31/05/10

La Iliada en El pez volador

No puedo evitarlo. Lo que ha hecho Martín Cristal en El pez volador me entusiasma. Resumir, esquematizar La Iliada de Homero a través de divertidos y elocuentes gráficos:






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29/05/10

Dennis Hopper

-¿Sabe lo que está diciendo? ¿Lo sabe? Esto es dialéctica. Es una dialéctica muy simple. Del uno al nueve, ni quizás, ni suposiciones, ni fracciones. No puedes viajar por el espacio, no puedes ir al espacio con fracciones. ¿Vas a aterrizar sobre 1/4 o sobre 3/8? ¿Qué vas a hacer si viajas de aquí a Venus? Eso es la dialéctica, la física, ¿de acuerdo? La lógica dialéctica es que sólo hay amor y odio. O amas a alguien o lo odias.
-Estúpido





¿Sabes qué es una carta de amor? ¡Es una bala de una jodida pistola, idiota! Si recibes una carta de amor mía, ¡estás jodido para siempre! ¿Comprendes, imbécil? ¡Te enviaré directo al infierno, desgraciado! "En sueños, camino contigo. En sueños, hablo contigo. En sueños, tú eres mía todo el tiempo. Por siempre en los sueños."





Me encanta este tipo

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26/05/10

Aruitemo, Aruitemo de Hirokazu Kore-eda

Sobre Aruitemo, Aruitemo (Still Walking) (2008) de Hirokazu Kore-eda dice el propio director:

En los últimos seis años he perdido a mi madre y a mi padre. Ahora, en mi papel de hijo mayor desagradecido que siempre usó las obligaciones laborales para excusar sus largas ausencias, me invade el pesar: “Si hubiera sido más....”, “¿Por qué les dije eso?”. Still Walking se basa en los pesares que todos compartimos. Los personajes son gente normal y la historia transcurre durante un solo día. Al contrario de los dramas estadounidenses, no ocurre nada muy importante en las 24 horas que dura la reunión familiar. Sin embargo, en el transcurso de ese día aparentemente tranquilo, la marea va y viene, pequeñas olas rompen en la superficie. Por ejemplo, la preocupación del protagonista por la avanzada edad de sus padres, pero nadie lo nota. O la negociación entre la novia y su suegra acerca de un nieto. Será un secreto, nadie sabrá nada. En está película no hay tormentas. Tan solo el “antes” y el “después” de los dramáticos acontecimientos que se descubren poco a poco. En otras palabras, me he centrado en las premoniciones y en las revelaciones de la vida, porque creo que es aquí donde puede encontrarse la esencia de la vida. Ya que la película nació a partir del pesar, me empeñé en que fuera una película llena de vida. En vez de enseñar cómo se encaminaron mis padres hacia la muerte, preferí capturar un momento de vida, y envolver en ese momento todas las ambigüedades de la memoria familiar. Como las fotos de un álbum. A pesar de ser una película de ficción, me basé en la personalidad de mi madre y en su forma de hablar para la madre del protagonista. Quería hacer una película en la que reconociera a mi madre. No quería llorar su pérdida, sino volver a reír con ella. Así nació este largometraje.”

No encuentro la fuente de estas declaraciones. Las reproduzco aumentando viralmente su difusión. Tal vez sea un texto promocional. De todas formas me sirve para destacar un detalle que me llama la atención: “Al contrario de los dramas estadounidenses”.
Da la impresión a lo largo del film que, a pesar de tratarse de una película genuinamente japonesa, hay cierto intento de conexión con el público occidental. Ciertos comportamientos de los personajes, sobre todo los de la madre, son explicados cuando las actitudes y los gestos, esa maraña de sutilezas, cortesía y protocolo, dejan claro sus intenciones.
Es decir, Kore-eda es en Aruitemo, Aruitemo, complaciente con el público occidental, todo el planteamiento narrativo se basa en la contraposición a los dramas estadounidenses en cuanto a tempo y actitudes de los personajes, pero al mismo tiempo deja bien claro con sus explicaciones cualquier sutileza que un espectador occidental podía pasar por alto.
La madre explica que hará volver año tras año al joven al que su hijo salvó la vida perdiendo la suya, sencillamente para recordar la deuda de gratitud y hacerle sentir mal; la madre refunfuña en la bañera sobre el yerno; la madre confirma que estrecha la mano de la mujer de su hijo y al hijo de ésta para marcar las diferencias…
No me parece necesario.
O quizás, explicar estas cosas al espectador occidental es tan relevante como el apretón de manos.

