31/12/10

2011, ¿año del koala?

Es un deseo egoísta pero me gustaría que así fuese. Al menos, para mí será el año del koala.


Por supuesto nada de lo que diga será suficiente para agradecer a Gonzalo Canedo y a Inga Pellisa de Libros del Silencio su confianza desde el principio por Constatación Brutal del Presente.

Así que dejaré de ser un ente anónimo, un seudónimo, me quitaré la bolsa de papel de la cabeza, dejaré de estar representado por un TAC de mi cráneo y seré yo... aunque nunca haya dejado de serlo, aunque nadie me conozca.

En fin, os deseo un Feliz Año con o sin koala.

29/12/10

Timecode (2000), de Mike Figgis



(Ana explica ante los ejecutivos de la productora su idea sobre una película que en cierta manera es la que Figgis está rodando)
Eisenstein y Vertov influenciados por el formalismo ruso (...) crearon lo que se llama "montaje soviético". La discontinuidad en el editado. En esos tiempos, eso era "avant-garde", pero ya no lo es. El sistema capitalista en el que vivimos ha absorbido toda la innovación, todo lo "avant-garde". Es tiempo de avanzar. De ir más allá. Es tiempo de pensar en términos de contenido. Contenido. Enviar, recibir, organizar. Todo lo que existe es contenido. Son tiempos de volver a Leibniz y a su monadología. Es tiempo de actualizar todo eso. Mi película será una película animada, será más que móvil. Una película sin siquiera un corte, un solo momento continuo. Una película sin un solo corte, sin edición y en tiempo real. La música de la película serán las pulsaciones. Una película con contracciones y dilataciones, ritmo, canciones de rap. Como dijo Kantor, repetición es drama, repetición es ritmo,el ritmo es la música, y entonces, la música es el drama. Imaginen cuatro cámaras. Cuatro cámaras ubicadas en la ciudad. Imaginen un género de obra de situación. Una obra a lo Guy Debord. La ciudad como una jungla. Cada una de estas cuatro cámaras seguirá a un personaje, y los personajes se van a encontrar para crear la trama de la historia, la intriga de la película. Pienso que sería una hermosa idea utilizar una de las historias de Borges, uno de sus cuentos : El Otro. Un cuento en el que un hombre joven encuentra a uno viejo. Tienen una conversación y entonces se dan cuenta que son la misma persona. Sería magnífico si estos cuatro personajes fueran la misma persona, en diferentes momentos de su vida. También, como ya hemos dicho, nos estamos acercando a la música de la película en una forma dialéctica. Eligiendo una melodía moderna, estaba pensando en Lied de Hanss Eisler pero con arreglos contemporáneos, el público hará la síntesis.

(Alex, el productor se ríe)

¿Disculpe? (Dice Ana visiblemente molesta)

Continúe (dice Alex sin parar de reír) (Ana deja de hablar muy ofendida) (Alex sigue) Esta es la porquería más pretenciosa que he escuchado. ¿Piensas que alguno de los que están aquí entiende algo de lo que estás diciendo?
No, (dice Ana defendiendo vigorosamente su tesis) Pero es el momento de educar a la gente.
Sabes, (sigue Alex) pensamos que esto es basura, pero lo haremos por ti. Y luego, tú harás nuestra basura. Este es el trato.



Timecode de Mike Figgis

Reseña en Puerta de Babel

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24/12/10

Las correcciones, de Jonathan Franzen (y II)

La “Gran Novela Americana” es un artificio. Leemos:
La "Gran Novela Americana" sería conceptualmente una novela que destaca tanto en su forma como en su tema, de manera que se convierte en la representación más precisa del zeitgeist de Estados Unidos en el momento de su escritura.

La GNA es un artificio. La Navidad, tal y como la celebramos-padecemos ahora, demostración de la voracidad del sistema capitalista y del consumismo sin freno, almibarado con dosis de buenas intenciones y encaminada a la beatífica reunión familiar, es otro símbolo de nuestro zeitgeist y, por supuesto, un artificio.
Las correcciones, una novela aspirante a la calificación de GNA que culmina en la última Navidad de los Lambert, es doblemente artificiosa.

