29/06/09

La realidad...

Es triste que la realidad sustituya a la literatura, pero en algunas ocasiones es necesario:

Los sucesos de Honduras en Mimalapabra

Etiquetas: ,

28/06/09

Llavaneres, última entrada del Dietario Voluble



Desconcertante final de partida:


Como en un viejo western vemos a Vila-Matas adentrándose en el territorio del miedo... ¡buen viaje y mejor retorno!.

Etiquetas: ,

24/06/09

Cosas que pasan

1.- José Luis Justes Amador tiene una interesante propuesta de traducción... me gustaría ser menos lerdo en cuestión de idiomas para apuntarme.

2.- Jose Antonio Garriga Vela, Eduardo Lago, Malcolm Otero Barral, Antonio Soler, Jordi Soler y Enrique Vila-Matas son los miembros actuales de La Orden del Finnegans que cuenta con página web propia:



Jurar ser fieles al Ulises debería ser una meta a la que todos aspirásemos. Claro, que también hay que saber leer el subtexto del asunto.



A fin de cuentas la novela de Joyce es una enorme broma revestida de irónica solemnidad.

3.- Seguro que había un punto tres pero se me ha olvidado.

4.- ¿Hay una recurrente presencia de gatos y bicicletas en los textos del bloomsday? ¿significará algo?

Etiquetas: ,

22/06/09

Dublín, 16 de junio de 2009

Enrique Vila-Matas me envía esta hopperiana fotografía tomada en Dublín el bloomsday.




Se ha añadido la foto al Mapa del Bloomsday 2009.

Está mal que yo lo diga, pero me parece un final perfecto.

Etiquetas: ,

21/06/09

Un destino secreto

El habitante de la más sigilosa de las regiones, nuestro amigo del dietario pensado, retiene ahora ese grito, pero sabe que muy pronto éste traspasará el desierto. Para entonces ya ni siquiera estar solo parecerá imprescindible, e incluso será ya un hecho comprobado que en la realidad (en nuestra famosa realidad) no ocurre nada que corresponda rigurosamente a una lógica. Y también estará ya comprobado que vivir es una experiencia amarga que al principio es mejor escupirla por todas partes, aunque al final lo más sabio sea, a través del arte, tratar de sublimarla: a ser posible, con la más desgarradora de las historias.
E. Vila-Matas, penúltimo Dietario Voluble

Etiquetas: ,

17/06/09

Bloomsday 2009

Creo que ya está. Ahora únicamente queda viajar a través de blogs para comprenderlo como una unidad, un todo sintetizado en un solo día.
No hace falta que repita lo gratamente agradecido que estoy por vuestra colaboración.

Pero permitidme, antes de que me ponga a bucear en vuestros textos, que haga una mención especial a tres personas. A Javier que tuvo la idea del mapa, a José que ayer por la tarde se lanzó a promocionar el evento (y encima se me olvidó poner su enlace en el mapa) y a Beatriz que inauguró su blog con la entrada del Bloomsday.

Y por último a J. S. de Montfort, espero que me disculpe y entienda mi error. Mil gracias compañero y disculpa.

Gracias a todos.
Sigamos como rocas errantes vagando por la red.

Saludos


¿Qué primer recuerdo tenía de Rudolph Bloom (difunto)?

Rudolph Bloom (difunto) le relataba a su hijo Leopold Bloom (de 6 años) un reordenamiento retrospectivo de las migraciones y asentamientos en y entre Dublín, Londres, Florencia, Milán, Viena, Budapest, Szombathely con aserciones de satisfacción (su abuelo había visto a María Teresa, emperatriz de Austria, reina de Hungría), con consejos mercantiles (él se había cuidado del penique, las libras se habían cuidado de ellas mismas). Leopold Bloom (de 6 años) había acompañado esos relatos con consultas constantes al mapa geográfico de Europa (político) y con sugerencias para el establecimiento de locales comerciales afiliados en los diferentes centros mencionados.