Aruitemo, Aruitemo es una película que se desarrolla en oposición a dos factores: Opuesta (y condescendiente) a la sensibilidad occidental y opuesta (y complementaria) a Tokio Monogatari de Yasujiro Ozu.
Porque da la sensación de que la película de Kore-eda funciona como contraremake de la de Ozu.
Hay varios planos que nos llevan directamente a Tokio monogatari: El tren atravesando la pantalla, los planos fijos de plantas que funcionan como interludios, los interiores…
Pero además hay cierta similitud-oposición narrativa. En la película de Ozu un anciano matrimonio abandona su casa en el campo para visitar a sus hijos en la ciudad. Su presencia es incómoda para todos ellos, pero la única que se entrega totalmente al cuidado y a la complacencia de sus suegros es la viuda del hijo fallecido de los ancianos. En la película de Kore-eda, dos hermanos con sus respectivos cónyuges visitan a sus padres que viven en el campo el día del aniversario del fallecimiento del otro hijo del matrimonio. La hermana está empeñada en quedarse con la casa de los ancianos y el hermano, que no se lleva bien con su padre, está casado con una mujer viuda que tiene un hijo de su anterior matrimonio.
Los papeles cambian con el tiempo, los hijos que nos muestra Ozu son los padres para Kore-eda, algo lógico teniendo en cuenta los cincuenta y cinco años que separan a ambas películas. La delicadeza de la relación que establecen la madre y la nuera viuda en Tokio Monogatari, roza el insulto por parte de la anciana en Aruitemo, Aruitemo; la indiferencia del hijo en Ozu (pediatra), es la del padre en Kore-eda (médico).
La principal diferencia formal estriba en que mientras la cámara de Ozu parece un espectador discreto que se queda en la entrada de la vivienda, de ahí esos planos realizados con la cámara a ras de suelo, la de Kore-eda es un intruso con intención de documentar todos los aspectos de las relaciones familiares. Por eso Tokio Monogatari destaca por su clara y conseguida voluntad artística y Aruitemo, Aruitemo por su voluntad narrativa.
Kyôko Kagawa que hizo el papel de la hija soltera en Tokio Monogatari trabajó también con Kore-eda en Wandafuru raifu… pero esto no es más que una anécdota… o quizás una demostración de que Kore-eda quiere ser el heredero de Ozu. Pero creo que en Aruitemo, Aruitemo la referencia es demasiado evidente. De alguna manera, quizás lastrada por los dos aspectos mencionados, la condescendencia con el espectador occidental y la evidencia del homenaje a Ozu, esta película de Kore-eda no alcanza la intensidad emocional y artística de Alter Life (Wandafuru raifu) o de la demoledora (tanto que ni me atrevo a hablar de ella) Nadie sabe (Dare mo shiranai), pero de lo que no cabe duda es que nos encontramos ante uno de los mejores cineastas de nuestro tiempo.

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25/05/10

Lost, la conexión oriental

Contiene SPOILERS

En 1998 Hirokazu Koreeda dirige Wandâfuru raifu (After Life). En la película las personas que acaban de morir son recibidas en una especie de colegio donde se les comunica su fallecimiento y se les anuncia que tienen tres días para escoger el único recuerdo de su vida que podrán llevarse en su tránsito. Dicho recuerdo será recreado y filmado por un equipo cinematográfico especializado en el tema, para que sea esa filmación, esa recreación de un instante afortunadamente feliz en la vida de cada uno de los recién fallecidos, lo único que podrán llevar con ellos cuando sigan adelante.
La recreación de un momento feliz, una ficción sobre una realidad vivida pero condenada a extinguirse.
Más o menos sobre eso trataba
Lost.



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22/05/10

Extinción, de David Foster Wallace

He dejado pasar mucho tiempo desde que leí los textos, me resisto a llamarlos relatos, recogidos en Extinción. Veo que hay una única página marcada. Leo:


La paradoja de la fraudulencia consistía en que cuanto más tiempo y esfuerzo invertías en resultar impresionante o atractivo a los demás, menos impresionante o atractivo te sentías por dentro: eras un fraude. Y cuanto más fraude te sentías, más te esforzabas en transmitir una imagen impresionante o agradable de ti mismo para que los demás no descubrieran a la persona vacía y fraudulenta que realmente eras. Por lógica, lo normal sería pensar que en cuanto una persona supuestamente inteligente de diecinueve años fuera consciente de esta paradoja, dejaría de ser un fraude y se conformaría con ser él mismo (fuera lo que fuese) porque se daría cuenta de que ser un fraude era una regresión infinita y viciosa que al final solo conducía a estar asustado, solitario, alienado, etcétera. Pero esta era la otra paradoja, de orden superior, que ni siquiera tenía forma o nombre: yo no lo hacía, no podía hacerlo.

El neón de siempre, Extinción, David Foster Wallace, traducción de Javier Calvo para Mondadori.


