29/04/11

Contraluz , de Thomas Pynchon: Dudas

En El mundo invertido, Christopher Priest plantea una inmensa ciudad de madera cuyos habitantes deben mantenerla en movimiento continuamente. Eso ocurre, y aquí desvelo algo de la trama, los habitantes de la ciudad de Priest se desplazan en los parámetros de una geometría hiperbólica y ocurre que, a escala local (humana), los distintos tipos de geometría, hiperbólica, elíptica y euclideana, puede asumirse que coinciden, llevándonos al error de aceptar lo local y su representación euclideano-tridimensional como modelo del Universo.. No debe extrañarnos: Vivimos en una esfera y sin embargo a escala local consideramos que habitamos un plano. El lenguaje está plagado de esos errores: la única línea recta que une, por ejemplo, Barcelona con Paris pasa ineluctablemente por debajo del suelo. Los planos, los mapas, son traslaciones bidimensionales del mundo real.
Lobachevski y Riemann están presentes en Contraluz. Y tratándose de Pynchon no está de más recordar, por lo anteriormente dicho, que la Línea Mason-Dixon no es una recta. A pesar de eso los personajes de Contraluz, con ligeras fluctuaciones, parecen moverse en la línea este-oeste, prolongando, a lo largo de Estados Unidos y atravesando el Atlántico, la línea que trazaron los topógrafos y que era el tema principal de la novela Mason y Dixon.

Mi duda radica en cómo sería posible descubrir si los personajes de Contraluz están condicionados por el universo en que se desenvuelven, si sería posible averiguar cuál de ellos habita un universo lobachevskiano, cuál se desplaza en una geometría riemanniana y si los lectores necesariamente estamos asentados en un universo euclideano. Me da la sensación de que más que nunca en Contraluz, los personajes y la propia narración de Pynchon se mueven en marcos geométricos distintos a los que presumimos, incluso ese recurso le sirve a Pynchon para recordarnos que nuestras percepciones nos engañan continuamente.





La cosa se complica después de este fragmento:

De hecho, los Cuaterniones fracasaron porque pervirtieron lo que los vectoristas creían saber de las intenciones de Dios: que el espacio es sencillo, tridimensional y real, y que, de existir un cuarto término, uno imaginario, se asignaría al Tiempo. Pero los Cuaterniones llegaron y le dieron la vuelta al planteamiento, definiendo los ejes del espacio como imaginarios y dejando que el Tiempo fuera el términoreal, y también escalar..., simplemente inadmisible. Por descontado, los vectoristas fueron a la guerra. Nada de lo que sabían del Tiempo permitía que éste fuera tan sencillo, como tampoco podían permitir que el espacio se viera comprometido por números imposibles, el espacio terrenal que habían luchado por penetrar, por ocupar, por defender desde hacía incontables generaciones.

Contraluz, Thomas Pynchon; traducción de Vicente Campos

Recordemos que los ijks (“vagabundos que plantan sus tiendas de trabajo tan sólo mientras lo exija el problema, luego levantan el campamento y siguen adelante, siempre ad hoc y localmente, ¿qué esperabas?”) son la base de los cuaterniones


Está grabado en piedra en Brougham Bridge, un puente de Dublín que, curiosamente, no aparece en el Ulises:

Here as he walked by
on the 16th of October 1843
Sir William Rowan Hamilton
in a flash of genius discovered
the fundamental formula for
quaternion multiplication
i² = j² = k² = ijk = −1

¿Quiere decir todo esto que Contraluz representa la rotación en un espacio de tres dimensiones de la narración? Y si eso fuese así, y quizás esta fuese la pregunta que más nos interesaría que fuese respondida, ¿el centro de rotación es Pynchon o el lector?

