en Occidente y que culmina con la aparición de Alejandro de Macedonia.
Demócrito de Abdera dijo: “La palabra es la sombra de la acción” y por eso Platón quiso quemar las obras del de Abdera. Diógenes le pidió a Alejandro que se apartase porque no le dejaba recibir el calor del sol y tal vez debamos interpretarlo no como una ingeniosa ocurrencia de quien no desea nada material de este mundo, sino como la prueba de que lo militar acalla la razón.
Lo que me estoy preguntando es si la filosofía, sobre todo la platónica, base de nuestro pensamiento occidental, nace precisamente de un sentimiento de culpa. La culpa generada por la derrota y por saber que se están creando sombras cuando se debería actuar. La culpa producida por la involución de una sociedad democrática en una altamente militarizada, la culpa por prever que el pensamiento será sustituido por la acción y, sin embargo, quedarse estérilmente discutiendo sobre la misma acción sin ejecutarla.
Hay una especie de contrasentido en todo esto. Somos lo que somos quizás por negligencia o arrepentimiento.
La verdad es que no estoy nada satisfecho de esta teoría. Pero no puedo evitar recordar que no hay filósofos espartanos.
Diógenes Laercio, tan extenso en los detalles prosaicos de la vida de los filósofos (“Nunca se le vio (a Pitágoras) evacuando ni haciendo el amor ni borracho”) no menciona la participación de ninguno de ellos en las batallas que tuvieron lugar en su época. Recuerdo un relato, pero no al autor, que presentaba a Sócrates perdido en la niebla durante una batalla y su huida a casa.
Jenofonte fue una excepción. Ateniense, discípulo de Sócrates, educado en Esparta. Fue el primero en compilar una vida de los filósofos y en poner por escrito las enseñanzas de Sócrates y, según Diógenes Laercio, “un gran táctico según se puede ver por sus escritos”. Mercenario de los persas, desterrado de Atenas tras los hechos contados en su Anábasis, exiliado en Esparta. Olvidado como filósofo, recordado como el narrador de su propia epopeya.
Y por otra parte hay que tener en cuenta la tensión entre el pensamiento mítico y la razón. Sócrates fue condenado a muerte acusado de impiedad; Protágoras fue desterrado de Atenas y todos sus textos quemados porque argumentó que “Acerca de los dioses no puedo saber ni cómo son ni cómo no son. Porque muchos son los impedimentos para saberlo: la oscuridad del tema y lo breve que es la vida humana
El pensamiento mítico no puede sostenerse racionalmente, la guerra se convierte en objeto de estudio y la estrategia en un arte, la derrota ateniense es un lastre anímico y la sospecha de que las palabras no son más que sombras (véase a Metrocles quemando sus escritos mientras afirma “Éstos son fantasmas de los sueños de los muertos”)… hay algo confuso en lo que consideramos el origen de la Historia de la Filosofía. Está claro que coincide con la difusión de la escritura y su soporte físico. Sin olvidar el elitismo inherente a la época, no son ciudadanos ni las mujeres ni los extranjeros ni los esclavos. Y que se desarrolla en tiempos convulsos (pero ¿de verdad hay épocas que no sean convulsas?)

Después de tanto rato escribiendo veo que no puedo concluir nada.

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29/09/11

¡Me has arrebatado el palacio!

La noticia, aunque es dificil de confirmar dice así: María Kodama ha forzado a retirar El hacedor (de Borges). Remake, de Agustín Fernández Mallo de las librerías
Es difícil de confirmar porque de ser cierto tanto Alfaguara como Agustín Fernández Mallo estarían obligados a no revelar detalles sobre el caso y lo negarían y porque, en caso de ser una noticia falsa, tanto la editorial como el escritor negarían el hecho.

