26/02/11

¿?




24/02/11

El hombre sin atributos, de Robert Musil (II)

Automóviles salían disparados de calles largas y estrechas al espacio libre de luminosas plazas. Hileras de peatones, surcando zigzagueantes la multitud confusa, formaban esteras movedizas de nubes entretejidas. A veces se separaban algunas hebras, cuando caminantes más presurosos se abrían paso por entre otros a quienes no corría tanta prisa, se alejaban ensanchando curvas y volvían, tras breves serpenteos, a su curso normal. Centenares de sonidos se sucedían uno a otro, confundiéndose en un profundo ruido metálico del que destacaban diversos sones, unos agudos claros, otros roncos, que discordaban la armonía pero que la restablecían al desaparecer. De este ruido hubiera deducido cualquiera, después de largos años de ausencia, sin previa descripción y con los ojos cerrados, que se encontraba en la capital del Imperio, en la ciudad residencial de Viena.



Siempre me sorprende la aparición de un automóvil en una novela de principios del siglo XX. Entiendo que no debería, pero que pase levantando polvo por una carretera española en una novela de Galdós, , o leer sobre la prohibición promulgada por el Coronel Sartoris sobre la circulación de coches en Jefferson, por lo cual éstos se convierten en símbolos del cambio de época o, ahora, ver como El hombre sin atributos se inicia con la descripción del tráfico en Viena (¿?... ¿ La capital de Kakania? ¿B?) seguido por la descripción de un accidente de tráfico, me choca. No tanto por el anacronismo (que no es tal) sino por la convicción de que coches y literatura no casan bien.
El automóvil, como el cine, precisa del movimiento de las imágenes, la sucesión de ellas, el paso rápido y fugaz por la escena.
Totalmente subjetivo.
Manías mías.



Eso lo escribí nada más empezar a leer la novela de Musil. Me chocaba lo que considero una falta en los acuerdos tácitos literarios. Pero ahora, casi terminada la novela,con un último borrador por leer de lo que se cree que era el capítulo final, debo admitir que estaba equivocado. El hombre sin atributos se desarrolla principalmente en espacios cerrados, en las casas y salones de la sociedad kakaniense donde los protagonistas hablan de la condición humana y de la sociedad, desarrollando una narrativa del pensamiento que nada tiene que ver con los detalles circunstanciales del mundo. Los coches, el tráfico de la calle en este capítulo inicial, enmarcan el retorno de Ulrich, el protagonista, a su casa. Una imagen que nos sitúa en el lugar correcto para poder apreciar las intenciones de Musil. La fuga del mundo, la entrada al pensamiento.
Bienvenidos al mundo del hombre sin atributos.


Fragmentos de El hombre sin atributos, de Robert Musil, de la traducción de José M. Sáenz para Seix-Barral.

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21/02/11

El hombre sin atributos, de Robert Musil

El 28 de junio de 1914 el asesinato del archiduque austrohúngaro da origen a la Primera Guerra Mundial. Escrita entre 1930 y 1943 El hombre sin atributos, de Robert Musil, se inicia en 1913 y se dirige hacia ese punto de inflexión de la historia. Escrita en 1924 La montaña mágica, de Thomas Mann, termina durante la misma contienda europea. Entre 1931 y 1932, Hermann Broch escribe la trilogía de Los sonámbulos también ambientada en la misma época de pre-guerra.

No sé hasta que punto Musil tuvo presente a Mann mientras componía Der Mann ohne Eigenschaften. Pero hay que aceptar que de alguna manera las tres novelas escritas en alemán (Musil y Broch eran austriacos en “contraposición” a Mann, alemán) son referentes de la novela filosófica que buscan una exhaustiva exploración de las ideas y los comportamientos sociales de una época de la historia, la primera mitad del siglo XX, especialmente turbulenta.