La pregunta era: ¿Cómo salir de esta cárcel?” es tal vez el último pensamiento coherente de Alfred Lambert sumido en los estragos del Alzheimer. La enfermedad como metáfora. La cárcel de Alfred es un hospital donde intentan dar esperanzas a la familia (no al enfermo) a través de una cura experimental. La enfermedad de Alfred le hace confundir la realidad con su delirio personal. La familia intenta engañarse en la ficción de una cura imposible. La Navidad, con sus luces de colores y sus paquetes historiados (papel y lazos y muchas felicitaciones) es la ficción a la que Enid, la mujer de Alfred, se aferra para creer que es posible de forma natural perpetuar el espíritu de cohesión familiar. Y descubre que la realidad es más asequible y amable a través de Aslan, un nombre que remite al león de la saga de Lewis, también conocido como Mexican A, una droga de diseño cuyos efectos, que también conocen sus hijos, es “todo y nada”. Los hijos, Gary, Chip y Denise, viven sus ficciones particulares en forma de patriarcado que se derrumba, de infinito negocio lucrativo o de forzada complejidad sexual. Cada uno de los personajes, padre, madre e hijos, en sus cárceles individuales, se fuerzan a intentar un artificio de familia en un artificio navideño.
¿Cómo salir de esta cárcel? No hay forma de salir de ella, parece ser la tesis de Franzen, y la familia, como entorno donde se desarrollan las aptitudes sociales, se constituye en metáfora de la cárcel. De esta manera los personajes de Las correcciones, cada uno de los Lambert, se convierten en arquetipos con todos sus defectos, sus carencias afectivas y sus disfunciones psicológicas. Son héroes trágicos condenados no por el destino, como en las representaciones clásicas, sino por la mediocridad del artificio en el que viven.
Por eso Las correcciones es una novela dura, porque en ella nos podemos contemplar a nosotros mismos, porque entre toda la exageración que acompaña a todo arquetipo podemos siempre entresacar algo que nos representa. Y lo que Franzen nos muestra de nosotros mismos no es agradable. Y no hay forma de salir de esta cárcel:

(Te metes el cañón de la escopeta en la boca y le das al interruptor)
(…)
Viene uno provisto, desde pequeño, de una voluntad de arreglar las cosas por uno mismo y de un respeto a los objetos físicos individuales, pero, al final, hay algo en la maquinaria interna (incluida la maquinaria mental, como esa voluntad y ese respeto) que se queda obsoleto, y, en consecuencia, por mucho que a uno le queden aún ciertas partes que siguen funcionando bien, no sería descabellado defender la opción de arrojar la maquinaria humana entera a la basura.

Pero ni así. Ni la muerte parece ser escapatoria a esa cárcel. O se demora intencionadamente esa fuga radical ya que, a fin de cuentas, en la cárcel estamos vivos. Aunque sea al modo de una tragedia dostoievskiana.
Alfred es un padre de familia despótico incapaz de transmitir cariño a su familia. Enid es la madre que acepta sumisa su reducción al entorno hogareño. Los hijos, cada uno con sus peculiaridades, tienen inculcado en común la importancia de triunfar.
"A Gary le habría encantado disfrutar siendo un hombre rico y acomodado, pero el país no se lo estaba poniendo demasiado fácil".
"Chip había vivido con el convencimiento de que era posible tener éxito en Estados Unidos sin ganar dinero a espuertas".
"Denise, a quien triunfar le importaba muchísimo,…"

Cada uno de ellos tiene comportamientos caóticos heredados de varias de las características de la conducta de sus progenitores: Gary es despótico como su padre pero su hostilidad topa con la indiferencia de su cónyuge; Chip tiene la visión ingenua de su madre en torno a los negocios, y Denise se debate en la indecisión sexual condicionada por la respuesta de sus padres a su comportamiento.
Decir más sería lanzarse a destripar los entresijos de la novela.
Y ahí estamos nosotros, los lectores, herederos de los Lambert y de un entorno social que nos condiciona y nos engaña.