Bueno, es sabido (o no, pero lo digo ahora) que Agustín Fernández Mallo no es uno de mis escritores favoritos, pero cuenta con mi apoyo en este caso. Lo que queda ridículamente patente (de ser cierto lo que parece ser que es cierto pero no puede ser confirmado) es que la actitud de María Kodama es no tan solo lamentable, si no que cae en la más grotesca de las contradicciones. Que se informe sobre Vidas imaginarias, sobre Las mil y una noches, sobre El Conde Lucanor... ¡qué lea algo, por favor!
Que lea a Borges, que lea este significativo relato que aparece en, ¡oh, sorpresa, oh, casualidad! El hacedor: Parábola del Palacio

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26/09/11

El luchador ("The Wrestler", 2008) de Darren Aronofsky

Lo que sigue no debe considerarse estrictamente una reseña. Formaría parte de un todo más ambicioso en elaboración del que todavía no estoy demasiado convencido. Debe leerse, pues, como parte de una narración.

Hay películas en las que su vacuidad narrativa nos empuja a interpretaciones fuera del contexto temático de su trama, a inventar segundas lecturas, a imaginar subtramas alegóricas quizás sin ningún fundamento. Tal vez estas consideraciones digan más acerca de quien las postula que de la obra comentada. En el fondo, nada de esto es lícito. Pero aún así…
Fijémonos por ejemplo en El luchador ("The Wrestler", 2008) de Darren Aronofsky. La narración se centra en la figura de un maduro luchador de lucha libre o wrestling, en pleno declive. Su completa inoperancia ante la vida le hace aferrarse a una profesión en la que, prácticamente, a causa de su edad, nada tiene que hacer. El tiempo y la decrepitud no funcionan de manera simbólica, sino que son constancias de su propio transcurso y anuncios sin esperanzas de un futuro vacío. Se tiene la vaga sensación viendo la película que la historia que se nos cuenta ya ha sido narrada en multitud de ocasiones en otros ámbitos sociales, como el boxeo y el crimen organizado. La “novedad” en el caso de Aronofsky es situar la narración en un campo, el de la lucha libre, en el que todo esta basado en una representación maniqueísta a través de falsos, en cuanto amañados, combates. Esta simulación de lucha no resta méritos a los deportistas que la ejecutan, pero convierte a todo el espectáculo en una farsa en la que el espectador toma parte aceptando la realidad de lo que está viendo, aun sabiendo que todo ello, incluso su actitud, no es más que una ficción. En realidad los hombres que combaten sobre el ring y los espectadores que lo contemplan, forman parte de una comedia basada en el enfrentamiento de los distintos valores morales que cada uno de los luchadores representa: El Bien contra el Mal, la Integridad contra la Doblez, el Patriotismo contra los Invasores. El guión de toda esta representación teatral basada en las aptitudes atléticas de sus ejecutantes y en la entrega sin concesiones de sus espectadores, conlleva en última instancia, a través de sucesivos giros argumentales que intentan aumentar la tensión dramática de un evento que se sucede a lo largo del tiempo, como un folletín que se desarrolla por entregas en distintos cuadriláteros, el triunfo de los valores positivos o destacables de la sociedad en la que se representan los combates. Una ficción que ofrece a sus espectadores la esperanza o la creencia en un mundo justo, que posiblemente no encontrarán cuando transpongan las puertas del estadio una vez finalizado el combate.
Como lo que se nos muestra en El luchador es una historia cinematográfica recurrente, por no decir sobada, con la peculiaridad de estar ambientada en un entorno en el que reina la falsedad y la representación (en ocasiones a través de pésimos actores), creo que es posible preguntarnos si lo que estamos viendo tiene un sentido simbólico.