Ulises, James Joyce; capítulo 17 (traducción no consignada)



Ver Bloomsday 2009 en un mapa más grande

Listado (por riguroso orden de recepción, una extraña manifestación del azar)

  • José María Pérez Collados, Girona

  • Zero Kelvin, Rubí, Barcelona

  • Bernardo Luis Munuera Montero, Jaén

  • Olavia Kite, Tsukuba

  • Matts De Bloeff, Barcelona

  • Carlos Be, Barcelona

  • Miquel Adam, Ciutat fastigosa

  • Javier Moreno, Lyon

  • Alvaro Huertas, Glasgow

  • Alberto Haj-Saleh, Kamloops

  • El Astronauta, Barcelona

  • Albert Ullibarri, Barcelona

  • Javier Elizondo, Ciudad de México

  • Alicia Ancona, Ciudad de México

  • José Luis Justes Amador, Aguascalientes

  • Rafael Hernandez, Monterrey

  • José Montalvá, Valencia

  • Mauricio Salvador, Ciudad de México

  • Andrés Villaveces, Bogotá

  • Agustín Galván, Sinaloa

  • Tina Vallès, Barcelona

  • Kraven Sneijder, Gijón

  • Juan Lewin, Leiden

  • Julián García, Amsterdam

  • Karla Olvera, Ciudad de México

  • El Llibreter, Catalunya

  • Cinthya, Barcelona

  • Clara Osorio, Castelldefels

  • Petrusdom, Valencia

  • Antártica, Barcelona

  • L'efecte Jauss, Arbúcies

  • Silvano Gozzer, Madrid

  • J. S. de Montfort, Barcelona

  • José Jesús Serrano Rincón, Praga

  • Ximena Gama, Bogotá

  • Pablo Galerna, Comala

  • Grace, Bogotá

  • Luis Venegas, Ciudad de México

  • JG Cozzolino, Buenos Aires

  • Luda, Aguascalientes

  • Jacinta Escudos, San José

  • Omegar Martínez, Ciudad de México

  • Luis Bardamu, Dock Sud

  • Martín Alonso Gómez, Barcelona

  • Jacobo Deza, Managua

  • Eduardo Laporte, Madrid

  • Beatriz Nava-Domínguez, Ciudad de México

  • Jildardo González, Aguascalientes

  • Manuel Jesús Curiel Arroyo, Plasencia

  • Sandra Galván, Bruselas

  • Salvador Leal, Ciudad de México

  • Luisa RR, Ciudad de México

  • Rafael Zamudio, Tijuana

  • Jaka (José Cruz Aceves), Irapuato

  • María del Pilar, Bogotá

  • Diego Niño, Bogotá

  • Fernando Torres, Madrid

  • Andrés Lombana, Bogotá

  • María Montoya, Bogotá

  • Edilay Peña Osorio, Medellín

  • Gabriel Muelle, Santiago de Chile

  • Ricardo Cortizo, Ciudad de México

  • Cristina Rodriguez, Ciudad de México

  • Said Javier Estrella, Ciudad de México

  • Palumbus Columbus, La Sènia

  • E. A., Baix Llobregat

  • Javier Avilés, Tarragona

  • Etiquetas:

    16/06/09

    Bloomsday

    Bloomsday, Tarragona, 16/06/2009

    05:00 – 08:00

    Estrictamente no ha empezado el Ulises. Es un no tiempo, un espacio de nadie, un territorio difuso. J. B. se levanta, desayuna (café con leche con cereales integrales), orina, se lava, se viste, sale a la calle, saluda a quienes como él deambulan por las calles somnolientas, coge el coche, llega al trabajo, café, recibe instrucciones, acciona los interruptores pertinentes, café. Este capítulo se organiza como una retahíla automática de acciones. No hay diálogo interior, sólo sueño y desidia.

