30/04/09

Convocatoria: Puerca Epidemia





Y además:

Bayona no dirigirá la tercera parte de 'Crepúsculo'

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Bayona dirigirá la tercera parte de 'Crepúsculo'


Véalo en la Balada del elefante azul

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26/04/09

Punto muerto

Escucho a Coltrane y siento que fue capaz de llevar la creatividad musical a un punto muerto, a un punto sin retorno y en el que tampoco se puede avanzar más allá a no ser que se sacrifique la inteligibilidad de la música. Como Joyce, aunque él dio un paso más y construyó la obra definitiva, Finnegans wake. Definitiva porque no se puede ir más allá narrativamente.
El Finnegans wake dio nombre a los quark, unas de las partículas definitivas de la materia… todo lleva a un punto muerto. Y en su nomenclatura aún perdura la voluntad literaria: up, down, charm, strange, top y bottom. En el punto muerto de la física encontramos el encanto y lo extraño.
Tal vez Coltrane no acabó con la música. Tal vez lo que encerraba su cabeza abría nuevas puertas, pero él sólo pudo enseñarnos en que dirección se encontraba la puerta. Tal vez Joyce llegó a entreabrir la puerta. Lo que es seguro es que Beckett vio lo que había más allá y volvió para contárnoslo. Pero, como le ocurre a todo visionario, a Beckett se le ha ignorado sistemáticamente a lo largo del siglo XX, y aún ahora.
Nada sin Beckett, debería ser nuestro lema.
No hay voluntad de exploración. Si acaso tímidos intentos que se repiten una y otra vez, pero no hay nada que se aproxime a la rotundidad narrativa de Beckett.
Repetimos una y otra vez los mismos errores del pasado.
La obra actual debe escribirse continuamente. No debe ser definitiva, debe acrecentarse día a día, liberarse de la condena definitiva del papel y ser volátil, fácilmente volátil. No hace falta solicitar a nuestro mejor amigo y albacea que destruya todo aquello que no ha sido publicado, para que después éste no lo haga… aunque quizás El proceso de Kafka, fruto de esa infidelidad, sea un ejemplo de obra no-definitiva que debería marcar el signo de nuestros tiempos. Brod, en este caso, fue un visionario transgresor. Hoy hubiese bastado pulsar el botón “Supr”, o pasar un imán por el disco duro para que todo hubiese desaparecido.
¡Quemar la Eneida!”, grita desesperado Virgilio-Broch. ¡Quemadlo todo, lanzad la bomba!. Todo texto publicado es sinónimo de fracaso. Si acaso en la cabeza de algunos autores queda la idea de la obra perfecta, en la cabeza de Kafka estaba escrito hasta su último párrafo el perfecto y sublime Proceso que no era capaz de plasmar en el papel, que no podía concluir… los textos son fracasos que deben ser corregidos día a día, aumentados o borrados según el día amanezca lluvioso o soleado, mutables e imperfectos y siempre en construcción.

Work in Progress:
Three quarks for Muster Mark!
Sure he has not got much of a bark
And sure any he has it's all beside the mark.

Por eso Max Brod fue un visionario. No nos ofreció una novela, sino el desarrollo creativo de una novela. "Fracaso al intentar terminar el capítulo, otro ya comenzado no podré continuarlo tan bien, mientras que aquella vez, por la noche, me habría sido posible. No puedo abandonarme, estoy completamente solo" escribe Kafka el 29 de agosto de 1914 a propósito de la escritura de El proceso. Es pues también un Work in Progress, indefinidamente en construcción. Presentada siempre como obra inconclusa a mí me parece justamente lo contrario. La veo como la narración definitiva.
Desde el título provisional de la novela que comienza con “Alguien tenía que haber calumniado a Josef K , pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo”, hasta el final, “¡Como a un perro! –dijo él: era como si la vergüenza debiera sobrevivirle”, El proceso de Kafka es una obra completa y al mismo tiempo mutable. Dentro de su narración se abre un agujero negro narrativo tan fascinante y absorbente como el sistema burocrático-legal al que se enfrenta Josef K.. Dentro de ese agujero caben todas las posibilidades narrativas que podamos imaginar, pero también caben todas las generaciones de lectores que hemos leído a Kafka. Es el inicio de la desaparición del lector. La obra definitiva, permanentemente en construcción, no precisa lectores ni ser comprensible, ni siquiera precisa ser escrita. Permanece en la cabeza del autor y luego, tras su muerte se desvanece en la nada.
Escribir es fracasar y, además, es muy fatigoso y decepcionante.
Dejemos a los que no fracasan que hablen. A nosotros ni la vergüenza nos sobrevivirá:

O más probablemente había leído en alguna parte, en el tiempo en que creía tener interés en instruirme, o en divertirme, o en embrutecerme, o en matar el tiempo, que cuando uno cree avanzar en línea recta en un bosque no hace en realidad más que describir círculos, ponía mi mejor voluntad en describir círculos, con la esperanza de avanzar así en línea recta.

Samuel Beckett, Molloy

Decididamente esta noche no diré nada que no sea falso, quiero decir que no me deje perplejo en cuanto a mis verdaderas intenciones. Porque la tarde, incluso la noche, es una de las más negras que puedo recordar. Tengo poca memoria. Mi dedo meñique, posado sobre la hoja, se adelanta a mi lápiz, le anuncia cayendo el final de la línea. Pero en el otro sentido, de arriba abajo, voy mal. No quería escribir, pero acabé por resignarme. Con el fin de saber dónde estoy, dónde está. Al principio no escribía, sólo hablaba; después, olvidaba lo que había dicho. Un mínimo de memoria es indispensable para vivir de verdad. Su familia, por ejemplo, verdaderamente yo ya no sé, por así decirlo, nada sobre ella. Pero estoy tranquilo: está anotado en alguna parte. Es el único medio de controlarlo. Pero en lo que a mí se refiere, no siento la misma necesidad. Ignoro también mi propia historia, la olvido, pero no necesito conocerla. Y, sin embargo, escribo sobre mí, con el mismo lápiz, en el mismo cuaderno, que sobre él. Ya no soy yo, debí decirlo antes, sino otro cuya vida apenas ha empezado.

Samuel Beckett, Malone muere.

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23/04/09

La muerte de Virgilio de Hermann Broch (II)

(...) y así sabía también que en tal verdad reside el deber de todo artista, el deber del hallazgo de la verdad y de la manifestación de la verdad en uno mismo, tarea impuesta al artista, para que el alma, consciente del gran equilibrio entre el yo y el todo, vuelva a hallarse en el todo, de modo que lo que el yo se ha ampliado por el conocimiento de sí, vuelva a ser reconocido como incremento del ser en el todo, en el mundo, más aún, simplemente en la humanidad, y si esta doble ampliación no puede ser nunca más que simbólica, de antemano ligada al simbolismo de lo bello, al simbolismo del bello límite, si por tanto nunca pasa de mero conocimiento simbólico, justamente por ese carácter de símbolo es, pese a todo, capaz de extender los más íntimos y más extremos límites del ser a nuevas realidades, no solamente a nuevas formas, no, a nuevos contenidos de la realidad: precisamente en esto se revela el más profundo secreto de la realidad, el secreto de la correspondencia, la recíproca correspondencia entre la realidad del yo y la realidad del mundo, aquella correspondencia que presta al símbolo su veraz precisión y lo eleva a símbolo de la verdad, la correspondencia preñada de verdad, de la que emana toda creación de realidad, penetrando capa a capa, tanteando, presintiendo hasta las inalcanzables regiones de la oscuridad del comienzo y del fin, penetrando hasta lo inescrutablemente divino en el todo, en el mundo, en el alma del prójimo, penetrando hasta ese último arcano de dios que, pronto a la revelación y al despertar, está presente por doquier, aun en el alma más pervertida... esto, la revelación de lo divino por el saber acerca del alma propia, que se conoce a sí mismo, es la misión humana del arte, su misión de humanidad, su misión de conocimiento y por eso mismo la justificación de su existencia, demostrada en su cercanía a la muerte oscura, que le ha sido impuesta, porque sólo en esa cercanía puede tornarse arte genuino, porque sólo por eso es el alma humana desarrollada en el símbolo; verdaderamente, él sabía de esto, (...)

La muerte de Virgilio de Hermann Broch, Traductor José María Ripalda para Alianza Editorial

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22/04/09

Hermano Cerdo 23... ¡por fin!

Hermano Cerdo nº 23 ya en la red.