En la teoría de El luchador como analogía de la realidad, el personaje de Mickey Rourke, Randy 'The Ram' Robinson, representaría a los Estados Unidos. Un luchador avejentado que no sabe hacer otra cosa más que simular peleas en el ring, que vive de sus míticos enfrentamientos con otro luchador, alineado en el bando del Mal, no casualmente, al menos para nuestra teoría, apodado El Ayatollah. The Ram, el ariete o el carnero en una doble interpretación de su apodo que aúna lo combativo y lo místico, a pesar de su edad, continúa en el circuito de la lucha libre usando sus más viejos trucos, entre ellos la autolesión, el combate de fuerzas opuestas e iguales que parece no tener fin y en la que ambos contendientes demuestran su capacidad de soportar el dolor, grapadora mediante, el amaño de combates ante contendientes más jóvenes que todavía deben perder. Todo ello para demostrar que tiene la suficiente fuerza para volver a oponerse a su rival ancestral, el Ayatolá, símbolo del enfrentamiento, real o impostado, por antonomasia de nuestros tiempos.
Las relaciones sociales de Randy pueden ser interpretadas también dentro de esta analogía: Su integración en el mundo civil es para el luchador una especie de afrenta que no puede soportar; su relación con su hija pone de manifiesto su incapacidad para abandonar su mundo beligerante; la única relación que mantiene es con una bailarina de striptease, un personaje interpretado por Marisa Tomei y que puede representar tanto la Libertad, como la Paz, a la que Randy quiere en exclusiva, descartando todo matiz sentimental, pero que debe compartir con el resto del mundo.
Toda alegoría tiene un objetivo moral y ejemplar. En El luchador, Randy The Ram, o, quizás, los Estados Unidos, aun herido de muerte y poniendo en riesgo su propia vida, debe rechazar las ofertas de Paz y Libertad y entregarse a lo que verdaderamente y desde siempre sabe hacer con tanta eficacia, luchar y luchar y luchar.
Lo que no me queda claro en este remedo de analogía es si finalmente se elogia la actitud de Randy o simplemente se limita a mostrar el estado de las cosas.

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20/09/11

Trabajos pendientes

Tengo varios comentarios pendientes de escribir desde hace un par de meses. Esta nota la escribo como motivación, para obligarme, para que me obliguéis.

- No quiero decir que su lectura condicione, pero Vida Líquida, de Zygmunt Barman nos muestra como también la cultura está contaminada de la celeridad consumista propia de nuestros tiempos. En ese caso, ya que todo es tan fugaz, me pregunto cuál será la validez de un comentario sobre algo perecedero que se convierte también en algo perecedero. Pero escribiré algo al respecto, un día de estos cuando ya nada importe.

- Empecé a leer Ayer, de la recientemente fallecida Agota Kristof, en un autobús. Tal vez exagero, pero fue tan intensa la sensación que me produjo el primer capítulo, que tuve que dejar de leer la novela. Pero terminé (maravillado) Ayer y ya tengo sobre la mesa Claus y Lucas.

- Leo también Vidas de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio y Creación de Gore Vidal. Espero que quien me ha dejado el libro de Vidal no se tome esto a mal, pero tengo la sensación de que la que se dio en llamar “novela histórica” ha envejecido bastante mal. De todas formas ambas lecturas, combinadas, de manera no premeditada, me hacen especular sobre las Guerras Médicas y el nacimiento de la filosofía. Seguro que esto se ha debido comentar con anterioridad pero no parece casual que tras las guerras con los persas sea en la misma Atenas, instigadora o causante en cierta medida de los enfrentamientos, donde se instaure y se sienten las bases de la civilización occidental. ¿Se puede afirmar que todo nuestro pensamiento surge de la mala conciencia de los atenienses? No sé.

- Y siguiendo con especulaciones varias vi hace poco El luchador de Darren Aronofsky y no puedo quitarme de la cabeza la impresión de que toda la película es una especie de alegoría en la que se alaba el espíritu beligerante de los EEUU. Tengo que desarrollarlo.