Partimos del axioma de que lo que un autor escribe no tiene nada que ver con su vida real. Pero ahí está la paradoja de la fraudulencia.
No tengo tiempo para entrar en sutilezas. Si alguien lo está puede ir a presspectiva, dossieres, Literatura americana, David Foster Wallace, y leer "La paradoja del superyo en la narrativa breve", de Antonio J. Rodriguez.

He dejado pasar mucho tiempo desde que acabé de leer Extinción para ponerme a escribir esta nota. A veces es interesante poner distancia con los textos. Después de un mes y medio ¿qué queda de los textos de Wallace?: Un spiderman armado escalando un edificio, un tipo que hace esculturas de mierda, la cara del padre Karras , los trabajadores de la redacción de la revista Style en el World Trade Center a quienes “Les quedaban diez semanas de vida”…
Lo que ocurre con los textos de Wallace es que intenta captar todos los aspectos de las situaciones que describe, adoptando todos los puntos de vista, explorando todas las subtramas que generan sus historias. Cada texto de Wallace es una porción de Todo que habla de Todo y no concluye Nada.
Ser no-concluyente no es un defecto.
Pero la manera de narrar de Wallace exige un gran esfuerzo al lector, de modo que esa entrega agotadora a la que nos entregamos puede resultar decepcionante por la no obtención de resultados. Como ocurre con la inconclusión de La broma infinita.
Da la impresión de que Wallace experimenta con formas narrativas que acaba abandonando. Los textos conceptualmente están finalizados, pero dan la impresión de ser esbozos, retazos, fragmentos de una obra más extensa y que comprendiese todas las posibilidades narrativas de la realidad, todas las expresiones posibles de retratarla, desde el informe corporativo hasta la metaliteratura (o lo que sea). Como si David Foster Wallace supiera que no tiene tiempo para desarrollar sus obras en toda la extensión posible y después limitase voluntariamente su tiempo. La paradoja de la fraudulencia.
Todos esos textos cercenados, parciales, sucintos (aunque no en extensión) considerados impresionantes y atractivos le convertían a sus propios ojos en un autor cada vez menos impresionante y atractivo. Si nuestro axioma fuese falso, si la vida real tuviese algo que ver con lo narrado en El neón de siempre, resultaría que entre todos matamos a David Foster Wallace.
No. No es posible ahora hablar de los textos de David Foster Wallace sin aceptar que cada vez que entramos en sus relatos sentimos ese olor a bacon que nos abre el apetito antes de encontrar el cadáver con la cabeza en el microondas.
Por suerte Rodrigo Fresán escribió sobre Extinción antes del fin.

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19/05/10

reseña: (TITULO) de (AUTOR)

reseña

1. f. Narración sucinta.

2. f. Noticia y examen de una obra literaria o científica.

(…)

Una buena reseña, necesariamente, debe reflejar la interpretación y evaluación crítica de quien la realiza.

Una reseña no debería dejar traslucir las obligaciones contractuales que unen a reseñista y reseñado, sean estas del tipo que sean. Leo una novela anodina, plana, vacua, irrelevante, falta de originalidad, que se alimenta del talento de otros. Leo reseñas en la red que aplauden la valentía, el riesgo, la innovación, la singularidad, la revolución formal de esa misma novela.
Ahora bien, cuando escribo la reseña (ahora) no pongo ni el título ni el autor de la novela.
No me atrevo.
La cobardía es el motor de esta reseña.
La verdad es que podría poner unos cuantos títulos de unos cuantos autores. La red, Internet, se está convirtiendo también en un lugar dominado por el corporativismo. Y mientras que a esas personas que alaban injustificadamente las virtudes de una novela se les aceptan sin duda todos sus argumentos, si yo escribiese que (TITULO) de (AUTOR) es una mierda, que me parece pésima y vulgar, rutinaria y nada innovadora, se me exigiría justificaciones de todo tipo y a cada razonamiento que diese se le exigirían nuevos justificantes y así hasta concluir que yo no tengo argumentos validos para denostar esa novela (o cualquier otra de un autor contemporáneo que tenga buenos amigos en la red)
No. No tengo argumentos. Ni tiempo que perder en justificar los motivos por los que (TITULO) de (AUTOR) me parece una mierda.

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14/05/10

¡Hermano Cerdo nº 24 es enorme!



Lo crean o no, después de un año de ausencia, Hermano Cerdo, la revista de los campeones, vuelve al ataque, con un número gigante, que lleva por título "Un paseo por el cuento norteamericano contemporáneo". Once cuentos (todos traducciones), seis reseñas, tres ensayos... y muchas cosas más. Si se editara en papel no la podrían cargar; pero como es una revista electrónica, Hermano Cerdo sigue siendo la mejor revista de literatura y artes marciales del mundo.