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26/04/11

Contraluz (fragmento)



—Observamos el mundo, los gobiernos de todo el espectro, algunos con más libertad, otros con menos. Y vemos que, cuanto más represivo es el Estado, más se parece la vida a la Muerte. Si morir es sumirse en la no-libertad total, entonces el Estado tiende, en el límite, a la Muerte. El único modo de resolver el problema que plantea la existencia del Estado es utilizar la contra-Muerte, también conocida como Química — dijo Flaco.
Era un superviviente de las luchas anarquistas en no pocos lugares a ambas orillas del Atlántico, especialmente en Barcelona, en la década de los noventa. Provocada por la bomba del Teatro Liceo durante una interpretación de la ópera de Rossini Guillermo Tell, la policía había detenido no sólo a anarquistas sino a cuantos pudieran oponerse en cualquier sentido al régimen, o siquiera pensarlo. Se detuvo a miles, a los que se mandó «montaña arriba» a la fortaleza de Montjuic, que se agazapaba como un matón sobre la ciudad, como si acabara de asaltarla, y cuando los calabozos estuvieron llenos se mandó a los presos encadenados a buques de guerra reconvertidos en barcos prisión que permanecían anclados en el puerto.
—La jodida policía española —dijo Flaco—. En Cataluña son un ejército de ocupación. Todos los presos del 93 que no eran anarquistas antes de que los llevaran a Montjuic llegaron rápidamente a la misma conclusión. Fue como reencontrar una antigua religión, casi caída en el olvido. El Estado es el mal, su derecho divino procede del mismísimo Infierno, y al Infierno es adonde todos íbamos. Algunos salieron de Montjuic destrozados, moribundos, sin genitales sanos, intimidados hasta el silencio. Los látigos y los hierros incandescentes son ciertamente eficaces para esa labor. Pero todos nosotros, incluso los que habíamos votado y pagado nuestros impuestos como buenos burgueses, salimos odiando al Estado. E incluyo a la Iglesia, los latifundios, los bancos y las empresas en esa palabra obscena.

Contraluz , Thomas Pynchon; traducción de Vicente Campos.

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21/04/11

Thomas Pynchon meets Terry Pratchett

Hago una pausa en la lectura de Contraluz para leer ansiosamente la última novela publicada aquí de Terry Pratchett, Going Postal, traducida por Javier Calvo, con el título Cartas en el asunto. Soy un adicto… y no pienso dejarlo.
Terry Pratchett representa una tradición literaria británica que no tiene igual en nuestro idioma… no sé, tal vez nosotros (españoles) consideramos el humor como una herramienta basta que no debe inmiscuirse en la (pretendida) alta literatura… en Il Casanova de Fellini se nos mostraba como unos hieráticos casi-cadavéricos seres vestidos de negro… el humor debe reservarse a los entremeses, a los vodeviles, a la revista-de-varietés… cómo sea… somos demasiado serios y por eso no somos capaces de ubicar en un panorama literario con un criterio amplio a Lewis Carroll, o a ciertas obras de Oscar Wilde, o preferimos la pomposidad de Retorno a Brisdeshead a la ironía de ¡Noticia bomba! de Waugh, o menoscabamos a Saki, Wodehouse o Sharpe (poniéndolos en un división literaria inferior) o calificamos de narradores infantiles a Dahl o Pratchett.
Acabemos con los prejuicios.
Pero, claro, dicen por ahí que en las novelas de Sir Terence David John Pratchett, OBE, salen brujas y magos y enanos y trolls y vampiros y licántropos y dioses y perros que hablan y máquinas cuánticas… eso no es serio.
(Cervantes escribió sobre perros que hablan, Auster cedió el papel de narrador a un perro, en las novelas de Pynchon aparecen perros que hablan… ah, pero ellos “son serios”)
La narrativa de Pratchett se basa principalmente en la parodia del mundo y la sociedad, de tal forma que, a causa de la enormidad de la tarea, no tuvo más remedio que crear un planeta ficticio, Mundodisco, que actúa como espejo del nuestro. Allí nuestra sociedad es analizada y ridiculizada, se pone en tela de juicio todas nuestras falsas creencias y las (falsas también) necesidades que impone nuestra sociedad de consumo. Y lo hace aprovechando toda esa gran tradición humorística británica. Hay ecos de Carroll en sus novelas y también de Monty Python, pero esos ecos se han convertido con el paso de los años en un estilo muy personal, reconocible por sus lectores que, como yo, se convierten en auténticos adictos a sus novelas.
Mundodisco es más que un lugar imaginario. Es un estilo de contar las cosas.