- Y también estoy pensando en una reseña conjunta de Súper 8 y 13 asesinos, porque en ambas películas Abrams y Miike homenajean a sus maestros. Sin embargo, aunque Súper 8 es un agradable entretenimiento, hay demasiada técnica que denota que es una película de nuestro tiempo, mientras que 13 asesinos le da en el sentido del homenaje y la originalidad cien mil vueltas a la producción de Spielberg. Uno sale de ver la película de Miike con la sensación de haber visto una película en blanco y negro hermana de las de Kurosawa, Mizoguchi o Kobayashi y, al mismo tiempo, una brutal y trepidante película actual como las que acostumbra a firmar Miike.

Hay más libros pendientes de comentar… siempre hay trabajos pendientes.

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15/09/11

Némesis, de Philip Roth

Me sabía muy mal no encontrar la motivación necesaria para escribir algo sobre Némesis, sobre todo porque no lograba enfocar positivamente lo que quería decir.

He encontrado la excusa en Vidas de los filósofos ilustres, de Diógenes Laercio, en una anécdota que refiere a propósito de Zenón respecto a uno que no le gustaba cierta obra de Antístenes, pero que no sabía decir si el Elogio de Sófocles estaba bien: “¿Y no te avergüenzas de criticar y aprenderte de memoria todo lo que Antístenes ha dicho mal, y de no esforzarte por aprender si ha dicho algo bien?

Según esto, para qué iba a hablar mal de Némesis pudiendo hablar bien de Philip Roth.

Entendámonos. Némesis es una buena novela, pero quizás no lo es tanto en comparación al resto de las novelas de Roth. A pesar de ser consciente de estar leyendo una correctísima obra, Némesis me decepcionó por no encontrar en ella al Roth mordaz e incisivo de otras ocasiones. Me da la impresión que respecto a las circunstancias de su protagonista, ese “castigo” que debe asumir como consecuencia de lo que él cree abandono de su deber, sumado al entorno y la época en que se circunscribe, Roth deja muchísimas cosas en el aire. Y esto se puede interpretar de dos manera, o bien cómo reto al lector para que enlace y compare la “tragedia” del personaje con las otras tragedias, impuestas por fuerzas externas, de los otros jóvenes de su generación, estadounidenses y europeos, que no pudieron elegir, o bien por apatía narrativa. Me parece incluso que lo que cuenta es intrascendente.

No sé.

No sé si he sacado alguna experiencia positiva de la lectura de Némesis.

Pero sigo a Zenón y contemplo la gran obra de Roth.

Y guardo silencio

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08/09/11

"Mi madre es un pez", Varios autores (no es una reseña)

Después mira al suelo, al pez, que yace en el polvo. Lo vuelve con el pie, y con el dedo gordo le hurga en el globo del ojo, barrenándolo. Anse está mirando al campo. Vardaman mira a la cara de Anse; después, a la puerta. Se da la vuelta para irse a la esquina de la casa, pero Anse le llama, sin volverse para mirarle.
–Tú, limpia ese pescado –dice Anse.
Vardaman se para.
–¿Y por qué no lo limpia Dewey Dell? –dice.
–Que limpies ese pescado –dice Anse.
–¿Y por qué yo? –dice Vardaman.
–Que lo limpies –dice Anse.
No se vuelve a mirarle. Vardaman va y recoge el pescado. Se le escurre de entre las manos, y le empuerca de lodo húmedo. Otra vez está el pez en el suelo, enlodándose de nuevo, con la boca abierta, saltándosele los ojos y escondiéndose entre el polvo, como si se avergonzara de estar muerto, como si tuviera prisa de ocultarse de nuevo.