(Es una forma de ver las cosas. Los europeos (incluso los no Mitteleuropeos, los europeos limítrofes) somos bastante egocéntricos. Todas las épocas son especialmente turbulentas)

En fin… hoy quería hablar sobre mis hábitos de lectura. Estos últimos meses mi ritmo de lectura ha disminuido y por tanto las entradas en el blog se han resentido. No recuerdo cuantos meses llevo intentando avanzar por los capítulos de El hombre sin atributos. Se puede decir que prácticamente he terminado su lectura. La edición definitiva de Seix Barral incluye galeradas y capítulos a medio corregir y textos manuscritos rescatados. Musil murió sin terminar su monumental novela.

Todo lector de El hombre sin atributos morirá sin saber el final.

Lo que me preocupa es el modo en que la lectura me ha parasitado. Porque uno se pregunta cuál es el motivo por el que se lanza a la lectura de una novela como esta, tan densa, tan plagada de ideas, tan rebosante de opiniones, tan enrevesada en sus razonamientos filosóficos, tan minuciosa en la descripción del entorno social…

Pero claro, ahora puedo añadir a mi currículo la lectura de El hombre sin atributos.

Nunca he entendido el montañismo. Escalar altas montañas, plantar una bandera y volver a bajar. Y en cierta manera se puede decir que practico una especie de montañismo lector. Y El hombre sin atributos es sin duda uno de los ochomiles. ¿Pero qué he obtenido subiendo esa montaña? Me han tenido que amputar varios dedos, he sufrido dolores inexplicables y un cansancio atroz condicionará el resto de mi vida, ¿para qué? Entiendo el montañismo en lo que supone de superación personal y búsqueda de los límites de resistencia del cuerpo humano y que en todo ello, lo verdaderamente importante, intransferible y personal (de una manera casi mística), es el hecho de la ascensión.

Pero no tiene sentido en sí.

He leído la novela de Musil. Los dos volúmenes están llenos de dobleces en muchas de sus hojas para recordar pasajes memorables y frases dignas de mención. Pero tengo la puñetera sensación de que quiero olvidar haberla leído.


(continuará) (o no)

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17/02/11

Premios Revista de Letras



El lamento de Portnoy, este blog, no la novela de Philip Roth que ya no se llama El lamento de Portnoy, ha sido seleccionado como finalista de la segunda edición de los Premios Revista de Letras

Podéis votar por los distintos nominados en la siguiente dirección pulsando en Votaciones
El plazo finaliza el 2 de marzo.
Muchas gracias a la organización del premio por seleccionarme y, por supuesto, a todos vosotros, que sois quienes dais sentido a este blog.

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15/02/11

Punto Omega, de Don DeLillo (XII)

Y al final el desierto gana.

Ya no queda apenas nada que decir. El relato de Finley y Elster termina y volvemos al anónimo narrador (¿el mismo?) de la primera parte, apostado en la sala donde se proyecta 24 Hour Pyscho. Un retorno al ritmo “normal” de nuestra sociedad.

Antes, en el desierto, el cineasta, Finley, ha tenido su epifanía, su momento de revelación. Pero, usando una analogía bíblica, Finley no se ha quedado ciego deslumbrado por la luminosidad del Punto Omega, se da la vuelta, regresa al coche, enciende el aire acondicionado y sale corriendo. Más tarde, cuando él y Elster vuelven a la ciudad, recibe una llamada a su móvil. Número oculto. Nadie al otro lado. Los lazos se han roto. El silencio pausado del desierto se ha despedido socarronamente del cineasta mientras éste vuelve al orden de la civilización, al ritmo de nuestra sociedad.

Es un aviso de lo que nos espera en esa dirección.

FIN

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13/02/11

CBDP...

"Yo he venido aquí a hablar de mi libro", así que ya se pueden seguir las primeras impresiones de Constatación brutal del presente en la red y en la prensa.
Unos enlaces:

Mario Kuntz en Quimera
Tránsito Blum en Huracanes de papel
Palimp en Cuchitril Literario.
Luís Pousa en La voz de Galicia
Y la reseña de Marc García y su entrevista en Revista de Letras

Autobombo dominguero. Seguramente lo repita un día de estos.