Terry Pratchett padece alzheimer. Me cuentan que apenas puede escribir, que usa un programa de reconocimiento de voz para redactar sus textos… los que serán sus últimos textos… la gran tortuga A’Tuin seguirá su camino en el espacio y no recibiremos más noticias de ella.

De una entrevista de Michel Lohr a Terry Pratchett:

ML: Su serie Mundodisco empezó en la década de 1980, y en ese tiempo era más que nada una parodia o una burla de las obras de fantasía heroica; una ambientación pseudomedieval con magos, bárbaros, etc. Pero a través de los años, a medida que su estilo se desarrollaba y ganaba sofisticación, empezó a satirizar todo, desde la religión hasta Hollywood, las fechas patrias y el complejo militar-industrial. ¿Cómo ha cambiado y evolucionado Mundodisco en estos años?
TP: Eh... ¿No tendría que preguntarle a un lector? Yo creo que sólo estoy escribiendo mejor.
ML: En realidad, esta pregunta fue enviada por uno de sus fans. El caballero que la envió jura que leyó todos sus libros dos veces, una del derecho y otra colgado de cabeza, suspendido de botas antigravedad que brillan en la oscuridad.

An Interview with Terry Pratchett © 2006 Michael Lohr
Traducción de María del Pilar Jorge y Andrés Diplotti. Leer completa en Axxon


Pues la opinión de un lector (fervoroso) es que tanto la pregunta como la respuesta son rigurosamente ciertas. La parodia de Pratchett cada vez alcanza cotas más altas y él cada vez escribe mejor. Y en toda esa gran sátira de nuestra sociedad brilla especialmente un profundo sentimiento de admiración por la capacidad de las personas de seguir adelante en una sociedad adversa que anula al individuo.

Entonces acabo de leer Cartas en el asunto y continúo con Contraluz. Cuando llevo diez páginas me doy cuenta que NO estoy leyendo a Pratchett pero que leer a Pynchon es como leer a Pratchett.
T.P. se encuentra con T.P.

Copio de la wikipedia : “El rasgo más distintivo de (la obra de Pynchon) es su extrema dificultad y complejidad estilística y estructural (…). Sus temas habituales son la entropía, la paranoia, el signo apocalíptico y decadente de la historia reciente, la desintegración del lenguaje, la ruptura de los sistemas en que vive encerrado el individuo, el sentido de la ciencia, el militarismo y el poder de los Estados, el control de las libertades, la manipulación de la tecnología, la ausencia de significado que preside nuestras vidas, inmersas en el caos”.

Todo lo dicho para los temas de Pynchon puede ser aplicado a los de Pratchett. Pero no acaban ahí las similitudes: Pynchon trabajó para Boeing, Pratchett era relaciones públicas de una central nuclear. Ambos tenían formación técnica y la han empleado en sus narraciones. Pynchon y Pratchett tuvieron relación con un (¿el mismo?) perro que simulaba no hablar en presencia de humanos y lo incorporaron a sus historias. Ambos emplean el humor, aunque de manera distinta, como parte de una tradición (Pratchett) o como forma de irritar al lector (Pynchon)
Hay un lema recurrente en Pratchett: “No hacer nada de magia era la principal tarea de los magos: no “no hacer magia” porque no pudieran sino no hacerla pudiendo. Cualquier tonto ignorante podía ser incapaz de convertir a alguien en rana. Pero había que ser listo para contenerse y no hacerlo cuando sabías lo fácil que era

