28/10/10

Ruido de fondo, de Don DeLillo

Leer ahora al DeLillo de 1984 implica comprobar como su forma de narrar ha influido en escritores posteriores. Ahí está David Foster Wallace, por ejemplo. Y es también sorprenderse ante la fluidez y el desarrollo de una historia crítica y sardónica que explora las miserias de sociedad estadounidense. De su clase media-alta.
Y aquí está mi problema (que no tiene nada que ver con la espléndida novela de DeLillo)
No logro conectar con esa sociedad hipocondríaca y paranoica que habitan nuevos suburbios residenciales con casas de dos plantas separadas por vallas de madera que se abren a calles sin más circulación que la de los propios vecinos. Me pasa con DeLillo (véase Submundo ), con Richard Ford (al que no acabo de entender, véase El periodista deportivo ) y también con películas como American Beauty o series de televisión como (no os riáis) Desperate Housewives (aka Mujeres desesperadas). No entiendo como en lugares tan asépticos y aislados se puedan desarrollar tramas narrativas que lleguen a conmover. Tal vez Ford, en su saga de Bascombe, llegue a la inmersión total en la mediocridad de esa particular clase social. DeLillo mantiene una actitud crítica e irónica, rozando la comedia absurda para describir los miedos y las miserias afectivas (usando una expresión políticamente correcta tal vez se la debería llamar disfuncionalidad afectiva) de una clase social que parece tenerlo todo. No lo entiendo porque no logro empatizar con los “problemas” de los personajes… no, no es estrictamente correcto, puedo empatizar con los problemas de los personajes dentro de los parámetros narrativos (al menos puedo hacerlo con DeLillo, aunque no con Ford, lo cual podría señalar al primero sobre el segundo en cuestiones literarias), pero no puedo aceptar la crítica social que encierra porque no puedo aceptar que exista una sociedad, una clase social, como la que caricaturiza el autor en la novela.
Para mí, Ruido de fondo es una novela de ciencia-ficción.

POR FAVOR TENGA EN CUENTA LO SIGUIENTE. Dentro de algunos días le llegará por correo su nueva tarjeta bancaria automatizada

Y, claro, para que todo hubiese sido perfecto, el Niodeno-D, el compuesto que forma una nube tóxica que acecha el paraíso artificial en el que habitan los personajes de Ruido de fondo, debería haber sido uno de los componentes del aerosol de Ubik.

“—¿Qué es el Ubik? —preguntó Joe, deseando retenerla.
—Un frasco de aerosol de Ubik —respondió la joven— consiste en un ionizador negativo portátil, con una unidad autocontenida, de alto voltaje y baja intensidad, alimentada por una pila de helio de veinticinco kilovatios de ganancia máxima. Los iones negativos reciben un giro de sentido contrario a las agujas del reloj, que les imprime una cámara de aceleración de nuevo diseño, creadora de una fuerza centrípeta tal que las partículas ganan cohesión en vez de dispersarse. Un campo iónico negativo reduce la velocidad de los protofasones habitualmente presentes en la atmósfera. Al decrecer su velocidad, dejan de ser protofasones y, según el principio de paridad, ya no pueden enlazarse con los protofasones irradiados por los individuos conservados en hielo sintético, lo cual significa, al menos durante un cierto lapso de tiempo, un incremento neto de la intensidad del campo de actividad protofasónica”

No hay ni rastro de Niodeno-D (“Contiene hojas de adelfa homogeneizada, salitre, esencia de menta, N-acetilo-p-aminofenol, óxido de zinc, carbón vegetal, cloruro de cobalto, cafeína, extracto de digital, esteroides (indicios), citrato sódico, ácido ascórbico y colorantes y aromatizantes artificiales”) pero eso no implica que Ruido de fondo no se pueda leer como una de esas historias de Dick en las que la realidad se oculta bajo varias capas y las percepciones de los personajes, aunque consistentes, pertenecen a un entorno falso. Yo puedo entender Ruido de fondo de esta manera porque el ambiente descrito por DeLillo, en el que se desarrolla la historia, me parece completamente irreal y falso (y no en ese sentido estrictamente narrativo que fundamenta la dicotomía realidad-ficción). Y, de hecho, los personajes perciben su realidad como algo ajeno que no puede alcanzarles.
La nube tóxica se expande en el capítulo 2, Escape tóxico a la atmósfera:

-Quizás deberíamos estar más preocupados por la nube en expansión- dijo-. Si insistimos en decir que no va a pasar nada es a causa de los niños, para no asustarles.
-No va a pasar nada
-Yo sé que no va a pasar nada, y tu sabes que no va a pasar nada, pero en cierto modo deberíamos pensar en esa posibilidad a cierto nivel, aunque solo sea por si acaso.
-Esas cosas le ocurren a la gente pobre que viven en zonas desprotegidas. La sociedad está organizada de tal modo que son los pobres y los analfabetos quienes sufren el impacto principal de las catástrofes naturales y artificiales. Son los habitantes de las zonas deprimidas quienes sufren las inundaciones, son los que viven en chabolas quienes soportan los huracanes y los tornados. Yo soy catedrático de universidad. ¿Has visto alguna vez a un catedrático remando en un bote a lo largo de su propia calle cuando han salido inundaciones en televisión? Vivimos en un pueblo limpio y agradable situado cerca de una universidad de nombre pintoresco. Estas cosas no ocurren en lugares como Blacksmith.

Estas cosas no ocurren en lugares de nombre pintoresco. Los personajes han creado una ficción que les mantiene a salvo de la realidad. Las urbanizaciones-suburbiales de la clase media-alta estadounidense se constituyen en espacios “dickeanos”, en falacias perceptivas que finalmente no impiden que la realidad (sea cual sea, bien la verdadera realidad, bien otra realidad ficticia) irrumpa en su entorno y deje una duda, la de la inminencia de la muerte. Porque al final todo se resume a los mensajes que Runciter deja en las paredes de los lavabos: “Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos”. El mensaje que todo profesor universitario quiere dejar para que los otros habitantes del suburbio elitista puedan leerlo. Yo estoy vivo.
O no.
El paraíso tiene fecha de caducidad, la de aquellos que lo habitan.
El resto seguiremos remando tras las inundaciones.
Y leyendo a DeLillo como al excelente novelista que es y descubriendo entre líneas la hibridación de la ciencia-ficción con el nuevo realismo.


Fragmentos de White Noise, Ruido de Fondo, de Don DeLillo, en la traducción de Giani Castelli para Seix Barral y de Ubik, de P. K. Dick en la traducción de Manuel Espín para Martínez Roca.

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22/10/10

Pro urodov i lyudey (Of Freaks and Men, 1998), de Alexei Balabanov

San Petersburgo es una ciudad completamente desierta en la película. Solo los personajes se mueven en el exterior. Se desplazan en barcos de vapor por el río, caminan por las calles dominadas por impresionantes edificios sin nadie más en ellas. La presencia del ferrocarril es el constante elemento de fuga. Al final de la película podemos ver a un grupo de hombres embarcándose. Todos llevan un sombrero bombín y una maleta de cuadros, como salidos de un cuadro de Magritte. De El asesino amenazado, quizás.





Con su primera mirada sobre el río, el personaje de Yohan ya demuestra su voluntad de apoderarse de la ciudad. Por eso sus calles están vacías, porque toda la acción se desarrolla en sórdidos sótanos, en las lujosas mansiones de los burgueses y en teatros, los lugares que Yohan quiere dominar. En un desvencijado edificio Yohan fotografía a dos jóvenes sirvientas azotadas en sus nalgas descubiertas. No duda en matar. Porque ya está escrito que “la burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñarán esas armas, los obreros modernos, los proletarios”. Yohan es un revolucionario, la pornografía su arma.