Mientras agonizo, William Faulkner

"Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera" y aquí tenemos una familia de escritores dispuesta a desvelar los fantasmas familiares. No nos engañemos, aunque hablemos de cosas ajenas e imposibles, por ejemplo saltos entre universos paralelos, siempre nos mostramos porque no podemos librarnos de nosotros mismos y la familia compuesta por

Katya Adaui · Manuel Astur · Javier Avilés · Jon Bilbao · Javier Calvo · Matías Candeira · Fernando Cañero · Celso Castro · Mercedes Cebrián · Paula Cifuentes · Fernando Clemot · Aixa de la Cruz · Mariana Enriquez · Alfonso Fernández Burgos · Rodrigo Fresán · Esther García Llovet · Óscar Gual · Manuel Jabois · Andrea Jeftanovic · Paula Lapido · Sergio Lifante · Berta Marsé · Eduardo Mendoza · Ricardo Menéndez Salmón · Javier Moreno · Alberto Olmos · Antonio Ortuño · Camilo de Ory · Carlo Padial · Gabriel Sofer · Jordi Soler · Juan Terranova · David Ventura

no es una excepción.

Es un total y absoluto placer formar parte de tan excelente elenco.

Así que ya está a su disposición esta recopilación de relatos, a cargo de Sergi Bellver y Juan Soto Ivars, cuyo título es la famosa frase de Vardaman: "Mi madre es un pez"


Pues eso.
Y aunque me encanta la Portada de Alfonso Rodríguez Barrera y David Cauquil (que quedará en la zona derecha del blog para siempre) no puedo resistir colgar esta imagen de Nathan Olsen, inspirada en la novela de Faulkner.







Mientras agonizo, William Faulkner

"Os presento a la señora Bundren"

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02/09/11

Bouvard y Pécuchet, de Gustave Flaubert

Pros y contras de Bouvard y Pécuchet

1.- Buscando elementos negativos en Bouvard y Pécuchet corro el riesgo de alinearme en el bando de aquellos a los que Flaubert pretende criticar, el de los estúpidos. Más concretamente en el de la burguesía estúpida.
Nabokov expone en su Curso de literatura europea a propósito de Madame Bovary que “el significado que Flaubert da al término bourgeois (…) equivale a filisteo, personas preocupadas por el aspecto material de la vida y que sólo creen en los valores convencionales. Nunca emplea la palabra bourgeois con connotaciones político-económicas marxistas de ningún género. Burgués, para Flaubert, es un estado del espíritu, no es un estado del bolsillo". Esto es aplicable igualmente a Bouvard y Pécuchet. Pero hay que señalar que la crítica hacia la clase burguesa desarrollada por Flaubert asume un cariz endogámico: Los lectores de Flaubert pertenecen a la burguesía, si bien entendida como “estado de bolsillo”.
Es decir, la publicación (incompleta y póstuma) de Bouvard y Pécuchet en 1881 es un acontecimiento cultural que critica precisamente a la clase que puede acceder a la cultura.

2.- Cualquier duda sobre la trama, desarrollo y circunstancias en torno a Flaubert y la escritura de Bouvard y Pécuchet queda suficientemente explicado en el magnífico prólogo de Jordi Llovet a la edición de DeBolsillo, 2010, de la traducción de José Ramón Monreal. Así que no seremos redundantes, aunque le robaré algunas ideas a Llovet.

3.- La sátira literaria es un género que está muy ligado a la época precisa en que se desarrolla y a la que pretende criticar-ridiculizar. Por eso requiere que el lector tenga un conocimiento bastante amplio de la misma y, obviamente, es el género que más sufre negativamente el paso del tiempo. Los expertos en la obra de Flaubert apenas tienen dudas sobre su afirmación de que precisó documentarse leyendo más de 1500 volúmenes sobre las distintas materias que aparecen en Bouvard y Pécuchet.
En estas condiciones es normal que el lector común (entre los que me incluyo) tenga ciertas dificultades para contextualizarse dentro de la obra, no tan sólo en los avatares políticos que se suceden durante el retiro rural de los protagonistas, si no también en la inmensa cantidad de conocimientos y costumbres vigentes en la época en que transcurre, la mayoría de ellos completamente obsoletos para nosotros.
(Hay que decir que el prólogo y las notas de la edición de Jordi Llovet son de gran ayuda para comprender el contexto histórico-social de Bouvard y Pécuchet)