    08.00 – 10:00

    Almuerzo. Manzana, melocotón. Café. Las tareas se acumulan en un aluvión de falta de lógica. La típica desorganización española. Todo sigue adelante a pesar de o a causa de. La ilógica es también una especie de lógica. J. B. mientras trabaja cree ver a otras personas que ya no están. Como si las personas que realmente ve sean otras personas disfrazadas de forma bastante burda de modo que es fácil distinguir a quien se oculta. Es una alucinación infantil que perdura. Un retorcido complot cuyo sentido se le escapa. Paranoia, conspiración, solipsismo.
    Ducha

    10:00 – 12:00

    Viaje a Cornellá. J. B. cambia un libro. Un regalo repetido. Debe hacerlo por otro que odia regalar, el puto libro del autor cuyo nombre rima con cojones. Mierda. Abona dos euros más. Viaje a Sant Joan Despi. J. B. y su compañero de viaje recorren en coche carreteras y calles hasta encontrar el lugar de concentración. Llamada. Otra llamada. La desorganización como forma de ser. No aceptaría pertenecer a un sindicato organizado, piensa, aunque se podría arreglar con mayor comunicación. Lo haré mañana, decide.

    12:00 – 14:00

    Concentración ante la puerta de una empresa empeñada en una estúpida persecución sindical. La irracionalidad parece perseguir a J. B. bajo un sol inclemente. El calor es una materia densa que llena la calle. Petardos, silbidos, consignas, parlamentos. El mundo es como es. Las premisas para cambiarlo son sencillas. Que las personas las acepten es más complicado. El capítulo se desarrolla de la experiencia individual a la conciencia de clase a través de distintos personajes con los que J. B. interacciona.

    14:00 – 16:00

    Vuelta a Tarragona. El dolor empieza a insinuarse en la base del cráneo. La cabeza arde. Llega a casa. Comida, fruta, café. Coje un libro de relatos. M. B. le dice que ha leído alguno y que son bastante flojos. J. B. remarca la clemencia de M. B. Son verdaderamente malos y trillados. En realidad en vez de dar su opinión J. B. quiere coger el libro y lanzarlo por el pasillo. Patearlo. Estrellarlo contra la pared. Pero sigue intentando leer sentado en el sillón. Finalmente se queda dormido.

    16:00 – 18:00

    Ineluctable modalidad de lo doloroso. Negro abismo, negro vómito. El dolor es un túnel oscuro y pulsátil que anula la voluntad. No hay más que. No hay nada. No hay conexión. Salvo el dolor. Ulises atado al mástil de su nave siente el canto de las sirenas atravesando su cabeza. Grita pero nadie puede oírle. Solo el dolor, como una presencia fantasmal, posesiva, absorbente. Ibuprofeno. Los ojos, los ojos, joder, apagad esa luz.
    Este capítulo (lo digo desde una nube de calmantes) debería ser una aproximación a la locura.

    18.00 – 20:00

    Este capítulo en principio estaba concebido como una serie de preguntas con cuatro posibles respuestas. El lector sólo puede avanzar a la siguiente pregunta si consigue responder adecuadamente. En caso contrario el capítulo termina y se pasa al siguiente (20.00 – 22:00). Sin embargo el dolor de J. B. es tan intenso que las preguntas poco a poco devienen un cúmulo de absurdidades imposibles de responder. El lector debe sufrir las intensas palpitaciones craneales, el dolor ocular, las alucinaciones. Este capítulo debe doler. Nadie puede terminarlo.

    20.00 – 22:00

    Ibuprofeno. Cena. El dolor amaina. A pesar de eso por la pantalla M. B. y J. B. contemplan como el mundo se desmorona. Asisten y comentan la pasividad de las personas, la indiferencia, la amoralidad del Poder. Nuestro zeigeist, dice ella, es la procrastinación. ¿Porcati qué?, dice él. Procrastinación, dejarlo todo para mañana. La revolución mañana, dice ella. Cuando deberíamos estar exigiendo el Apocalipsis ya, dice él. Al sonreír el dolor le recuerda que sigue ahí, en el fondo, a la espera.

    22:00 – 00:00

    J. B. se va a la cama. Mañana se levantará a las cinco. Acostado en una nube de calmantes lee Manual de inquisidores de Antonio Lobo Antunes. Se queda dormido con el libro en la mano. En la duermevela J. B. recuerda hechos del día como si continuase la estructura de la novela de Antunes. Al caérsele el libro se despierta, guarda las gafas, se levanta a orinar. Diálogo interior.
    Justo antes de dormirse piensa, ¿Porcati qué?.