Y digo “revolución” porque el aire de extrañeza que se desprende de la escenografía de la película (los exteriores vacíos, el tono sepia del film, la morbosa fascinación que las fotos pornográficas ejercen sobre los personajes, las máquinas a vapor, las peculiaridades de éstos, que impiden saber cuales son los “hombres” y cuales los “monstruos”) nos hace pensar que estamos frente a una narración alegórica.
Y claro, Rusia, principios del siglo XX, nos lleva a Octubre.


Pero además entre los personajes se encadena una serie de relaciones alternativas de sumisión-opresión. Como en una cadena en que cada eslabón se relaciona con el que le antecede y el que le sucede, aquí los personajes se encadenan a sus opresores y esclavizan a sus víctimas. La liberación de alguno de ellos, a través de la violencia, servirá para mostrarles nuevas cadenas personales de las que no pueden evadirse. Porque todos somos esclavos de nuestras pasiones.


La Revolución trae nuevas cadenas. Pero, quizás Balabanov no piensa en la Revolución en Pro urodov i lyudey y la narración no esconda un mensaje alegórico. Lo que es cierto es que es una película interesante y que invita a ser revisada.

(Un día después pienso que Pro urodov i lyudey puede no tener nada que ver con la revolución… tal vez esté más emparentada con Peeping Tom… no sé)

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19/10/10

Diario de un mal año, de J. M. Coetzee

Escribir sobre Diario de un mal año de J. M. Coetzee puede ser redundante ya que hay buenas reseñas en la red que explican la temática y la estructura de la novela.
Me gustaría resaltar la elogiosa de José Morella en La tormenta en un vaso, la que encuentra los defectos de la novela a cargo de Claudio Isaac en Letras Libres, la incisiva de Ignacio Echevarría publicada en El Mercurio y recogida en Escuela de Letras y la retorcida y tergiversadora reseña de Sánchez Dragó que copia parte de las opiniones vertidas en la novela por el personaje principal para solicitar que maten (sic) a Coetzee.

Está confusión de Dragó sobre las opiniones que sostiene en la novela el personaje que se puede, en cierta manera, admitiendo el juego metanarrativo, identificar con el propio autor, lleva a preguntarse sobre la validez de las opiniones en sí.
Me explico.
Un escritor como Coetzee, cuyo prestigio es incuestionable, no tendría ningún inconveniente en encontrar un editor que quisiera publicar sus hirientes y “políticamente incorrectas” opiniones contundentes (no olvidemos la sombra de Nabokov que planea por toda la novela). El hecho de que aparezcan dentro de una novela y sean atribuidas a uno de sus personajes (a pesar de que personaje y autor tengan circunstancias comunes) pone en entredicho la validez intrínseca de dichas opiniones. Son parte de una ficción y, consecuentemente, ficción a su vez. No digo que las opiniones carezcan de valor como tales, sino que su ficticia atribución le resta valor en sí. Asumimos que las opiniones deben ir respaldadas por quien las afirma. Pero aún estando firmadas por un personaje ficticio la vigencia y la contundencia de las opiniones abren debates muy interesantes.

Así pues, el primer punto es que esta novela es una ficción (cosa que no parece entender Sánchez Dragó)
El segundo sería que Diario de un mal año trata sobre los límites de la opinión y la influencia de las circunstancias personales en lo que se dice.
A lo largo de la novela, evolucionando a través de las tres partes en que se divide casi cada página del libro, vemos como el anciano solitario lleva en principio hasta las últimas consecuencias los temas que trata y como, a través de su relación con la mujer que transcribe sus textos, sus opiniones se suavizan. J. C., el personaje escritor de la novela, empieza opinando contundentemente y termina intentando agradar a la mujer a través de sus textos. Además, las opiniones de J. C. tienen el contrapunto de la versión neoliberal de la pareja de la mujer, un siniestro y celoso economista dispuesto a usar cualquier método para controlar los actos de J. C., tanto en el terreno ideológico como en el sentimental.
El tercero sería que Coetzee toma partido por su personaje sin dejar de denunciar su patetismo.