De momento ya me he enganchado a las imágenes del ilustrador que colabora en este número:
9000vs0006




A disfrutar.

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21/04/09

La muerte de Virgilio, de Hermann Broch (I)

La muerte de Virgilio, de Hermann Broch requiere una lectura concentrada y atenta. Mi pensamiento gira mientras leo, mi atención se dispersa por las continuas sugerencias que provoca la prosa poética de Broch.
Un pequeño ejemplo:
—Ven, siéntate junto a mí —llamó al joven a su lado, y aun después que éste se hubo acurrucado cerca de él, siguió el silencio, permanecieron envueltos en silencio, entregados a la noche callada. Desde lejos se oía el ruido, resonaba el estrépito de los curiosos, resonaba, rumoreaba la algazara de la fiesta, hervían las creaturas como el Orco, sordo, inexorable, fascinante, impúdico e irresistible, salvaje y ahíto al mismo tiempo, ciego y clavada la mirada, el rebaño pisoteante, que se apiña a la falsa luz sin sombra de las antorchas y los fuegos ante el abismo de desgracia de la nada, casi insalvable, casi irrescatable, si no se encontrara aquí —y cuanto más largamente se acechaba, tanto más claramente se advertía—, si no se encontrara incluso también aquí el canto del silencio, contenido desde siempre, contenido para siempre, el tañido de campanas del silencio, henchido hasta el sonido de bronce de la noche y el tañer de todos los rebaños humanos, quedamente cantando la noche de los rebaños, suspirando el rebaño en su gran sueño: profunda bajo el humus del ser habita la noche, rumorosa de sombras, oculta a la niñez, liberada del destino, liberada del azar y libre de lascivia; de ella brota lo creado, atravesado por el murmurar de las savias de la noche, grávido de sueño, eternamente fecundado por la fuente de toda intimidad; de ella brotan en indecible tejer y mutuamente incorporados planta, animal y hombre, mutuamente sombreados, pues la maldición del regreso está oculta en la bendición del sueño, y es la encantadora cubierta del ser, una nada de sueño extendida sobre la nada.

La muerte de Virgilio (Der Tod des Vergil) de Hermann Broch
Versión de J. M. Ripalda sobre traducción de A. Gregori para Alianza Editorial

No conseguiré acabar esta novela de Broch. Se añadirá a mi vergonzosa lista de fracasos junto a Proust, Bernhard, Antunes... soy un lector adocenado y conformista y poco constante.

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18/04/09

Locus Solus, de Raymond Roussel (y II)

Raymond Roussel, Comment j’ai écrit certains de mes livres:
Je me suis toujours proposé d’expliquer de quelle façon j’avais écrit certains de mes livres (Impressions d’Afrique, Locus Solus, l’Étoile au Front et la Poussière de Soleils).
Il s’agit d’un procédé très spécial. Et, ce procédé, il me semble qu’il est de mon devoir de le révéler, car j’ai l’impression que des écrivains de l’avenir pourraient peut-être l’exploiter avec fruit.
Très jeune j’écrivais déja des contes de quelques pages en employant ce procédé.
Je choisissais deux mots presque semblables (faisant penser aux métagrammes). Par exemple billard et pillard. Puis j’y ajoutais des mots pareils mais pris dans deux sens différents, et j’obtenais ainsi deux phrases presque identiques.
En ce qui concerne billard et pillard les deux phrases que j’obtins furent celles-ci :
1° Les lettres du blanc sur les bandes du vieux billard…
2° Les lettres du blanc sur les bandes du vieux pillard.
Dans la première, « lettres » était pris dans le sens de « signes typographiques », « blanc » dans le sens de « cube de craie » et « bandes » dans le sens de « bordures ».
Dans la seconde, « lettres » était pris dans le sens de « missives », « blanc » dans le sens d’ « homme blanc » et « bandes » dans le sens de « hordes guerrières ».
Les deux phrases trouvées, il s’agissait d’écrire un conte pouvant commencer par la première et finir par la seconde.