    Etiquetas:

    12/06/09

    A day in a life

    Woke up, got out of bed
    Dragged a comb across my head
    Found my way downstairs and drank a cup
    And looking up, i noticed i was late


    Este es un post autoreferencial (es decir, en el que no se dice nada nuevo) para agradecer vuestra adhesión a la convocatoria Bloomsday (y animaros a participar)


    (Imagen robada a Javier )


    Casualmente (no es cierto, nada es casual) estoy leyendo ahora
    Cosmópolis de Don DeLillo, novela que sucede durante un único día (un día de abril del año 2000). Además del Ulises de Joyce hay otras novelas cuya trama se desarrolla en un único día.
    Entre ellas dos, junto a la de Joyce, de las grandes novelas del siglo XX, La señora Dalloway de Virginia Wolf y Bajo el volcán de Malcom Lowry (
    ¿Le gusta este jardín que es suyo? Evite que sus hijos lo destruyan)
    ¿Dejaré de citar a Faulkner en el que cada uno de los capítulos de El ruido y la furia sucede en un único día, aunque la trama se extienda por varios años?

    De acuerdo, también está
    La jornada de un interventor electoral, de Italo Calvino, obra que abandoné por motivos extraños hace años y que no he vuelto a retomar (“porque quien le declara la guerra al escepticismo no puede ser escéptico con respecto a su victoria, no puede resignarse a perder, de otro modo se identifica con el enemigo”), la decepcionante Sábado de Ian McEwan (autor sobrevalorado a mi entender) y alguna otra que desconozco o no recuerdo.

    Es posible leer
    Cosmópolis en tiempo real, dependiendo del ritmo de lectura, algo que también ocurre con After Dark de Haruki Murakami. Se podría decir que en un signo de nuestros tiempos, la coincidencia de lo narrativo con el ritmo de la realidad (pero no una realidad “real” sino más bien cinematográfica) si no fuera porque La señora Dalloway también admite una lectura en tiempo real.
    Pero la novela de Wolf es comparable con las de Joyce y Lowry, que de ningún modo, por su complejidad estilística y estructural, pueden admitir una lectura en “tiempo real” (siempre queda la lectura anfetamínica, pero nunca la he probado)

    Cosmópolis es una compleja visión de quienes ostentan el poder. No me indigna DeLillo cuando en la novela introduce reflexiones sobre quienes se oponen al Poder, anarquistas o grupos antiglobalización. Es duro reconocerse, pero quizás por esa visión desde fuera tenga que reconocer que,más que nunca, es necesaria la lucha:

    (durante una violenta manifestación anarquista):
    -Ya sabes que produce el capitalismo. Según Engels y Marx, claro.
    -Sus propios enterradores- dijo él
    - Pero éstos no son sus enterradores. Esto es el libre mercado, sin más. Toda esta gente sólo es una fantasía generada por el mercado. No existen fuera del mercado. A ningún sitio podrían ir si se empeñan en quedar fuera. No existe ese afuera.
    (…)
    - Ya sabes lo que siempre han querido los anarquistas.
    - Sí.
    - Pues dímelo- dijo ella.
    - El afán de destruir es un afán creador.
    - Ése es también el sello distintivo del pensamiento capitalista. La destrucción forzosa. Es preciso eliminar sin contemplaciones las industrias anticuadas. Hay que reclamar a la fuerza nuevos mercados. Es preciso reexplotar los mercados anticuados. Destruyamos el pasado, construyamos el futuro.
    Cosmópolis, Don DeLillo, traducción de Miguel Martinez-Lage para Seix Barral

    Etiquetas: , , , , , ,

    10/06/09

    Convocatoria Bloomsday

    El próximo 16 de junio se celebra el Bloomsday, el día en que transcurre la acción del Ulises de James Joyce. Con ese motivo quisiera proponer una especie de Bloomsday entre blogs que intentaría narrativizar nuestra vida cotidiana. Cada uno de los participantes intentaría crear, a modo de entrada de diario, una historia sobre lo que realiza durante el día 16 de junio.
    Quien esté interesado el día 16 crearía una entrada titulada "Bloomsday", en principio vacía o con la anotación “work in progress” (título provisional del Finnegan’s wake) y mandará la dirección URL de la entrada a:

    bloomsday2009[arroba]gmail[punto]com

    (EDITADO: No olvidéis indicar en que ciudad del mundo transcurre vuestro bloomsday)