(Esta reseña sería mi particular felicitación navideña, si es que todavía se puede pensar en Navidad después de Franzen)


Las correcciones es una excelente narración tanto por la creación de personajes, que existen al mismo tiempo como individuos y arquetipos, como por su estructura no-lineal, ya que se va desarrollando separadamente a cada uno de los personajes y sus circunstancias, y por su estructura lineal, ya que toda la narración se encamina a situar el día de Navidad como momento culminante y catártico. Al mismo tiempo Franzen, tremendamente descriptivo y analítico, no renuncia a la belleza literaria, a las imágenes perturbadoras que sirven de contrapunto al realismo psicológico de los Lambert. Escojo al azar: “La tranquilidad de la casa, después de comer, era tan densa que casi alcanzaba a parar los relojes”.

Una maravilla perturbadora.


Los fragmentos de Las correcciones de la traducción de Ramón Buenaventura para Seix Barral

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18/12/10

Amistad de juventud, de Alice Munro

Estoy de nuevo atrapado en esa suave pero arrolladora marea que es la escritura de Alice Munro, en la aparente sencillez de sus relatos y en su compleja y estudiada estructura.
Dice en la entrevista enlazada más abajo: "No puedo ponerme en la cabeza de los hombres por una simple razón: nunca voy a poder sentir, como ellos, que lo más natural sea que todo gire alrededor de mi trabajo y mis intereses".
Tal vez eso sea lo que me disloca leyéndola. Que llegue hasta mi cabeza de hombre y me voltee como un guante, dejándome indefenso y avergonzado en todos los sentidos.
Siento que es así, exactamente, como se debe escribir.
Por eso me alegra que llegue a una conclusión como la mía:

Adoraría escribir ahora una novela, pero el cuento resulta la forma en la que me siento cómoda. Yo siempre pensé que iba a ser novelista. Me decía que cuando mis chicos fuesen grandes y yo tuviese más tiempo para escribir novelas, iba a hacerlo. El cuento estaba puramente determinado por el largo de las siestas de mis hijos Pero después resultó que ésa fue la manera en la que aprendí a escribir y ya no pude hacer otra cosa. Igual debo aclarar que las novelas que más me gustan son las cortas. Mi marido está releyendo el ‘Ulises’, libro grueso si los hay, y todas las noches, cuando me lee un poquito en voz alta, yo pienso, "Qué audaz que soy, cómo tengo el coraje de llamarme escritora cuando alguien escribió esa maravilla". Pero supongo que hay que seguir adelante con lo único que uno sabe hacer, ¿no?


Sigamos adelante

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12/12/10

Los muertos, de Jorge Carrión

La Realidad (como Idea platónica) o Lo Real (como lo plantea Lacan): Las cosas, independientemente de su percepción.
La “realidad” (entre comillas, como quería Nabokov) tal y como la inferimos a través de nuestros sentidos (subjetiva)
La “realidad narrativa” que creamos cada vez que contamos unos hechos.

Sin ser un experto en cuestiones filosóficas (y a pesar de que reconozco que el razonamiento puede ser incongruente y falto de lógica) me atrevo a decir que la persistencia de la realidad se sustenta en la memoria. Ésta conforma lo que podíamos llamar “realidad recordada” que incluye tanto a la “realidad”, inferida y subjetiva, como a nuestra experiencia con la “realidad narrativa”.
De alguna manera el concepto Realidad sólo puede surgir a partir de la observación de que ciertas sensaciones persisten a lo largo del tiempo, empleando para ello la memoria.
Si imaginamos a una persona que no pueda recordar nada podríamos deducir que su vida se reduce a una continua constatación del presente. Sin referencias temporales cada instante sería un aluvión de sensaciones físicas carentes de antecedentes. Tal vez una persona sin memoria, o una especie carente de ella, no llegue a plantearse nunca el concepto-problema de la Realidad. La memoria nos permite controlar la acumulación de sensaciones que recibimos cada instante, nos permite eludir el bombardeo de la realidad a nuestros sentidos. Relegamos parte de la realidad, aquella que no tiene que ver directamente con nosotros, o no de manera determinante en cada momento, a un segundo plano. La Realidad sería el ruido de fondo de nuestra vida o el escenario vacío en el que se desarrolla.

