28/01/11

Thomas Pynchon. Un escritor sin orificios, de Rubén Martín G.

El Club Bildeberg en Old Laxey encarga al receptor del texto (¿quién?) el análisis de dos cartas anónimas dirigidas a Thomas Pynchon para descubrir a su autor.
Thomas Pynchon. Un escritor sin orificios muestra esas dos cartas, junto a las notas de un primer (y fracasado) investigador, la primera atacando la figura invisible, anónima, a-icónica de Pynchon, la segunda una reseña ficticia y virulenta en forma de kermesse (sin ningún fin benéfico, o sí) de un damnificado por la lectura de sus novelas.
El lector puede jugar a detective, encontrar pistas dispersas, descubrir nuevos enlaces.
Por ejemplo, en varias páginas se juega con el nombre del autor, Thomas Ruggles Pynchon, Harold Rug-less Pynchon, Harold Pinter. ¿Una lógica evolución? Rug-less, sin alfombra, ¿puede hacer mención a Jeffrey Lebowski, The Dude, un hombre confundido por otro a quien le orinan en su alfombra?; ¿puede ser significativo que en las notas a la frase “Tu vida es la ex vida de un ex hombre negro” se obvie a los personajes de Luz de agosto y de Escupiré sobre vuestra tumba?; ¿nos dice algo respecto a la proximidad nabokoviana de nuestro epistolar anónimo que califique a Pynchon de "faulknerd"?...
Pero de las múltiples incógnitas que suscita el texto la verdadera pregunta que el lector debe hacerse es en qué posición se encuentra narrativamente: ¿es el investigador, el receptor de la investigación, el receptor de una broma pynchoniana?
Y de todas las preguntas, pero no de las imposibles respuestas, que le asaltan el lector, finalmente, debe concluir que emocionalmente está del lado del anónimo, que Pynchon, su estratagema para ocultarse del mundo y la forma burlesca con la que trata a lectores y narración, merece todas esas diatribas, su obra merece todas las quejas imaginables. Sus novelas deberían incluir un Libro de reclamaciones.
La venganza sobre Pynchon de Rubén Martín G. (perdón, la del autor de las cartas anónimas), está más que justificada y merece ser suscrita por todos nosotros, como dice el anónimo escriba a Pynchon “Ahora eres todos nosotros”.
Salinger murió y el vacío que dejó llevaba más de cuarenta años abierto. Pynchon, el otro autor sin imagen, paradigma del anonimato icónico, estuvo casi veinte años sin escribir. Nos legó ese espacio sin letra para que digiriéramos El arco iris de gravedad. Y luego, cuando consideró que ya habíamos tenido suficiente tiempo, continuó avasallándonos con su narrativa imposible, con sus textos que se dispersan al abarcar el Todo, con su broma literaria infinita. Pero todos sabemos, y Rubén Martín también, que tras esa burla, tras toda esa estructura que desborda al lector, hay un gran autor por el que todos sentimos admiración. La suya (la nuestra) es una invectiva fascinada por la maestría de Pynchon. Todos quisiéramos que Pynchon fuera deleznable como escritor, porque eso nos situaría en el lado correcto, nos daría el consuelo de saber que, como lectores, aún somos capaces de entender algo, que toda una vida de esfuerzos nos proporciona algo parecido a un criterio.
Pero no es así. Con Pynchon perdemos todos (y todos somos Pynchon, o el será todos).


Entrevista con Rubén Martín G.

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24/01/11

I saw the devil, de Ji-woon Kim

Akmareul boatda

Entre el exceso sin comedimiento y el guiño cinematográfico.








No sé. Me da la sensación que el cine coreano pierde fuelle, que se repite a sí mismo, que busca el reconocimiento occidental... ya digo, no sé.

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21/01/11

Coincidencias brutales, ausentes y sin orificios

Las coincidencias no existen. Son los destellos que nos permiten intuir el Plan que subyace. Así que cuando veáis que coincidimos en las librerías Rubén, Pablo y yo, y que, “casualmente”, también hemos coincidido en el nº de enero de la revista Quimera, deberíais preguntaros si es vuestro día de suerte o, más bien, hacia donde puñetas se encamina este Plan.
Tal vez deberían empezar a plantearse algunas cuestiones y a tomar nota aquellos estamentos de la Corporación Realista Institucional no vaya a ser que empiecen a ser desplazados por otra corporación, igual de temible, menos enquistada en las exigencias del género, híbrida y heterogénea, que hunde sus raíces en la Red.