    Luego, por la noche (territorio de Molly Bloom) o al día siguiente escribiría, sin restricciones en cuanto a extensión, estilo o forma, sobre lo acaecido (realidad o ficción, aunque al final siempre es ficción) durante el día 16.
    De alguna manera (improvisando, claro) intentaré coordinar todos los enlaces que mandéis.
    Quien quiera participar que deje un comentario o me mande un email o que lo haga sin más… el caos siempre es productivo.
    Esperemos que, como las “rocas errantes” del capítulo diez del Ulises, nos crucemos y entrecrucemos en la inmensidad (finita) de la red.

    El libro, caído, despatarrado contra la panza del orinal con greca anaranjada.
    -Enséñame aquí, dijo. Le he puesto una señal. Hay una palabra que quería preguntarte.
    (...)
    -¿Mete en qué? preguntó él.
    -Aquí está, dijo ella. ¿Qué quiere decir eso?
    Él se inclinó y leyó junto a la pulida uña del pulgar.
    -¿Metempsicosis?
    -Sí. ¿Con qué se come eso?
    -Metempsicosis, dijo él, frunciendo el ceño. Es griego: del griego. Eso quiere decir la transmigración de las almas.
    -¡Ah! ¡Diablos! Dilo en palabras sencillas.

    Ulises, James Joyce, cap. 4 (Trad. J.M. Valverde)

    Si en el Ulises aparece el mete-en-qué ( “Met him what” en el original), no menos perturbador es el anuncio que apareció en La Vanguardia el 16 de junio de 1904, el original bloomsday ,en el que se habla del extraño “metemerómofo”:


    Etiquetas: , , ,

    09/06/09

    Apuntes para una reseña de "Intente usar otras palabras", de Germán Sierra

    1. Generación: Una generación debería definirse por ciertos elementos comunes. Si hablamos de narrativa española esos elementos deberían ser culturales. Pero no ocurre así; ni son comunes ni son culturales. Cualquier elemento que se pueda citar, se podría también desmentir. Por ejemplo, la nocilla. Yo prefería merendar bocadillos de chorizo con mayonesa… así me va. Pero es más complicado encontrar un referente cultural determinante (tal vez no, de eso se trata, son apuntes… pienso en el derrumbe, en el suburbio desmoronándose como factor común… ya volveremos sobre el tema) En vez de a un bagaje cultural común en realidad nuestra generación responde automáticamente a ciertos estímulos inculcados subconscientemente. Todos sabemos que ocurrirá cuando se rasca la nariz Vicky el vikingo y respondemos como autómatas si alguien pregunta “¿cómo están ustedes?”. Podemos haber leído a Faulkner y a Joyce y a Nabokov y a Dostoievski pero lo que nos condiciona y nos aúna culturalmente es la televisión.

    2. Tal vez no pienso demasiado ni demasiado profundamente, pero se me ocurre que ese acontecimiento cultural podría ser la “movida”. Pero es curioso que no saliese ningún narrador destacado de ella. Hay músicos y artistas plásticos y algún (un) cineasta. Pero la narrativa de los ochenta-noventa es adocenada, complaciente y anacrónicamente realista.
    (Hay excepciones, siempre hay excepciones)
    La “movida” fue sexo, drogas y pop-rock y convirtió al bar en el centro cultural de los ochenta y luego se perdió entre brumas de alcohol y cocaína. Ahora contamos y glosamos a los caídos.

    3. La pereza. Comparto con Sierra la idea de que la pereza es lo que en última instancia nos define.

    4. ¿Qué cojones estuvimos haciendo entre la “movida” y la aparición de Internet? Me refiero a su utilidad como medio de difusión de contenidos críticos-narrativos y su influencia en la actual narrativa. Las novelas son como blogs, la fragmentación se impone como estructura… en El País han dado nombre a esa especie de tendencia, pero como me parece una tontería no pienso repetirla.

    Algo de todo esto hay en la novela de Sierra, aunque en el fondo nada de lo dicho tiene que ver con la novela.