Los muertos de Jorge Carrión se desarrolla en varios planos de “realidad narrativa”. Para potenciar esa suma de realidades en la que la historia alcanza toda su plenitud, el narrador de la novela (o de la no-novela) debe carecer de protagonismo, el autor es el medio por el que obtenemos la información necesaria y los lectores debemos ser espectadores de un artificio en apariencia sencillo (una serie de televisión). No hace falta decir después de esta presentación que Los muertos es un ejercicio narrativo complejo y abierto a múltiples lecturas, imposible de encasillar en un género, sin renunciar, al mismo tiempo, al entretenimiento.
Entretenimiento porque ese es uno de los requisitos indispensables de las series de televisión, que en estos momentos están explorando nuevas formas narrativas para innovar el género al mismo tiempo que, anacrónicamente, persisten los recursos del folletín decimonónico para fidelizar a la audiencia.

Los muertos, además de ser el de la novela, es el título de una serie de televisión. La obra literaria se convierte, en palabras de su autor en un “ensayo sobre la teleserie (que) ha sido escrito con palabras y ha descrito las imágenes y su intención ética y estética mediante figuras del lenguaje”. Sigue el texto: “En esa tensión entre la palabra y la imagen quizás radique el enigma del arte. Nosotros hemos intentado acercarnos a una traducción que sólo puede ser puro deseo”. Todas estas explicaciones parten del axioma de que “una transformación de Los muertos al lenguaje literario es sencillamente imposible”. Estamos pues ante un texto imposible, una aproximación a algo que, a causa de su inexistencia en la “realidad”, aunque plausible en el campo de Lo Real, el lector puede intuir pero no conocer. La imposibilidad de la transcripción literaria de la teleserie se basa en la existencia de ésta. La no existencia en la “realidad” del autor conlleva la posibilidad de la creación literaria de la realidad narrativa en la que la serie televisiva Los muertos existe. Además, de alguna manera, todos hemos visto la serie desde la perspectiva que podemos imaginar como transcurre en base a los textos que describen cada uno de los capítulos de las dos temporadas.
El juego es el siguiente.
En la primera temporada se describe la situación del entorno narrativo de Los muertos. Una ciudad posible, Nueva York, y unas condiciones de ciencia-ficción que entroncan tanto con Terminator (la aparición con grandes estallidos eléctricos de los cuerpos desnudos en algunos rincones de la ciudad) como con la herencia paranoico-narrativa de P. K. Dick (la memoria impuesta y las falsas sensaciones como bases de una realidad infundada) Las referencias cinematográficas son frecuentes ya que el cine acaba constituyéndose en la base de la memoria de los personajes de Los muertos. Literariamente es imposible captar la obvia diferencia entre los personajes de la novela y aquellos que creen ser. La primera temporada se focaliza en los personajes de Blade Runner. La serie de televisión nos permite contemplar cómo actores sin ningún parecido con los de la película de Ridley Scott interpretan a unos personajes que creen “ser” los personajes de la película. Las memorias autoimpuestas de los personajes de Los muertos los convierten en aquellos que creen ser en una ciudad como símbolo de un posible limbo (no olvidemos la persistente referencia a Lost, ni que Carrión escribió la novela mucho antes de que se revelase el misterio final de la serie… lo cual me lleva a reflexionar de nuevo en torno a Dick y su influencia en la narrativa contemporánea, incluyendo su mesianismo esquizoide palpable en el final de Lost)
Si en Blade Runner los personajes se debatían entre la imposibilidad de distinguir una vida real de otra recordada a través de una memoria inducida (una vida no vivida, pero real… Pero, ¿quién vive?, diría Gaff), en Los muertos, los personajes creen ser, ya que esos fragmentos de otras vidas recreadas por actores representando a seres con vidas no vividas es lo que recuerdan más intensamente, los personajes de Blade Runner. Lo importante no es si son o no son esos personajes, en Blade Runner, por mucho que algunos se empeñen, no es importante si Deckart es o no un replicante, sino que creen serlo y viven conforme a esa personalidad. Roy es Roy y Gaff es Gaff aunque no se parezcan en absoluto a Rutger Hauer o a Edward James Olmos.