¿Todo es opinable? Sí. Pero hay que aceptar que tanto la sociedad impone límites a lo que decimos. Y que también lo hacemos sobre nosotros mismos.

Puestos a escandalizar descontextualizando, como hizo Sánchez Dragó, tal vez hubiese sido más interesante destacar este fragmento:
¿Y qué decir de la representación de niños relacionándose sexualmente no con adultos sino con otros niños? Lo que convierte a la imagen en culpable, según la nueva ortodoxia, no parece ser la idea del sexo entre menores (…) ni tampoco el hecho del sexo, real o simulado, entre actores que son menores, sino la presencia en alguna parte de una mirada adulta, detrás de la cámara o en la sala del cine a oscuras. Una cuestión muy interesante sería plantear si una película hecha por menores, utilizando a actores menores que realizan actos sexuales y que se exhibiera solo ante menores infringiría el tabú.
(Traducción de Jordi Fibla)
Si la idea parece perturbadora, ¿pedimos la cabeza de J. C. por pensarlo, la de Coetzee por escribirlo, la de Fibla por traducir el texto, la mía por transcribirlo?

¿Y la culpa? Es muy interesante la discusión entre J. C. y Anya en torno a la vergüenza y la culpa, en torno a la deshonra, en torno a cómo todo nos alcanza y cómo no merecemos esa culpa que ostentamos.
En fin, es una novela de Coetzee. Con eso ya está todo dicho. No leerla es un delito.

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12/10/10

Inframundo, de Javier A. Moreno

Javier es mi amigo.
Esta circunstancia tal vez me inhabilite para comentar
Inframundo, la colección de relatos que nos regala.
Algunos también pensarán que al ser regalado su valor literario disminuye.

Pensad lo que queráis. Sospechad, recelad. Pero no dejéis que la suspicacia os prive de leer unos buenos relatos.

Como ya comenté en torno a
Lo definitivo y lo temporal Javier es capaz de dejar un poso de tristeza en cada uno de sus textos, trasmite una sensación extraña, la de pérdida de un paraíso que a su vez se muestra sórdido y siniestro. En Inframundo vuelve a dejarnos esa congoja con sus textos aparentemente inacabados, que parecen surgir de ningún sitio, pero en esta ocasión el campo de experimentación es el sobrenatural. O no. Tal vez sea más correcto decir que la imprecisión, la falta de ubicación, su atemporalidad, formen el campo común de todos los relatos. La extrañeza, no del mundo, que todos sabemos que es jodidamente extraño y cruel, sino conseguida a través de la mirada de Javier, que planea sobre situaciones aparentemente comunes o genéricas y las trasforma en inquietos escenarios de donde el lector deberá salir por su cuenta.

Descargadlo. Pocos autores son tan generosos.

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09/10/10

Machete, de Robert Rodríguez

No suelo usar estos calificativos pero hay que decirlo: Machete, de Robert Rodríguez es una puta mierda.
Tengo que alabar la defensa que
Mr. Absence hace de la película. En cierta manera puedo coincidir con él cuando dice que “Machete es la serie bé ideal que nunca nos fue entregada”. Pero dejando aparte de los deseos de diversión y la alabanza al cine de derribo hay que darse cuenta que la película está pésimamente dirigida, torpemente montada, carece de ritmo y parece terminada por aficionados.
Ya dije en su momento que
Planet terror se adaptaba mejor al concepto de serie B que Death Proof, dentro del proyecto conjunto de Tarantino y Rodríguez del que surge también la idea de Machete. Si decía entonces que la serie B se caracterizaba por su carácter lúdico también decía que lo hacía por su honestidad.
Pero no hay honestidad en
Machete.
Y eso no es lo más preocupante.
Machete se presentó fuera de concurso inaugurando el 67 Festival Internacional de Cine de Venecia lo cual demuestra que la serie B ha dejado de ser el recurso y el lugar de los cineastas menos afortunados económicamente y más entusiastas cinematográficamente para convertirse en un lugar común. En un panorama sin ideas, la serie B se convierte en el patrón que nos quieren imponer para medir la cinematografía mundial. Una inversión de 20 millones de dólares, según consta en IMDB, deslegitimiza a Machete como serie B y la convierte en un producto estratégicamente planeado.
Pero ni todas esas ventajas a favor (inversión, distribución internacional, presentación en certámenes) pueden convertir a Rodríguez no digo ya en un buen sino en un decente director.
Además, la película no tiene ni pizca de gracia.
De castigo no cuelgo ni una foto.