¡TEMBLAD!
(O no)
Para mí es un placer coincidir con ellos.


Presentación PADRES AUSENTES y THOMAS PYNCHON UN ESCRITOR SIN ORIFICIOS en Barcelona + BONUS TRACK; Martes, 25 de enero 19:00 - 22:00, Fnac El Triangle; Barcelona.

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Punto Omega, de Don DeLillo (IX)

Durante el desarrollo de la trama de Sed de mal (Touch of evil, Orson Welles, 1958) Vargas, el policía mexicano interpretado por Charlton Heston, para evitar que su mujer se vea implicada en la investigación la traslada a un apartado motel. Allí, ante la pusilanimidad de un estrambótico encargado, es acosada y finalmente secuestrada. Dos años más tarde, Alfred Hitchcock retoma la idea en Psicosis (Pyscho, 1960). Y no se limita a copiar (en el sentido noble de reescribir) el contexto narrativo (motel aislado, encargado psicótico, mujer sola…) sino que llega a contratar metareferencialmente a la misma actriz. Janet Leigh es Marion Crane y es la Señora Vargas, Susan Vargas.
Para que todo fuera consecuentemente perfecto Susan Vargas debería haberse llamado Jessie, o la hija de Elster Susan o Marion o Janet… pero ahora se me hace difícil imaginar a Jessie Elster con otro rostro distinto al de Janet Leigh en 1960.

Nabokov glosó la cultura norteamericana del motel: “Fue entonces cuando empezaron nuestros prolongados viajes por todos los Estados Unidos. Pronto llegué a preferir a cualquier otro tipo de alojamiento para turistas los que proporcionaba el Functional Motel: escondrijos limpios, agradables, seguros; lugares ideales para el sueño, la discusión, la reconciliación, el amor”. (V. Nabokov; Lolita)

Sin embargo, con estas dos películas, Touch of evil, Psycho, se asienta el mito cinematográfico del refugio siniestro. Si un motel de carretera debe suponerse un lugar de reposo para el viajero en tránsito la repetición iconográfica lo ha convertido en un sitio lúgubre, antesala de espantosos sufrimientos o de la muerte.

Elster vive aislado en una cabaña en el desierto de Sonora o de Mojave. Ni siquiera ellos, los personajes, saben dónde están. Y con ello se demuestra la dualidad de Elster no soporta a la gente, prefiere vivir aislado y al mismo tiempo necesita personas a su alrededor. Jim Finley el cineasta y la hija de Elster.
Hablan:

-Una vez llevé a tu padre al cine. Psicosis 24 horas. No es una película, más bien una obra artística conceptual. La película de Hitchcock proyectada tan despacio que tarda veinticuatro horas en pasar.
-Me lo dijo
-¿Qué fue lo que te dijo?
-Me dijo que era como ver morir el universo durante un período de unos siete mil millones de años.
-Estuvimos diez minutos.
-Dijo que era como la contracción del universo.
-Es un hombre que piensa a escala cósmica. Ya lo sabemos.
-La muerte térmica del universo.

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19/01/11

Punto omega, de Don DeLillo (VIII)

Elster había sido lo que el narrador denomina “un intelectual de defensa”, trabajando para militares y estrategas, para “suministrarles palabras y significados”, creando realidades con las que no coincidía ningún mapa, “creando entes más allá de los límites pactados del reconocimiento y la interpretación”. Sigue Elster: “Mentir es necesario. El Estado tiene que mentir. No hay mentira en la guerra ni en la preparación de la guerra que no pueda defenderse (…) Yo quería una guerra haiku. Una guerra en tres versos. No era cuestión de niveles de fuerza ni logística. Lo que yo quería era un conjunto de ideas vinculadas a cosas necesarias”. Elster quería una guerra, pero “en aquellas salas de conferencias, con aquellos hombres, todo eran prioridades, estadísticas, evaluaciones, racionalizaciones”.
Un ensayo en el que analizaba exhaustivamente los significados y los contextos de la palabra Rendition, sin mencionar el crimen ni la culpa, le abrió las puertas de la defensa, “una persona de su rango interdisciplinario, un hombre de prestigio que fuera capaz de refrescar el diálogo, de ensanchar el punto de vista
Un oxímoron.
Un hombre fundiéndose con la guerra. Un hombre que aún cree en lo justo de la guerra, de su guerra”, aleccionando a militares sobre el fluir evolucionando hacia una supraconsciencia cósmica.
La dualidad de Elster le convierte en Norman Bates.