Extrapolando esa lema al campo narrativo podríamos decir que Pratchett es un mago que sabe que lo más conveniente es no hacer magia, presentarnos una narración lineal y limpia en la que sus personajes y sus observaciones sobre nuestro modo de vida, entre el absurdo y lo ridículo, se convierten en los absolutos protagonistas de la función.
Pero eso dejaría a Pynchon en el lado opuesto del lema. Que nadie diga que aquí, ni a Pynchon ni a nadie, se le ha llamado “tonto ignorante”. Existe en todas las novelas de Pratchett una serie de personajes cuya principal característica es la astucia, el engaño, la picardía. Pynchon, con su “complejidad estilística y estructural”, podría equiparse, por ejemplo, a Y-voy-a-la-ruina Escurridizo, un vendedor callejero de salchichas de dudoso origen y sabor ambiguo, que no solo es sorprendente por lograr venderte una salchicha, sino porque es capaz de venderte una segunda salchicha.

Esta comparación de los dos T.P. es un absurdo en sí mismo. La satisfacción como lector de uno de ellos es independiente del otro, incluso puede llegar a darse el caso (mi caso) de que se encuentre satisfacción leyendo a cada uno de los T.P., ignorando la supuesta oposición entre popularidad e intelectualidad. Y tal vez ese sea el problema con Terry Pratchett: es demasiado popular para ser tenido en cuenta por los medios literarios. Los “serios”, claro.

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20/04/11

Constatación brutal del presente cruza el Atlántico

¡Ya no hay excusa!

Esta es la nota que me pasan desde Libros del Silencio:

Señores, ¡ya llegamos a MÉXICO y a COLOMBIA! Si son ustedes libreros mexicanos, pueden ponerse en contacto con Almadía y si son libreros colombianos, con El Libro Universal


Constatación brutal del presente cruza el Atlántico para fracasar mejor.

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18/04/11

330 ml

"Nace 330 ml, una nueva revista digital de crítica literaria con un formato especial, por la usabilidad del diseño y, sobre todo, por la extensión: textos breves de un máximo de 330 palabras y con un mínimo de 250. No meras reseñas, sino cápsulas concentradas de crítica literaria en las que se apuntan las ideas fundamentales de cada libro".



Pues eso... espero que pronto aparezca alguna colaboración mía. Mientras tanto disfrutad de los primeros textos de la mano de José Luis Amores, Marc García, Eduardo Moga y Rubén Martín G.: Muy recomendable.

Un pequeño trago de crítica comprimida:



Enjoy!


La ilustración es de Alfonso Rodríguez Barrera

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13/04/11

Chet Baker piensa en su arte (II) y En un lugar solitario, de Enrique Vila-Matas

Debolsillo inaugura con tres volúmenes -Chet Baker piensa en su arte (antología de relatos), En un lugar solitario (primera narrativa del autor) y Dublinesca- la Biblioteca Vila-Matas.
Seguirá en septiembre 2011 un cuarto tomo, Una vida absolutamente maravillosa, amplia antología de sus ensayos. Y después, continuará con la recuperación de los títulos más celebrados de este autor.
Tanto Chet Baker piensa en su arte como En un lugar solitario contienen textos inéditos, importantes novedades.
De la página web de Enrique Vila-Matas

En un lugar solitario contiene la narrativa de Vila-Matas de 1973 hasta 1984. Lo cual supone la reedición de novelas prácticamente inencontrables, como la primera novela del autor, Mujer en el espejo contemplando el paisaje, ahora retitulada (o recuperando su título) En un lugar solitario, los relatos de Nunca voy al cine o la novela prohibida-maldita Al sur de los párpados, junto a La asesina ilustrada, e Impostura