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07/10/10

Nobel de literatura 2010

(...) "servir al bien de la humanidad"

En un mundo utópico la literatura serviría al bien de la humanidad.
Pero la grandeza de la literatura es que no tiene utilidad práctica.
Iba a escribir "no sirve para nada"


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03/10/10

Expurgar o espulgar

Todavía sigo dándole vueltas al artículo de Rosa Montero publicado en Babelia, Las páginas tediosas de 'La montaña mágica' en el que nos invita a saltarnos las partes de los textos clásicos que cada cual pueda creer carentes de interés:

“Por eso creo que hay que leer La montaña mágica y saltarse sin complejo de culpa todas las páginas que te parezcan muertas. O ignorar las tediosas novelitas pastoriles de la primera parte del Quijote. O pasar a toda prisa las aburridas y meticulosas descripciones de ballenas que incluye Moby Dick. Todos estos libros son maravillosos porque crecen y cambian y están vivos: uno no puede acercarse a ellos como si fueran textos sagrados esculpidos en piedra, dogmas temibles e intocables. Sáltate páginas, en fin, sumérgete y disfruta”.

Para empezar, siguiendo sus consejos, me saltaré todas las páginas, sin excepción, escritas por Rosa Montero. No se me ocurre siguiendo este consejo expurgatorio como abordar, por ejemplo, Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, por citar a un clásico, o La broma infinita, o toda la narrativa de Pynchon. Supongo que en última instancia lo que sugiere la autora es que nos limitemos a la narración lineal, sin discursos ni digresiones, que, en última instancia, la adaptación cinematográfica es suficiente para acercarnos a los clásicos o que, lo que sería más terrible, que las versiones abreviadas, una tendencia que (espero) desapareció hace años para siempre, es la vía rápida por la que podemos afirmar con orgullo que hemos leído a los clásicos.
No entiendo La montaña mágica sin “la verborrea mortecina de Naphta y Settembrini”, al igual que no entiendo el Quijote sin los otros textos que se entrecruzan a la narración principal. Ni Moby Dick sin las exhaustivas descripciones de los métodos de captura. Eso es la esencia de las obras literarias y no hay páginas prescindibles.
Que te gusten más o menos es otra cuestión.
Supongo que la obra de Proust debería reducirse a un resumen de acontecimientos y el Ulises a su esquema.

En fin. No quería hablar de esto. No era necesario remover un artículo, que ni siquiera es polémico por su simpleza, publicado en mayo.

El número de octubre de Quimera trae un interesante (y verdadero) dossier sobre Stanislaw Lem, sin duda uno de los autores más importantes del siglo XX por su ruptura de las barreras entre géneros y quizás, por ese mismo motivo, uno de los más incomprendidos al estar relegado al ghetto del subgénero. Nabokov, Pynchon y Wallace han practicado también esa ruptura de géneros introduciendo temas propios de la ciencia ficción en sus novelas… pero esa es otra historia (que será desvelada en su momento).

Pero lo mejor de la semana es el regalo que Javier Moreno nos hace desde su blog: Su colección de textos Inframundo. Descárguenla, no se arrepentirán.
(Si no tienes lector de e-books, instala en tu pc Adobe Digital Editions. Funciona)

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