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16/01/11

Punto Omega, de Don DeLillo (VII)

Punto omega es un término acuñado por el jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin para describir el punto más alto de la evolución de la consciencia, considerándolo como el fin último de la misma.
A partir de la tendencia del universo, guiado por la Ley de complejidad-conciencia, Teilhard vislumbra el Punto Omega, al que define como “una colectividad armonizada de conciencias, que equivale a una especie de superconciencia. La Tierra cubriéndose no sólo de granos de pensamiento, contándose por miríadas, sino envolviéndose de una sola envoltura pensante hasta no formar precisamente más que un solo y amplio grano de pensamiento, a escala sideral. La pluralidad de las reflexiones individuales agrupándose y reforzándose en el acto de una sola reflexión unánime”.

Pierre Teilhard de Chardin
Punto Omega

Lo chocante de Elster es que como asesor del Secretariado de Defensa de los Estados Unidos (o algo así) les habla a los militares de Chardin y de la evolución hacia el Punto Omega, intentando convencerlos de que la guerra (entre otras muchas otras acciones) carece de sentido, de validez "evolutiva":

"Una bomba nunca basta. El borrón de la tecnología, ahí es donde los oráculos planifican sus guerras. Porque ahora viene la introversión. El padre Teilhard lo sabía, el punto omega. Un salto al exterior de nuestra biología. Plantéate esta pregunta. ¿Tenemos que ser humanos para siempre? La consciencia está agotada. Toca ahora regresar a la materia inorgánica. Eso es lo que queremos. Queremos ser piedras del campo".
(De la traducción de Ramón Buenaventura para Seix Barral)

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13/01/11

CBDP



En breve.
Portada de Frederic Amat

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12/01/11

Punto omega, de Don DeLillo (VI)

La verdadera vida no es reducible a palabras habladas ni escritas, por nadie, nunca. (…) Lo dijo más de una vez Elster, de más de una manera. Su vida ocurría, dijo, cuando estaba ahí sentado mirando una pared vacía, pensando en la cena” (…) “Una biografía de más de ochocientas páginas no es más que una conjetura muerta, dijo

El proyecto del narrador en primera persona y cineasta, Jim Finley, es un documental, un primer plano de Elster, una pared vacía detrás… una pared en un loft de Brooklin, pero ¿no podía ser la misma pared del Bronx que aparecía en Submundo?... una película en la que Finley tratará de explorar la experiencia de Elster en el gobierno, en los “gemidos y tartamudeos de Iraq
Entonces llega el momento de las conjeturas muertas: Como personaje dual en el que se combina el pensamiento puro con el trabajo gubernamental, ¿es Elster comparable a Norman Bates?



(Los textos destacados pertenecen a la traducción de Punto Omega por Ramón Buenaventura para Seix Barral)

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11/01/11

Punto Omega, de Don DeLillo (V)

De la proyección de Psycho, el primer narrador destaca del espectador que permanece fascinado en la sala de proyección de Psycho 24 hour, foco de la sección Anonimato, la persistencia en su memoria de los personajes de Bates y Arbogast. “Arbogast en la escalera, cayendo para siempre

Después pasamos al narrador en primera persona:

También hacia recorridos por mi cuenta, buscando vestigios de caminos remotos, y luego me quedaba en el vehículo, invocando la película, rodando la película, con los ojos puestos en baldíos de arenisca. O me metía por cañones angostos, por terrenos agrietados, secos, duros, el vehículo nadando en calor, y pensaba en mi apartamento, dos habitaciones pequeñas, el alquiler, las facturas, las llamadas sin contestar, la mujer que ya no estaba, la mujer separada, el portero adicto al crack, la anciana que bajaba las escaleras marcha atrás, muy despacio, eternamente, cuatro pisos hacia atrás y nunca le pregunté por qué”.
(…)
Nunca le pregunté a la anciana cuál era la razón. La veía bajar las escaleras agarrada al pasamano. Me paraba a mirarla, le ofrecía ayuda, pero nunca pregunté, nunca indagué en el problema, una lesión, una cuestión de equilibrio, un estado mental. Sólo me detenía en el rellano y la miraba bajar, peldaño a peldaño, letona, eso es todo lo que averigüé, y Nueva York, esto también, donde la gente no hace preguntas”.