Los textos inéditos a los que hace mención la promoción de Debolsillo me parecen muy relevantes ya que en ellos podemos apreciar la visión que el propio Vila-Matas tiene de su trayectoria como escritor. Se trata de un Prólogo a su Narrativa 1973-1984 y un ensayo-ficción que da título a los relatos selectos,
Chet Baker piensa en su arte. Relevantes en cuanto comparten, digamos, estilo con los textos que acompañan. El Prólogo no es tanto un prólogo a su primera narrativa sino una especie de confesión por parte de Vila-Matas. He aquí que el autor que siempre se oculta tras narradores-comentaristas en sus novelas se nos muestra como persona.
Es desconcertante (y ya me perdonareis la broma)
Enrique Vila-Matas cuenta, más que narra, como escribió sus primeros textos y como, en cierta manera, su publicación fue fruto de una serie de casualidades. En el prólogo se pueden encontrar tanto las circunstancias que rodearon a la escritura de su primera novela, como a los azares de su publicación, los efectos que tuvo ese hecho sobre su postura ante el mundo y cómo, poco a poco a través de los años, fue encontrándose con los temas que definen actualmente su narrativa.
Señoras y señores, presten atención, porque en el Prólogo Enrique Vila-Matas se muestra.
Y eso, para sus lectores, es desconcertante. No una deslealtad. En absoluto. Al contrario, más bien se trata de una agradable sorpresa.

Si consideramos, por su simultánea publicación, los dos libros,
En un lugar solitario y Chet Baker piensa en su arte, como un único y extenso texto, podemos apreciar que en sus extremos hay dos escritos en cierta manera antagónicos: El Prólogo y el ensayo-ficción (o ficción-crítica) Chet Baker piensa en su arte. Apertura y (casi) cierre. Siguiendo los postulados de éste último podemos aventurar que el prólogo, ese texto-confesión donde Vila-Matas se muestra, es un Hire, y la ficción-crítica un Finnegans. Y que el verdadero Vila-Matas se encuentra en un punto intermedio entre aquel que contemporiza sobre sus inicios y el que elucubra sobre su futuro y el deseado futuro de la Narrativa.
El ensayo-ficción-crítica
Chet Baker piensa en su arte me parece imprescindible para conocer y entender por dónde circulará la narrativa de Vila-Matas en el principio. Si el Prólogo es una confesión, Chet Baker piensa en su arte es una declaración de intenciones.
Pero además,
Chet Baker piensa en su arte es una inmensa narración literaria que toma como base (y aquí supongo que el autor me corregirá si me equivoco, porque, claro, el primer referente es Joyce y sus monólogos en duermevela, pero hay escenas fuera de campo que me la recuerdan) La muerte de Virgilio de Broch: Una noche insomne donde el autor divaga y especula sobre el destino de la literatura envuelto en una bruma onírica también literaria. Pero al contrario del Virgilio de Broch, el narrador-comentarista (que se desdobla continuamente dentro del texto) no grita que se queme su obra. Si la Eneida debía consumirse en llamas, los narradores de Chet Baker piensa en su arte encuentran en su delirio insomne una salida que concilie la narración lineal (o clásica o realista o… llamémosla de cualquier manera) con el callejón al que nos abocó el Finnegans Wake de Joyce.

Prólogo y declaración de intenciones que nos pueden llevar a pensar que nos encontramos ante dos textos que cierran una etapa, principio y fin… pero no, sutilmente, para que no caigamos en la falacia de creer que
Chet Baker es el final de algo, a la ficción-crítica le sigue el texto, Sucesores de Vok, con el que se cierra el volumen de relatos.
La luz del cigarrillo ilumina primero sus mejillas y luego deja ver un rostro grave y escrutador. El crítico se acuerda de los días en que en Nueva York, cuando alguien veía a un hombre fumando en un coche en una calle, daba por supuesto que era Chet Baker pensando en su arte
De “Chet Baker piensa en su arte” (ficción-crítica)
"Cuando la luz del cigarrillo se desvanece, todo el callejón vuelve a la oscuridad más profunda. Sopla el viento helado de los Alpes. El lector imagina que ese hombre que podría ser Chet Baker está ahí esperando el momento oportuno para llevar a cabo, sin moverse de su coche, toda una gran operación mental, rigurosamente científica, de puro laboratorio Jekyll: fundir a Finn y Hire y pasar a encarnarlos a los dos a la vez, pasar a convertirse en una unidad vagabunda que mejore la realidad. Y también, si es posible, el realismo"
De “Chet Baker piensa en su arte”, artículo.