    Continuará (o no) en Hermano Cerdo

    Etiquetas: ,

    06/06/09

    La muerte de Virgilio, de Hermann Broch (y IV)

    Que la poderosa diosa de Chipre
    y los hermanos de Helena, lucientes astros,
    y el padre de los vientos te guíen,
    y sople el Yápige favorable,
    oh nave que me debes a Virgilio, a ti confiado.
    Te ruego que lo restituyas incólume
    a las regiones Áticas
    y conserves así la mitad de mi alma.

    Horacio, Carminum I, 3 (El viaje de Virgilio)

    —Horacio me envió versos de despedida a la nave, cuando partí para Atenas.
    —Esto es justamente —Plocio se sumó a Lucio con tanta alegría, que parecía querer acallar así a la muerte—, esto es justamente, ésta es su culpa; y por eso mismo sus yambos, sus odas, en fin todo lo que él ha delinquido, deberán pagar el pato...
    En verdad, ¿por qué había enviado Horacio a bordo aquellos hermosos versos augurales? ¿quería con eso apaciguar sus celos por la Eneida? Un amigo celoso, pero amigo.

    Virgilio llega a Brindisi en el séquito de Octavio. Durante la noche sufre un ataque febril en el que las alucinaciones presagian su muerte. Virgilio agoniza. Por la mañana habla con sus amigos Plocio Tucca y Lucio Vario sobre la necesidad de quemar La Eneida.

    —Homero fue el heraldo de los dioses; perdura como la realidad de ellos. Sin amargura por las risas que le habían dedicado, Lucio repuso:
    —Y tú eres el heraldo de Roma, perduras como la realidad de Roma; perduras mientras Roma exista..., eternamente.
    ¿Eternamente? El sentía el anillo en su dedo, sentía su cuerpo, sentía lo pasado.
    —No —dijo—, nada terreno es eterno, Roma tampoco.
    —Tú mismo has elevado Roma a lo divino.
    Era así y no era así. ¿De qué hablaba Lucio? ¿no era esto como una sobremesa en casa de Mecenas, deslizándose sobre la realidad, tocándola ya apenas? Cercado de tinieblas, dijo:
    —En lo terreno nada se torna divino; he embellecido a Roma y mi obra no tiene más valor que las estatuas en los jardines de Mecenas... Roma no vive por la gracia de los artistas... Las obras de arte son demolidas, la Eneida quemada...
    Discute con Octavio:

    —Virgilio...
    —Sí, Augusto...
    —Tú me odias.
    —¡Octaviano!
    —No me llames Octaviano, porque me odias.
    —¿Yo... yo te odio?
    —¡Y cómo me odias! —La voz del César era estridente de pura violencia.
    —Oh, Octaviano...
    —Calla... Me odias más que cualquier otro hombre en la tierra y más que cualquier otro, porque me envidias como a nadie.
    —No es verdad..., no es verdad...
    —No mientas, es verdad...
    —Es falso... es falso...
    —Es verdad... —Rabiosamente la mano en cólera arrancaba las hojas de laurel de las coronas en el candelabro—. Sí, es verdad... Sí, me odias porque estás lleno de ocultos pensamientos de rey, pero has sido demasiado débil como para emprender siquiera el más leve intento de ejecutarlos; me odias porque no has tenido otra salida que albergar tus ideas de soberano en tu poema, para al menos aquí poderte mostrar más poderoso que tus soberanos; me odias porque he sido capaz de realizar para mí todo lo que habías deseado para ti y yo a pesar de eso lo desprecio tanto que hasta podría permitirme renunciar a la corona imperial; me odias, porque me haces responsable de tu propia impotencia... Este es tu odio, ésta es tu envidia...
    —Octaviano, óyeme...
    —No quiero oírte...
    El César gritaba, y era extraño, muy extraño: cuanto más fuerte gritaba, tanto más rico se volvía otra vez el mundo; otra vez resurgía lo visible con sus diversas capas de ser, resurgía a la vida el pálido letargo, y era como esperanza.
    —Octaviano, escúchame...
    —¿Para qué?... dímelo, ¿para qué?... con toda hipocresía, has denigrado primero con falsa modestia tu propia obra, para poder humillar tanto más fácilmente la mía, luego has querido rebajarla a una figura aparente, ciega, fútil semejanza, más aún, has injuriado así al pueblo romano su fe ancestral, que no te agrada como expresión de mi obra y que por eso encuentras necesario reformar, y sabiendo muy bien que de nada te sirve todo esto, sabiendo muy bien que de nada te puede servir, sabiendo muy bien que sigo siendo más poderoso que tú y seguiré siéndolo, sabiendo muy bien que no alcanzas a someterme, te refugias ahora exclusivamente en lo supraterreno, en algún lugar supraterreno al que ni yo ni nadie puede llegar, y quieres sentarme en la nuca un Salvador que no existe ni existirá nunca, pero tiene que vencerme en tu lugar... Te conozco, Virgilio; pareces suave, y con mucho agrado te dejas honrar por el pueblo como el más puro y virtuoso, pero en verdad tu alma, supuestamente tan pura, tiembla incesantemente de odio y malicia, sí, lo repito, tiembla de la malicia más vil...
    Si el César Augusto a través de su divinidad simboliza la grandeza del Imperio, La Eneida es necesaria en cuanto símbolo, parece concluir la discusión entre ambos.
    Finalmente, Virgilio muere.