Don DeLillo, Punto Omega


Aparte de la escena de la ducha, otra de las mejores y mejor planificadas escenas de Pyscho es la de la muerte de Arbogast, el detective interpretado por Martin Balsam.



Herido de muerte, Arbogast desciende las escaleras marcha atrás, hasta caer al suelo junto a la entrada.
Entonces debemos preguntarnos por la coincidencia. Psycho y Punto Omega son dos obras que se rozan deliberadamente desde el momento que DeLillo la visión de la obra Pyscho 24 Hour de Douglas Gordon, como motivo recurrente de su novela. Entonces de un hecho tan inusual como descender una escalera hacia atrás, que ocurre en la película de Hitchcock, sea introducido en la novela por DeLillo solo puede decir que éste pretende que, de alguna manera, Punto Omega funcione especularmente respecto a Psycho.
En el tiempo y en el espacio.

(Los textos mencionados de la traducción de Ramón Buenaventura para Seix Barral)

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10/01/11

Punto omega, de Don DeLillo (IV)

“Todo el mundo recuerda el nombre del homicida, Norman Bates, pero nadie recuerda el nombre de la víctima. Anthony Perkins es Norman Bates y Janet Leigh es Janet Leigh. A la víctima se le exige que comparta el nombre con la actriz que la interpreta. Es Janet Leigh quien entra en el remoto motel cuyo propietario es Norman Bates”.

Don DeLillo, Punto Omega


Marion Crane. El nombre del personaje que interpreta Janet Leigh es Marion Crane.
El olvido es bastante extraño ya que los personajes de Vera Miles y John Gavin se interrogan por el paradero de Marion, llegando incluso a contratar a un detective, Arbogast, interpretado por Martin Balsam, para encontrarla.
Acaso lo que esté insinuando DeLillo, o el narrador, aunque la distinción en este caso no es relevante, es que Psycho termina en la escena de la ducha, o que entre ésta y la escena del sótano hay un vacío narrativo falto de interés… y eso, creo, tiene sentido en el desarrollo de Punto Omega.

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08/01/11

Punto omega, de Don DeLillo (III)


He hecho una película solamente, la idea de una película, como dijo alguien. La hice, la terminé, la vieron, pero ¿qué fue lo que vieron? Una idea, dijeron, sigue siendo una idea"
(...)
"Me dejó exhausto, pudo conmigo, me convertí en el doble frenético de Jerry con los ojos saliéndoseme de las órbitas. A veces lo difícil es difícil porque lo estás haciendo mal. No estaba mal hecho. Pero no quería que Elster lo supiera. Porque cómo iba a sentarle ser un sucesor, un hombre serio tras un cómico desatado"

Punto Omega, Don DeLillo; traducción de Ramón Buenaventura para Seix Barral.

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07/01/11

Punto omega, de Don DeLillo (II)

Al final no escribí nada acerca de Cosmópolis. Parece ser que se acepta que es una novela menor comparándola con el resto de la producción de DeLillo. Obviando está generalización, se puede considerar Punto Omega como la antítesis de Cosmópolis en cuanto el mundo material es sustituido por la inmensidad de la naturaleza y a un comerciante le sucede un pensador. Pero no podemos olvidar el carácter complementario de ambas obras y la recurrencia de DeLillo por el tiempo suspendido. Cosmópolis se desarrolla en 24 horas, como el proyecto Pyscho 24 Hour de Douglas Gordon, y termina de esta manera:

"Este no es el fin. Está muerto dentro de la esfera de cristal de su reloj, pero aún está vivo en el espacio original, a la espera de que suene el disparo"

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05/01/11

Punto omega, de Don DeLillo (I)

Estoy por escribir una reseña ralentizada en el tiempo, demorada en su escritura, una frase diaria.


Pero de momento, mientras releo la novela, me gustaría dejar la reflexión de que sigo creyendo que DeLillo es monumental en sus construcciones “breves”, sea Body Art, el primer capítulo de Submundo, o esta Punto Omega.

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03/01/11

No zones but the zone, en Quimera

Ya está en los kioskos el número de enero (326) de la Revista de Literatura Quimera con el dossier Pynchonary dedicado a Thomas Pynchon, coordinado por Antonio J. Rodríguez, en el que aparece un artículo que escribí titulado "No zones but the zone. Elementos de ciencia-ficción como contexto diegético en Nabokov, Pynchon y Foster Wallace". ¡Menudo titulazo!
El resto de la revista, como siempre, excelente.


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