Los dos libros pueden servir para rescatar algunos textos difíciles de encontrar, es cierto. También lo es que todo gran escritor merece se edite una colección particular de sus obras. Pero personalmente me parece que esos dos textos inéditos son muy importantes y que, tan solo por ellos, merece la pena leer los libros.

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11/04/11

Experimentando

¿Cansado de ver El lamento de Portnoy siempre igual?
Escoge tu punto de vista:


Gracias René

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10/04/11

Chet Baker piensa en su arte, de Enrique Vila-Matas (I)

Pensad lo que queráis, pero esta frase de Vila-Matas me gusta especialmente:

Después de todo, tras el terremoto que desató en el lenguaje, los más lúcidos sucesores de Joyce nos parecen hoy sobrevivientes caminando entre los cascotes, bajo un cielo insondable sin estrellas, deteniéndose ante las pocas hogueras – y aún gracias – que arden.

Chet Baker piensa en su arte, de Enrique Vila-Matas.


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08/04/11

Contraluz, de Thomas Pynchon



Corría la voz de que Michelson y Morley no habían encontrado la menor diferencia en la velocidad de la luz al ir, venir o pasar de lado con relación a la Tierra desplazándose a lo largo de su órbita. Si había Éter ahí, en movimiento o en reposo, no tenía el menor efecto sobre la luz que transportara. El humor en las cantinas frecuentadas por los eteristas se tornó cada vez más sombrío. Como si tuviera la misma sustancia que una invención o una batalla, el resultado negativo ocupó su propio lugar en la historia de Cleveland, como otro de los misterios revelados de la luz.
—Es como esos cultos que creen que el mundo acabará el día tal y tal —comentó Roswell—, se deshacen de todas sus posesiones terrenales y se dirigen en grupo a la cima de alguna montaña a esperar, y entonces el fin del mundo no llega. El mundo sigue girando. ¡Menuda decepción! Todos tienen que descender aprisa la montaña con el rabo espiritual entre las piernas, salvo uno o dos idiotas incurablemente sonrientes que lo ven como una oportunidad para empezar una nueva vida, a partir de cero, sin estorbos, de hecho, para renacer.
-Y eso ocurrió con el resultado de Michelson-Morley. Todos hemos invertido mucha fe. Y parece que el Eter, tanto en movimiento como inmóvil, sencillamente no existe. ¿Qué hacemos ahora?
—Mantener la opinión contraria —dijo O.D. Chandrasekhar, que había venido a Cleveland desde Bombay, India, y no hablaba mucho, pero cuando lo hacía, nadie tenía la menor idea de qué quería decir—. Este resultado nulo puede interpretarse igual de fácilmente como una prueba de la existencia del Éter. Ahí no hay nada, pero la luz viaja. La ausencia de un medio que transporte la luz es el vacío de lo que en mi religión se llama akasa, que es la base o el fundamento de cuanto imaginamos que «existe».
Todo el mundo guardó silencio un momento, como reflexionando sobre sus palabras.
—Lo que me preocupa —dijo Roswell por fin— es que el Éter acabe siendo algo parecido a Dios. Si podemos explicar cuanto queremos explicar sin él, entonces, ¿por qué conservarlo?
—A menos... —señaló Ed— que sea Dios.