    Las costas quedaron atrás y fue como una fácil despedida del ser y vivir humano lo que allí se realizó, despedida en lo inmutable ahora cambiado, despedida de la multiplicidad de todo lo familiar, de las imágenes y de los rostros familiares allá y no por último del sepulcro que desaparecía entre el gris de la niebla, pero también de Lucio que seguía escribiendo con toda constancia y, por cierto, se había corrido con su mesa tan cerca del borde de la realidad, que su caída desde la elevada costa rocosa parecía angustiosamente inevitable; y también era despedida de muchos otros que andaban todavía por allí y a veces, como Horacio y Propercio, le hacían amistosas señas desde lejos.

    Un resumen de La muerte de Virgilio no puede más que limitarse a lo circunstancial. La Eneida narra la huída de Eneas de Troya, su personal “odisea”, su estancia en Cartago y la fundación de Roma. Es un poema épico, imposible de resumir, sólo apreciable sumergiéndose en la vorágine de sus versos, en las fugas por el Ponto, en la sangre y las bocas que muerden la tierra.
    Pero ante todo La Eneida es una gran mentira. Toda obra narrativa es una mentira, pero La Eneida lo es en otro sentido al tratarse de la exégesis de la fundación de Roma a mayor gloria de la familia Julia. Es el símbolo literario, artístico, que justifica la concesión del Poder Absoluto a Octavio y su, por nadie creída pero necesaria, divinidad. No es casual que la muerte de Virgilio y la publicación de La Eneida coincida con el tercer pacto con el Senado que conferirá plenos poderes a Octavio.
    La Eneida era una mentira política, necesaria, útil. Pero el tiempo la ha despojado de toda funcionalidad y pervive como un monumento literario, como la gran obra maestra de la Roma Clásica.
    La muerte de Virgilio, una mentira sobre las últimas horas del poeta latino, es a su vez una obra maestra del siglo XX. La novela de Broch se construye sobre las cenizas que no fueron de la obra de Virgilio. Quemar La Eneida hubiese supuesto desvincularla de su función hagiográfica. Las llamas que hubiesen consumido el poema hubiesen elevado a La Eneida a la dignidad que merecían, a la de la obra literaria pura. Broch parece querer redimir a Virgilio de su sumisión al Estado, o, tal vez, recordemos que se escribió tras su exilio de Alemania después de su detención por la Gestapo, denunciar el vasallaje de los artistas en las tiranías. Pero me temo que esa lectura también se diluye en el tiempo.
    No hay funcionalidad ni necesidad de veracidad en literatura. Las (gran) obra literaria lo es en sí misma y perdura a lo largo del tiempo. Pero para Broch-Virgilio la literatura es una perversión de la poesía:

    pero sabía también que la belleza del símbolo, por muy verazmente preciso que pueda ser, nunca puede llegar a ser fin en sí misma, que siempre que esto ocurre y la belleza se pone en primer plano como fin de sí misma, el arte es atacado en sus raíces, ya que después su acción creadora se invierte sin remedio, que después, de repente, lo productivo es reemplazado por lo producido, el contenido de la realidad por la hueca forma, lo cognitivamente veraz por lo meramente bello, en constante confusión, en constante círculo de permuta e inversión, cuya concentración en sí mismo no permite ya ninguna renovación, sin ampliación ni descubrimiento de lo divino en lo abyecto, ni de lo abyecto en la divinidad del hombre; sólo la simple ebriedad con huecas formas, con huecas palabras, y en esa falta de diferenciación, más aún, en ese perjurio, envilecido el arte en no-arte, la poesía por su parte en literatura; verdaderamente, él sabía de esto, lo sabía muy dolorosamente,

    Tendemos a leer el poema latino de Virgilio traducido y prosificado. Por su parte Broch construye La muerte de Virgilio como un inmenso poema en prosa. Su estructura y su estilo (descripciones oníricas y febriles desde la perspectiva de un narrador omnisciente dentro de la mente de Virgilio, repeticiones, figuras poéticas, gran profusión descriptiva, párrafos largos…) hacen que la novela de Broch (aún no sé si es lícito llamarla así) esté muy por encima de la narrativa convencional, aún de aquellas obras consideradas “grandes”. Las palabras de Broch, su prosa, te sumergen en el sueño, el delirio, la lógica y la retórica de Virgilio, un hombre enfrentado a la obra que le hará inmortal, aún más divino que aquel a quien está dedicada La Eneida, el divino Augusto.
    Leer La muerte de Virgilio es nadar en un mar espeso y tratar de avanzar intentando encontrar la miríada de sentidos e ideas encerradas en el ponto vinoso de palabras. Hasta descubrir que lo único que importa es nadar junto a Virgilio, de la mano de Broch.
    Lo sé ahora, después de mi primer sábado a las siete de la mañana sin La muerte de Virgilio.


    Un interesantísimo análisis filosófico sobre La muerte de Virgilio a cargo de Elvira Navarro en La tormenta en un vaso

    La traducción del siempre añorado Settembrini sobre Broch


    Los textos pertenecen a La muerte de Virgilio, “Der tod des Vergil”, traducción de A. Gregori para Alianza.

    Etiquetas: , , ,

    ¿Cansado de ver El lamento de Portnoy siempre igual? ¿Las letras blancas y el fondo negro te marean?

    Escoge tu punto de vista: Flipcard Mosaic Sidebar Snapshot Timeslide

    Consulta el índice

    Constatación brutal del presente

    Mi madre es un pez

    II Premio Revista de Letras al Mejor Blog Nacional de Crítica Literaria

    Las lecturas de 2010 en Hermano Cerdo

    BLOOMSDAY 2009


    Ver Bloomsday 2009 en un mapa más grande

    Página web de E. Vila-Matas

    HermanoCerdo: Literatura y Artes Marciales Revista Hermano Cerdo

    Últimas entradas

    Archivos

    Enlaces

    William Faulkner

    Philip Roth

    Roberto Bolaño

    Enrique Vila-Matas

    Thomas Pynchon

    David Foster Wallace

    Proyecto Salinger: Inicie su recorrido

    Al principio era el caos, de Victoria Lector ileso, de Bob El rincón de Alvy Singer, de Alvy Chiquilín del Bachin, de Fabricio El sur del sur, de Mer Santa Maradona, de Vega Jacintario, de Jacinta Biblincio, de Pedro Most people die at home, de Luis Pionentes, de Edith (et al.) Frank invita, de Frank Legalv, de Leo ExLibris, de Isabel Lector mal-herido, de Juan Tierra de collares, de Salvador Literatura, Arte y Política, de C. Parada Books & Films de Nataliabook Balada del elefante azul, de Javier El lamento de Portnoy, de Portnoy

    ¿Le gusta este jardín que es suyo?

    Cosas de-li-ca-das

    ellamentodeportnoy(arroba)gmail(punto)com
    Licencia de Creative Commons
    Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
    eXTReMe Tracker
    ecoestadistica.com