(…)

Ce procédé, en somme, est parent de la rime. Dans les deux cas il y a création imprévue due à des combinaisons phoniques.
C’est essentiellement un procédé poétique.
Encore faut-il savoir l’employer. Et de même qu’avec des rimes on peut faire de bons ou de mauvais vers, on peut, avec ce procédé, faire de bons ou de mauvais ouvrages.
Locus Solus a été écrit ainsi. Mais là je ne me suis plus guère servi que du procédé évolué. C’est-à-dire que je tirais une suite d’images de la dislocation d’un texte quelconque, comme dans les exemples d’Impressions d’Afrique que j’ai cités en dernier. Une fois, le procédé y reparaît dans sa forme primitive avec le mot demoiselle considéré dans deux sens différents ; encore le second mot a-t-il subi une dislocation qui se rattache au procédé évolué :
1° Demoiselle (jeune fille) à prétendant ; 2° demoiselle (hie) à reître en dents.
Je me trouvais donc en face de ce problème : l’exécution d’une mosaïque par une hie. D’où l’appareil si compliqué décrit pages 35 et suivantes. C’était d’ailleurs le propre du procédé de faire surgir des sortes d’équations de faits (suivant une expression employée par Robert de Montesquiou dans une étude sur mes livres) qu’il s’agissait de résoudre logiquement. (On a fait beaucoup de jeux de mots sur Locus Solus ; Loufocus Solus, Cocus Solus, Blocus Solus ou les bâtons dans les Ruhrs, Lacus Salus (à propos du Lac Salé de Pierre Benoit), Locus Coolus, Coolus Solus (à propos d’une pièce de Romain Coolus), Gugus Solus, Locus Saoulus, etc. Il y en a un qui manque et qui, il me semble, méritait d’être fait, c’est Logicus Solus.)
Je sais que j’ajoutai à prétendant des mots dont je tirai tout ce qui se rapporte au reître ; je ne me souviens que du premier : prétendant refusé, dont je fis rêve usé (rêve flou) ; d’où le rêve du reître.
Je me rappelle aussi que je me suis servi de plusieurs vers de mon poème la Source (du volume la Vue). Mais ceci seulement est resté précis dans mon souvenir :

Elle commence tôt sa tournée asticote
Ailé coma . . Saturne Élastique hotte
Avec un parti pris de rudesse ses gens
Ave cote part type rit des rues d’essai sauge. En
(type des rues rit d’essai sauge)
Qui tous seraient
Qui toux sert

On trouvera dans l’épisode du coq Mopsus (pages 430 et suivantes) : ailé (le coq ailé) coma (immobile comme dans le coma) ; Saturne (mis en communication avec Saturne) ; puis la hotte élastique, l’ave ; puis (fin de la page 441) le rire provoqué chez Noël par Mopsus offrant une fleur de sauge à Faustine.
Le dé orné des inscriptions « L’ai-je eu, l’ai-je, l’aurai-je » vient du mot déluge (dé l’eus-je). Ici je mis « l’ai-je eu » au lieu de « l’eus-je », craignant que dé l’eus-je ne laissât transparaître le procédé.
Je ne me rappelle rien d’autre touchant Locus Solus.


Leyendo este fragmento de
Comment j’ai écrit certains de mes livres comprendo que intentando entender el texto en francés no he conseguido “comprender” el texto, su artificio. Sólo he rozado el contenido, “lo que se cuenta” y he perdido la comprensión de lo que Locus Solus es.
Y aún así, quedándome en la superficie, entiendo que la novela es un texto perturbador.
Locus Solus fue publicado en 1914. Situarlo en su contexto histórico resulta desconcertante ya que parece una obra más decimonónica que del siglo XX en lo que respecta a lo que se cuenta. Si es posible emparentarla con, por ejemplo, algunos aspectos de las obras de Jules Verne, la distancia entre ambos autores es considerable. Sin embargo ambos comparten su fascinación por el Maquinismo como fuerza motora del progreso.
De esta manera no hay otra forma posible de imaginar Locus Solus, la mansión de Canterel, como un lugar frío e inhumano en el que la técnica ha suplido a los sentimientos y las máquinas a las personas (o éstas se han convertido en máquinas)
Locus Solus es una galería de asombrosos prodigios. Y uno tendría la tentación de considerarla en parte como obra de ciencia-ficción. Pero todos esos avances técnico-científicos no se emplean para hacer hipótesis sobre el futuro, como es habitual en ciencia-ficción. Roussel emplea ese recurso para recrear el pasado. Es, cuando menos, paradójico.
A no ser que se entienda desde las premisas del artificio narrativo que se impone Roussel. Y es esa misma construcción poético-mecánica la que le da a toda la novela ese aspecto gélido e inhumano, despojada de toda consideración moral y sentimental. No hay más lógica en L
ocus Solus que la de la propia construcción del texto que nos describe una sucesión de maravillas sin parangón movidas por diferentes artificios químicos, físicos e incluso psicológicos, en el que los seres humanos forman parte del entramado mecánico y repetitivo que los mueve. Roussel, a través de Canterel, nos sitúa ante una representación del mundo pasado mediante improbables innovaciones científicas, en la que, como lectores, ocupamos el lado de los espectadores.