Contraluz, Thomas Pynchon, traducción de Vicente Campos

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03/04/11

Astillas, de Celso Castro

De acuerdo, recelad: Celso Castro y yo publicamos en la misma editorial, Libros del Silencio

Pero sería una lástima que ese detalle enturbiase una recomendación que me parece importante, sobre todo en los tiempos que corren.
Ahora que se oyen voces airadas contra la autoficción y declarando la necesidad que tiene la narrativa de recuperar la figura del héroe; ahora que se advierte sobre la supuesta originalidad de lo “moderno” y que se denuncia que la base sobre la que se sustenta este indefinido movimiento ha sido repetida una y otra vez en el siglo pasado; ahora que prima lo grupal y que todo lo que provenga del “otro”, un “otro” ajeno al grupo al que uno pertenece, es cuestionable; ahora que parece que estamos buscando nuevas vías de la narrativa que aúnen tradición y modernidad; ahora, pues, sería una lástima dejar de pasar de largo astillas de celso castro
Porque astillas es un relato moderno no adscrito a ninguna corriente o grupo; porque bebe de la autificción y la metanarrativa y al mismo tiempo, las transforma de tal manera que no tiene nada que ver con ellas; porque es un relato clásico con (anti) héroe y, al mismo tiempo, no acepta las normas del clasicismo; no renuncia a las fuentes clásicas pero añade a ellas toda la innovación narrativa del siglo XX; porque la primera persona de astillas es un narrador infidente pero lleva hasta lo más patético su sinceridad; porque juega a romper el tiempo argumental, disgregándolo, manteniendo la linealidad del relato; porque mezcla distintos géneros de tal manera que poco importa calificar a astillas de novela realista, fantástica o psicodélica; porque hay muchos fantasmas literarios cruzando las páginas de astillas y descubrirlos, a ellos y a las imposturas de su narrador, es un juego para el lector, porque El afinador de habitaciones y astillas son las dos primeras partes de la trilogía de “relatos del yo” en las que nos encontramos a un (¿el mismo?) narrador desquiciado, febril, enfermizo, acosado por poderes fantasmales, acuciado por su ansia sexual que transforma en amor, un amor enfermizo que le convierte en un ser patético y desmedido, un narrador que llora sin cesar y fuma marihuana y toma anfetaminas y bebe coñac para calmar la ansiedad; porque todas esas características nos hacen pensar en una narración desquiciada, que lo es, pero al mismo tiempo lúcida, coherente, sincera y, sí, no lo neguemos, romántica.
En resumen, Castro es un enorme narrador y astillas una gran y frenética novela. Sería una lástima recelar, ignorarla por su independencia, dejarla pasar.

Y que nadie vuelva a preguntárselo después de Celso Castro: Los patos de Central Park cuando el lago se congela van a Riazor.

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01/04/11

The killers, de Robert Siodmak

No me interesa demasiado si The killers es, o no, fiel al relato de Hemingway (de hecho no me interesa demasiado Hemingway). Lo que me interesa de esta película es la admirable puesta en escena de Robert Siodmak y la peculiaridad que la distingue entre otras. Tal vez sea una impresión personal, nunca me he puesto a analizarlo en profundidad y entiendo que en según que momentos los movimientos de los actores lo hace necesario, pero creo que The killers es la película en la que sus personajes aparecen más veces de espaldas.

Dos sicarios llegan a Brentwood, un pequeño pueblo de New Jersey, y asesinan a Ole Andreson, El Sueco. El extraño suceso llama la atención del agente de seguros encargado de pagar la póliza del Sueco a su beneficiaria, una mujer mayor, camarera de un hotel de Atlantic City. Reardon, el agente de la compañía de seguros, interpretado por el siempre perfecto Edmond O'Brien, decide despejar los interrogantes en torno al asesinato del Sueco.