4.- “La trama”, entrecomillado porque es otro de los escollos de la lectura, consiste en la repetición durante el primer libro (el único completo) del mismo esquema: Propósito de los personajes + estudio pormenorizado de la materia + discusión encendida y puesta en práctica + fracaso y abandono. Según Llovet estas son las materias a las que Bouvard y Pécuchet se entregan: arboricultura, agricultura, jardinería y horticultura, arquitectura de jardines, destilación de licores, química, anatomía y fisiología humana, higiene, hidroterapia, agronomía, veterinaria y reproducción animal, geología, paleontología, arqueología, coleccionismo, la historia y sus métodos afines, literatura en todos sus géneros y teoría literaria, estética, gramática, ciencias políticas, gimnasia, espiritismo, magnetismo, esoterismo y magia, filosofía (en sus apartados clásicos de lógica, metafísica y moral), estudio histórico y filológico de las religiones, frenología, pedagogía, urbanismo y predicción del futuro.
Esta acumulación de saberes cuyos resultados prácticos son catastróficos sirven al propósito de Flaubert, una descripción pormenorizada de tópicos culturales, que en ocasiones, a pesar de sus esfuerzos intercalando en “la trama” aventuras sentimentales de los personajes, resulta agotadora para el lector.

5.- No coincido con quienes quieren presentar a Bouvard y Pécuchet como dos estúpidos que se enfrenta a una sociedad estúpida. Creo más bien que los dos personajes están representados como dos ingenuos que creen posible el estudio y la aplicación práctica de lo poco que sus limitaciones les permiten aprender. Ingenuos porque creen que el entusiasmo puede suplir su falta de preparación y porque carecen de constancia y rigor. Y, además, a pesar de sus limitaciones, los fracasos subsiguientes a cada intento vienen en su mayor parte propiciados por elementos externos: o bien los textos que estudian son imprecisos (o abiertamente falaces) o bien topan con el rechazo de la sociedad.
En este sentido queda claro que el modelo de Flaubert para sus personajes tiene inspiración quijotesca.

6.- La división de opiniones de lectores y crítica en torno a las figuras de Bouvard y Pécuchet (ingenuos, estúpidos, quijotescos, ridículos, tenaces…) viene en gran parte motivada por la forma clínicamente fría que adopta Flaubert en la composición del libro. Consiste principalmente en la eliminación del punto de vista. El autor, desaparecido en la obra, descarta también al narrador y nos presenta una construcción sin intermediario narrativo extremadamente objetiva, de modo que parece que es la propia sociedad la que se describe a sí misma, la que se expone ante el lector de manera nada autogratificante y, ciertamente, consistente con su propia cerrazón.
Ocurre que un narrador impersonal y una objetividad radical conllevan un relato frío y falto de emoción. El lector percibe como en un reflejo esa falta de empatía entre narrador (autor) y personajes y en cierta manera la hace suya, distanciándose de ellos.
Se podría decir que ese efecto nos conduce a deshumanizar a Bouvard y Pécuchet y a contemplar el primer libro, “La novela”, como una larga enumeración de sucesos.
Sin embargo, a pesar de las apariencias, no es cierto que Flaubert no se implique con sus personajes. El lector se implica en sus azarosas aventuras, nos emocionan y desesperan, porque el autor sutilmente deja entrever ese cariño que siente hacia sus creaciones. En cierta manera ellos son parte de él y acaban teniendo similares intereses. Bouvard, Pécuchet y Flaubert no soportan la estupidez de sus contemporáneos y la denuncia de ello se convierte en su motivación.
Ahora bien, esa empatía y la evolución de los personajes están mostradas de manera tan sutil que seguimos teniendo la sensación de estar ante un texto frío. Y son todas estas características tan complejas la que nos hace sentir maravillados ante la elaborada y minuciosa construcción del texto, ante cada uno de los detalles aparentemente insustanciales con los que el autor nos dirige en su dirección sin que nos demos cuenta.