Así vemos un artefacto suspendido en el aire que gracias a las previsiones climatológicas que Canterel es capaz de hacer con una antelación pasmosa, y movido por, no es broma, una especie de energía solar, dibuja un amplio mosaico que forma un dibujo en el suelo compuesto por innumerables dientes humanos de distintos grados de coloración. Una piscina en forma diamante repleta de un líquido que permite respirar cuando te sumerges en él, en el que bucean, junto a otras maravillas, una mujer, un gato sin pelo y la cabeza de Danton que responde a ciertos estímulos eléctricos. Y, claro, el gran escenario de los cadáveres reanimados con resurrectina condenados a repetir una y otra vez los actos más relevantes de sus vidas ante un público convenientemente protegido del espectáculo por un cristal, el mayor ejemplo de la frialdad mecánica de la exhibición de Canterel.
En todo ello podemos encontrar la poética de la máquina, de la recreación de la vida, de la creación artística programada. Resulta una sucesión de caducos dioramas en el que se nos muestran escenas del pasado o una colección de autómatas de principios de siglo XX en los que la intención de imitar la apariencia humana da resultados esperpénticos e incluso aterradores.
(Lo digo yo, para quien el Museo de Autómatas de El Tibidabo, en Barcelona, supuso la mayor fuente de pesadillas y horrores)
La narrativa de
Locus Solus se caracteriza por su poética, su estructura y por lo sorprendente, en todos los aspectos, de su propuesta. Pero creo que le falla el aspecto humano… tal vez sea eso lo que nos quiera mostrar Roussel, la deshumanización del artificio, la inhumanidad de la máquina.
Se debería atravesar el capítulo cuatro e intentar olvidar la resurrectina, pero, quien sabe si por uno de esos azares del método narrativo de Roussel, a continuación debemos enfrentarnos a la historia de Lucius Egroizard enloquecido súbitamente al ver a su hija de un año odiosamente pateada hasta la muerte por una banda de asesinos bailando la giga. Egroizard recibe tratamiento en Locus Solus de manos de Canterel quien pone a su disposición los más enrevesados instrumentos mecánicos de forma que pueda recrear los momentos más desgraciados y traumáticos de su vida y también para recrear la presencia de su hija muerta. Egroizard es un genio enloquecido por el dolor y Canterel, en lugar de ayudarle a sanar, parece maravillarse con la capacidad creativa del demente.
Entonces me quedo helado. Comprendo
Locus Solus como el monumento literario que es. Pero también noto el frío helado del viento que sopla entre los árboles del jardín. Locus Solus es un espectáculo de horrores. Locus Solus es un artificio construido a mayor gloria del propio artificio.
Y no entro en la mansión. Me quedo en el jardín mientras anochece y las sombras empiezan a insinuar los horrores vistos y se deja oír un susurro como una cantinela de una pandilla de borrachos criminales que cantan mientras bailan “
one of us, one of us


Un retrato de Martial Canterel seguido de una descripción de Raymond Roussel o viceversa:

Après l'arrivée du dernier convoqué, le maître se mit en marche, guidant notre groupe, qui l'accompagnait docilement. Grand, brun, la physionomie ouverte, les traits réguliers, Canterel, avec sa fine moustache et ses yeux vifs où brillait sa merveilleuse intelligence, accusait à peine ses quarante-quatre ans. Sa voix chaude et persuasive donnait beaucoup d'attrait à son élocution prenante, dont la séduction et la clarté faisaient de lui un des champions de la parole.