Eso dice René en Teoría del caos... un año ya. Sí, una larga espera, pero el contenido abrumador augura buenos momentos de lecturas.
Contiene mi modesta aportación en torno a Germán Sierra y sus obras Intente usar otras palabras y Alto Voltaje


Pulsen el enlace y visiten Hermano Cerdo porque:

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10/05/10

Quiero la cabeza de Alfredo García, de Sam Peckinpah

Una entrada en el nº40 de Nuestro Funeral me hizo volver a Quiero la cabeza de Alfredo García :



Warren: ¿Le gusta el beisbol? A mí me gusta el baloncesto. Es un juego rápido, emocionante. ¿Que me dicen de Bill Russell de los Celtis, 1969? ¡Ese era un buen jugador!
Robert: Hace tiempo que trabaja usted aquí, ¿verdad?
Warren: Sí. Unos... seis años. Empecé en El Gato Negro de Tijuana. Era un buen sitio. El lugar que elegía la gente de categoría. Una noche fue Paulette Godard y me preguntó si yo sabía...
Gig: Usted conoce a mucha gente, ¿no?
Warren: ¿A quién andan buscando?
Robert: Como ya le he dicho, a un tipo que trabajó para nosotros. Un buen amigo, al que me gustaría volver a ver.
Gig: Es un mujeriego. Se llama Alfredo García. Usted puede ayudarnos a encontrarlo. Tiene unos treinta años. A veces se hace llamar Al García. Habla inglés... español... y un poco de francés.
Robert: Un chico listo...
Warren: Soy un hijo de puta... Pero me ha convencido. Me suena ese nombre.
Gig: ¿Y el apellido García?
Warren: Claro. Es como... Jones, o... Smith.
Gig: Estamos en el Hotel Camino Real. Si sabe algo nos alegraría verle.
Warren: No se preocupen. Si está vivo, lo encontraré.
Robert: ¡Es igual! Esté como esté, no es problema.
Warren: Entonces... ¿lo mismo da vivo que muerto?
Gig: Muerto, mejor muerto.
Warren: ¿Qué quieren oir?
Gig: Guantanamera.
Warren:¿Cómo dijo que se llama, señor?
Gig: Crusoe. Robinson Crusoe.




Bennie – Warren Oates acepta el encargo de encontrar para unos siniestros asesinos a Alfredo García, “muerto, mejor muerto”, porque ellos no saben que García ya está muerto. Así que lo único que debe hacer Bennie es viajar hasta donde está enterrado, cavar, robar la cabeza de Alfredo García, entregársela a los sicarios y cobrar el dinero. Las cosas nunca son sencillas.




Toda la acción se desarrolla en un ambiente sórdido y sucio, tanto como la ambiciosa misión que se propone Bennie. Hemos descendido al infierno.
No hablamos de realidad ni de los lugares físicos en los que se desarrolla la historia. Creo que Quiero la cabeza de Alfredo García tiene una interpretación alegórica.
La película se inicia con una escena bucólica: Una mujer moja sus pies en un estanque en el que nadan patos mientras canturrea una canción y acaricia su vientre abultado por el embarazo. Dos hombres aparecen y le dicen a la mujer que su padre quiere verla. El clima de paz y felicidad se trunca. La mujer acompaña a los hombres y una puerta se cierra tras ella.



Hemos abandonado el Cielo y entrado en el Infierno: O en nuestro mundo. El padre de la mujer, un poderoso hacendado, azota a su hija hasta que esta confiesa que el padre del niño que espera es Alfredo García. Entonces el padre pronuncia su sentencia: Quiero la cabeza de Alfredo García.
Todo ocurre por un niño.
Ya comenté a propósito de Grupo Salvaje la permanente presencia de niños en la película: “Todos soñamos con volver a la niñez. Aun los peores de nosotros. Quizá sobre todo los peores”. Niños que agraden y son agredidos, que contemplan, como un juego más, la violencia y la muerte.
En Quiero la cabeza de Alfredo García las puertas se cierran impidiéndonos acceder al Paraíso, ni tan siquiera a ese paraíso que (no entiendo muy bien la causa) consideramos la Infancia. Pero los niños, de nuevo su presencia es abrumadora durante todo el metraje, apenas juegan. Si descontamos el momento en que son invitados a helados por uno de los siniestros asesinos que persiguen a Bennie, el resto del tiempo los niños trabajan.









El último contempla un asesinato.
El mundo es un lugar miserable en el que la inocencia no tiene cabida. Bennie se enfrenta al Poder que simboliza el Mal y a los guardianes de las Puertas



Y finalmente atraviesa las Puertas para que la mujer y su hijo puedan recuperar el Paraíso.



Pero comete el error de coger el maletín con el dinero. Bennie carga con sus pecados.



No hay lugar en el Paraíso para Bennie.

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06/05/10

SALVEM L'HORIGINAL!

URGENTE: SALVEM L'HORIGINAL!

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