7.- Del segundo libro “La copia” nos han llegado fragmentos de algunas de sus partes: Estupidario, Diccionario de ideas corrientes, Catálogo de ideas chic, El álbum de la Marquesa… una recopilación de notas, citas, frases hechas, lugares comunes, ideas equivocadas y falsedades, que compondrían este segundo libro.
Por lo que podemos saber el plan de Flaubert era presentarnos a los protagonistas cansados de sus fracasos y el abierto rechazo de la sociedad hacia todas sus actividades. Deciden retirarse y volver a su antigua profesión de copista. Para ello compran todo el papel impreso que pueden encontrar y se dedican a transcribirlo todo sin mediación de juicio y opinión.
Creo que no ha quedado claro: Copian TODO lo que cae en sus manos, absolutamente todo, sin detenerse a cuestionar o a analizar lo que copian.
El abismo narrativo-literario que inauguran los personajes de Flaubert es determinante en la posterior evolución de la narrativa del siglo XX.
Y estamos hablando del esbozo de un abismo, de un abismo nunca descrito.
El apabullante papeleo burocrático que asfixia a Joseph K.; la exuberante profusión de géneros del Ulises; el mismo Pierre Menard y las bibliotecas infinitas; incluso las profusas digresiones en torno a cualquier detalle, relevante o no en La broma infinita… todo tiene cabida en el abismo de Flaubert, en ese inconmensurable libro, “La copia”, inconcluso a su muerte.

Ahora reflexionemos en la paradoja de cómo un texto no escrito, el fantasma o la idea de un texto inexistente, ha podido condicionar toda la narrativa posterior.

8.- A pesar de lo que se le pueda reprochar, Bouvard y Pécuchet es una obra fundamental en la historia de la literatura contemporánea, rompiendo, en mayor medida de lo que lo hizo Madame Bovary, con la narrativa decimonónica. Es una obra (creo que he conseguido no denominarla novela) imprescindible.
Tal vez no sea sencilla de leer, tal vez no es condescendiente ni con sus personajes ni con los lectores. Puede ser fría, pero al mismo tiempo es una construcción narrativa admirable con una estructura monumental.

9.- Si bien la parte estrictamente narrativa termina con el primer libro, no hay que dejar aparte el material que conformaría el segundo libro. El Estupidario nos deja joyas como la de Proudhon respecto a que las prostitutas de Egipto mantenían relaciones públicas con cocodrilos. El Diccionario nos avisa de los peligros de las frases hechas (Los bandidos son siempre “feroces”) y la irreflexión en el lenguaje. Creo que son excelentes herramientas para reflexionar sobre la escritura.

10.- Una de las versiones de las notas de Flaubert de la parte no publicada:

Copian al azar todos los manuscritos y papeles impresos que encuentran (…) pues creen que la cosa es importante y digna de conservarse. Tienen muchos papeles, pues en los alrededores se encuentra una papelera en quiebra, y allí compran montones de papeles viejos.
Pero no tardan en sentir la necesidad de clasificación.
(…)
[Bouvard: Vamos, nada de reflexiones, copiemos a pesar de todo.
Es preciso que la página se llene. Igualdad de todo, de lo bueno y de lo malo, de lo Bello y de lo Feo – de la farsa y de lo sublime, de lo insignificante y de lo característico, no hay más que el fenómeno COPIAR]
Un día encuentran por casualidad el borrador de una carta escrita por el médico. El prefecto le había preguntado si B. y P. no eran unos locos peligrosos.
La carta es una especie de informe confidencial que explica que su manía es benigna y que son dos imbéciles inofensivos. Ella es un resumen y un juicio de B. y P. y debe recordar al lector todo el libro.
- ¿qué vamos a hacer?
- hay que copiarla, ¡pues claro!
- ¡Sí! Copiemos
Y copian.
Terminar con la imagen de los dos pobres diablos inclinados sobre su pupitre copiando.

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