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04/02/11

Otra vuelta de tuerca, de Henry James

Al igual que me ocurrió con La lección del maestro he encontrado ciertas dificultades en la lectura de Otra vuelta de tuerca en traducción de Antonio J. Desmonts para Alianza Editorial. Da la sensación de que los diálogos no fluyen, que ciertas descripciones son equívocas, y hay que releer algunos párrafos para captar su sentido. Luego no he leído a James sino una aproximación a James.
Pero eso no quita que haya podido captar la esencia de la novela.
En 1898, año de la aparición de Otra vuelta de tuerca, se publica La guerra de los mundos. Pero el corpus literario del diecinueve está prácticamente cubierto: Dostoievski, Tolstoi, Dickens, Hugo, Stevenson,… Curiosamente, un año después, aparece El corazón de las tinieblas, de Conrad. No es una casualidad.

En 1892 James publica La lección del maestro donde (aparte de la mejorable traducción) coincide en la ambigüedad de lo relatado. Porque la vuelta de tuerca que propone el autor nos sitúa en la disyuntiva de aceptar lo que hemos leído como una historia de fantasmas y maldad sobrenatural o bien no hacerlo y asumir que estamos ante el relato desquiciado de una mujer, la narradora, terriblemente perturbada. Y las dos opciones simultáneamente son compatibles y válidas.
La estructura de la novela consta de un preámbulo en el que se nos pone en antecedentes y del relato en sí, escrito en primera persona por la institutriz en forma de diario escrito al mismo tiempo que los hechos que narra. La dificultad para conseguir dicho diario y la forma en que finalmente se realiza su lectura, siguiendo la estructura clásica de la historia de fantasmas, sirve para predisponernos a su veracidad. Pero al mismo tiempo se vierten ciertos detalles sobre la personalidad de la narradora y sus circunstancias emocionales que justifican hechos de la historia pero nos inclinan hacia el escepticismo. ¿Esa duda sobre la veracidad de la narración hubiese funcionado igual en caso que el diario hubiese estado escrito por un hombre? Me temo que no, aunque sea incurrir en tópicos decimonónicos.



Duda y plausibilidad se reparten a partes iguales. El lector debe decidir. Pero en ningún momento hay algún detalle en el texto que nos incline a pensar que la narradora mienta. Si la Lección del maestro era un duelo de literatos en torno al amor de una mujer y el lector podía descubrir en sus palabras intenciones personales, aquí la verdad y la infidencia no forman parte del texto. La duda se crea durante la lectura. O bien es todo cierto o bien la narradora miente. Pero no tenemos constancia de que lo haga.
Lo contrario ocurre con el Marlow de El corazón de las tinieblas de Conrad. Sabemos que en algunos contextos, en determinadas ocasiones Marlow es capaz de mentir. Su fracaso se basa principalmente en la mentira a la que sucumbe en última instancia. Sin embargo la posibilidad de que sea un narrador infidente en todo el asunto relativo a Kurtz no cruza ni por un momento por la cabeza del lector. Y es posible, ya que así se demuestra en el texto, que el Marlow, narrador oral, complaciente con su audiencia en un atardecer en el Támesis adecue su relato a satisfacer a sus oyentes.
Marlow es un narrador que miente pero del que jamás dudamos. La institutriz de James no miente. Es más, toda su formación, su rectitud, su intachable comportamiento, parecen eliminar toda posibilidad de falsedad en su relato.
Y dudamos.
Esa es la grandeza de James.

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02/02/11

Punto Omega, de Don DeLillo (XI)

Entrevista a Don DeLillo por Antonio Lozano, QueLeer nº 159:

Ver el tiempo desplegarse a un nivel llamémosle subatómico nos permite ser más conscientes no tanto de lo que vemos y cómo lo vemos sino, mucho más interesante, de lo que nos perdemos aplicando una mirada convencional a las cosas. Y con esto emergen a la superficie toda una serie de consideraciones filosóficas que quizás un astrónomo o un cosmólogo podrían discutir.