NOTA: Al estar centrada en la investigación llevada a cabo por Reardon (a mi siempre se me ha hecho extraño en el cine negro que los agentes de seguros sean una especie de sub-cuerpo policial armado… la idea que tengo del agente de seguros es la de un señor maduro con un maletín dispuesto a venderte un seguro justo a la hora de la cena) los personajes de el Sueco (Burt Lancaster) y Kitty Collins (Ava Gardner) quedan un poco desdibujados. Intuimos la pulsión sexual que los aúna, pero como héroes, como lo son todos los focos de relato, El Sueco y Kitty son bastante lamentables. Como no sé a quien se debe ese factor endeble del relato quiero reprochárselo a Hemingway.

Una vez se inicia la investigación Siodmak toma prestado de Ciudadano Kane la estructura narrativa y así, a través de flashbacks, sin respetar la continuidad temporal, vamos descubriendo los detalles de la trama.
La comparación con Ciudadano Kane no es arbitraria. Ambas películas se inician con la muerte del protagonista (Charles Foster Kane, El Sueco), hay un misterio en torno a esas muertes (las últimas palabras de Kane, la póliza de seguros del Sueco) y se inicia una investigación en la que se avanza entrevistando a las personas implicadas en la vida de los protagonistas. Pero a partir de este punto el desarrollo de ambas películas parece oponerse: Mientras que en Ciudadano Kane la investigación se encarga a un periodista anónimo, en The Killers (vale, Forajidos) Reardon se convierte a su vez en protagonista de la historia.
Orson Welles mostraba al periodista siempre de espaldas y semioculto en la sombra, en una postura, magnificada por la iluminación, que permitía la identificación del espectador con el periodista, al tiempo que lo mostraba como elemento prescindible, ya que el interés se centraba en descubrir qué significaba la Rosebud (una palabra que, por cierto, nadie, salvo el espectador, ha podido escuchar, por lo que nosotros somos los verdaderos “detectives salvajes” en busca de Rosebud, al mismo tiempo que marionetas en manos del director). Sin embargo en The killers el investigador es un personaje por lo que ese efecto no se puede mantener. La grandeza de Siodmak queda patente con la sutileza con la que implica al espectador en la investigación mostrándonos en muchas ocasiones a los personajes de espalda, sacrificando en muchas ocasiones el encuadre más efectivo para que el espectador pueda sentirse dentro de la acción. Queremos ver pero nunca estamos en el ángulo apropiado, somos espectadores incomodados por la posición de la cámara, por lo que nos esforzamos, nos escoramos, inclinamos la cabeza y nos metemos dentro de la película.

La película se inicia con los dos asesinos dentro del coche:


Después, ya dentro del restaurante, la cámara sale un momento fuera para que veamos, siempre de espaldas, la entrada de un cliente que es rechazado:


Cuando el policia entra en el estadio donde se disputa el combate de boxeo un espectador, totalmente irrelevante para la trama, aparece de espaldas a la pantalla y le saluda:


Cuando el Sueco se despide del policia podemos ver la espalda de ambos, una especie de doble despedida:


Cuando el Sueco y su novia entran a la fiesta, la protagonista de la película está allí, pero no la vemos (o sí, pero no está enfatizada su presencia de ninguna manera):


El Sueco mira la “espalda” de Kitty Collins:


El agente esperando:


De nuevo los asesinos:


Hay un espejo en los dos restaurantes en los que ocurren parte de los hechos. La cámara se planta ante ellos mostrándonos la acción y su reverso. En esta escena, uno de los clientes de espaldas en la barra, es un personaje relevante, pero aún no lo sabemos:


¿Hay una tesis oculta en esta elucubración? No lo creo. ¿Es deliberado el “efecto espalda”? Es posible, pero no creo que podamos saberlo, ni si se trata nada más que de un cúmulo de casualidades.

Duda final que no tiene nada que ver con lo anteriormente expuesto: ¿No es esta la misma compañía de seguros donde trabajaba el padre de Philip Roth y/o Nathan Zuckerman?:

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¿Cansado de ver El lamento de Portnoy siempre igual? ¿Las letras blancas y el fondo negro te marean?

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