La memoria, sea ésta del cariz que sea, se constituye en la generadora de la realidad de los personajes de la serie Los muertos.
Y en ese aspecto se centra la segunda temporada de la serie que contiene la tesis más importante de la novela de Carrión: La desaparición de la memoria histórica.
En la segunda temporada de la serie las familias de los Soprano y la de los Corleone luchan por el control de la ciudad. Es una lucha sin más sentido que la propia lucha, una carniceria motivada por recuerdos adquiridos y que se contraponen al pertenecer a dos realidades narrativas que coinciden en un mismo tiempo y un mismo lugar. La falta de memoria histórica que les permita contemporarizar sus acciones les conduce a una lucha sin sentido objetivo. Por otra parte, una serie de personajes que creen ser quienes sufrieron el exterminio nazi se agrupan para intentar evitar las sucesivas desapariciones que, como un virus implacable, va diezmando la población de la realidad de Los muertos: “Los que estamos aquí (…) ya hemos sufrido dos desapariciones. A la de cualquier ciudadano, a la que nos trae a este mundo extraño, nosotros le sumamos una anterior, colectiva, devastadora, inexpresable. Una desaparición sin nombre porque ningún nombre puede hacerle justicia”. La falta de nombre obedece tanto a que no hay nombre posible para el horror como a que no hay nada en la memoria impuesta que les permita saber el nombre (Holocausto, Shoah…) con el que se conoce históricamente. Pero la nueva desaparición de esas personas, que aún sin ser quienes creen ser son garantes y depositarios de la memoria del horror, nos hace reflexionar sobre la capacidad de pervivencia de la memoria histórica y de la urgente necesidad de ella.
Los muertos describe un mundo terrible. No porque en él nada sea lo que debería ser, algo únicamente cierto desde nuestra perspectiva de lectores-espectadores creyentes fervorosos en nuestra “realidad”, sino porque su desaparición, un deus ex machina introducido por los autores de la serie, nos lleva a cuestionarnos la pervivencia de nuestra propia realidad.
De todas formas, con su construcción de la novela, Carrión deja claro que la diversión, el entretenimiento, no es incompatible con la reflexión. Extrapola literariamente lo que está ocurriendo en el mundo de la televisión donde algunas pocas series (tampoco nos sintamos tan ufanos, son excepciones) elevan la narración a niveles literarios.
La serie finaliza con una sucesión de tomas de ciudades del mundo completamente vacías. Como espectadores de Los muertosestábamos teniendo acceso a un mundo prohibido, a un infierno que nos acusaba como responsables”.
Y eso es casi todo.
Salvo que una reseña no puede alcanzar el grado de intensidad de una novela que nos hace reflexionar, al igual que una novela no puede captar la fuerza narrativa de una serie televisiva que conmueva nuestra conciencia, al igual que una serie televisiva o una película no pueden ni acercarse a describir la devastadora e inexpresable crudeza del horror y el exterminio.
Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo.
Pero puede acercarse.
Leed Los Muertos.

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08/12/10

Las lecturas de 2010 en Hermano Cerdo

Por si no os habeis fijado en el enlace del lateral, se ha inicado en Hermano Cerdo el tradicional especial sobre las lecturas del año. Aquí teneis las primeras siete crónicas y las siguientes en el blog de HC
Mi aportación la podéis leer pulsando en la imagen:

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¿Cansado de ver El lamento de Portnoy siempre igual? ¿Las letras blancas y el fondo negro te marean?

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