P- Al tiempo devorador de la ciudad usted contrapone el tiempo espiritual del desierto.
R- En el contraste entre ambos es donde el libro adquiere su pleno sentido. El tiempo pre-urbano es geológico, es el de los océanos convirtiéndose en desiertos, el de la evolución y la extinción. Antes de que se construyeran las ciudades, el tiempo estaba marcado por los ciclos de la Naturaleza, por el sol y la luna. Me lo encontré bellamente simbolizado por unos dientes de tiburón grabados en una roca en un desierto de Arizona. (…) Con las ciudades llega la estructuración, medición, organización, fraccionamiento y aprovechamiento del tiempo por parte de empresas, instituciones e individuos. Para mi protagonista, su uso artificial supone una forma de evitar enfrentarse a la insoportable idea de la muerte.

P- En Punto omega se dice que la vida auténtica radica en los momentos que la conciencia no procesa.
R- Creo que algunos instantes que olvidamos de inmediato, y en los que solemos estar a solas, pueden acabar teniendo un peso determinante en nuestra identidad. ¿Cómo se explican si no esos recuerdos que afloran de forma inesperada treinta años después de los hechos? Hay fogonazos pequeños, elusivos, que apenas se registran y que parecen volatilizarse, pero que configuran nuestra auténtica personalidad de una manera decisiva y a la vez inaprensible.

Siguiendo a Teilhard, (copio de la wikipedia), éste explica la noosfera como un espacio virtual en el que se da el nacimiento de la psíquis (noogénesis), un lugar donde ocurren todos los fenómenos (patológicos y normales) del pensamiento y la inteligencia. Opone Biosfera (el contexto biológico en todos sus sentidos de la humanidad) a Noosfera (en el que la humanidad deja de ser en el sentido que la entendemos para trascender)

DeLillo contrapone esos dos entornos a través de la consistencia del tiempo, o parafraseando a Nabokov en Ada o el ardor, en su tesis sobre La textura del tiempo: El ritmo lento disuelve el Tiempo, el ritmo rápido no le deja lugar.

Biosfera contra Noosfera, Ciudad contra Desierto. El Tiempo no se detiene, pero su textura es otra.

El tiempo según Mann y según Nabokov

(Con mi agradecimiento a Milo por su ayuda)

Don Delillo: una mañana en el MOMA

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01/02/11

Punto Omega, de Don DeLillo (X)

¿Debo recordar que se revelan hechos de la trama?

Cada momento perdido es la vida. (…) Un momento, un pensamiento, que está y ya no está, cada uno de nosotros, en una calle de algún lugar, y eso es todo”.

La presencia de Jessie Elster en la cabaña introduce un nuevo factor que diluye la relación entre el metafísico y el cineasta. ¿Por qué éste permanece tanto tiempo en el lugar sobrepasando los límites de la hospitalidad, los acuerdos tácitos que debe aceptar todo invitado? Es cierto que en el desierto el tiempo se ha distorsionado, se ha vuelto lento, se demora en una repetición sin fin del mismo día, el mismo calor, la misma sed, el mismo horizonte sin expectativas. En la cabaña se vive en un tiempo muerto, en un entorno árido en el que nada crece. Excepto, quizás, de una manera tenue, como forma de llenar emocionalmente el vacío, cierta pulsión sexual entre el cineasta y la mujer.

Aquí, con ellos, no echaba de menos el cine. El paisaje empezó a parecerme normal, el calor era climatología y la climatología era calor. Empecé a comprender lo que quería decir Elster cuando afirmaba que el tiempo aquí es ciego


- Calor
- Cierto- dijo Jessie
- Di la palabra
- Calor
- Siente como pulsa hasta meterse dentro.
- Calor- dijo ella”.

Después, Jessie Elster, como Marion Crane, desaparece.

Los textos de la traducción de Ramón Buenaventura para Seix Barral… por cierto, propongo un viaje de Buenaventura a Ferré y vuelta a empezar en el Punto Cero.

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