La novela de Raymond Roussel puede leerse en línea, en forma de hipertexto, pulsando en el enlace: Locus Solus

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15/04/09

Tideland, de Terry Gilliam



En Tideland Terry Gilliam nos acerca al límite de lo permitido visual y narrativamente. Según Cherchi Usai denominamos Imagen pornográfica a aquella que se contrapone a la Imagen Ideal, en cuanto a “que el propósito de esas imágenes sea transgredir los códigos morales generalmente aceptados en la vida colectiva”. Gilliam bordea ese “suburbio cinematográfico” en el que están condenadas a perecer esas imágenes que “jamás hubieran debido ver la luz” pero no se atreve a dar el paso final. No como Haneke o Passolini.
Como siempre lo obvio pero oculto prevalece sobre lo explícito.

Lo que distingue las películas de Gilliam es la falta de límites entre la realidad y la fantasía. Podemos criticar muchos aspectos de su obra, lo que no podemos negar es la coherencia de su temática y su obsesión por plasmar una iconografía muy personal. Tal vez la importancia en las películas de Gilliam de la puesta en escena sobre el contenido narrativo sea en ocasiones el principal defecto que puede decepcionar o cansar al espectador… la “estética del cacharro oxidado colgando” puede estar agotada, a no ser que, como en Tideland, se adecue a la narración.
Lo de los finales de sus películas es otra cuestión discutible.



En Tideland se invierte la relación realidad-fantasía. Lo que nos propone Gilliam no es un escape a una zona fantástica, sino la revelación de una realidad tan cruda que sólo puede ser asimilable por el personaje de Jeliza-Rose como un mundo de fantasía. El espectador, sin embargo, comprende y entiende y sufre la realidad de la niña.
Tendemos a considerar realidad y fantasía (ficción) como términos que se oponen, pero lo fantástico sólo es concebible en cuanto representa y se crea a partir de la realidad. Al igual que nos maravilla que las Matemáticas, basadas en sus principios en la observación de la naturaleza, representa fidedignamente a ésta. No podía ser de otra manera. Sin embargo las Matemáticas son capaces de definir realidades que no se pueden captar con los sentidos, inimaginables más allá de su formulación, algo que no sé si la fantasía es capaz de desarrollar. La dependencia de lo fantástico con lo real es tal que sólo se puede representar en términos reales. Los paradigmas lógico-matemáticos que plantea Lewis Carroll en las novelas de Alicia, sólo pueden ser apreciadas en oposición a la realidad, en el ámbito de ésta. El non-sense precisa un sense para ser apreciado.



Entonces llegamos, claro, al conejo blanco y a la madriguera.



Tideland como oposición a Wonderland. El otro lado del espejo precisa de nuestro lado para existir y únicamente puede ser apreciado desde aquí.
El Profundo Sur, un territorio narrativo que no debe limitarse a su localización geográfica, un territorio universal fantástico, sólo puede entenderse desde nuestra posición de espectadores, desde la realidad. El Profundo Sur es un lugar donde habitan nuestros fantasmas más ancestrales, donde reina la depravación y la amoralidad endogámica, las taras genéticas y el aislamiento social, el incesto, la pederastia y las más extrañas manifestaciones de la muerte. En esta ocasión los “cacharros oxidados colgando” están en nuestro lado, en la realidad que obviamos, en la parte pornográfica y suburbial de la realidad.



Tideland es el Wonderland perverso. Es nuestro propio lado del espejo. Acostumbrados como estamos a la versión edulcorada y castrada de la Alicia de Disney, olvidamos el penoso papel de Charles Dogson, camuflado en Carroll, camuflado en el caballero que acompaña a Alicia que se despide de ella diciendo: “—Sólo te quedan unos metros más —dijo— bajando por la colina y cruzando el arroyuelo aquél: entonces serás una reina…, pero antes te quedarás un poco aquí para decirme adiós, ¿no?”. La realidad que nunca deja de mostrar su lado más miserable y, a la vez, el más humano. El único lado concebible.



Tal vez lo más fantástico en Tideland sea la posibilidad de un final feliz para la protagonista.
Nosotros volveremos a nuestras habitaciones de taxidermistas a embalsamar la realidad.




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11/04/09

Conejo de Pascua

Ya es un clásico en El lamento: Los conejos



Tal vez habría que hacer una especie de post anual coincidiendo con la Pascua o alguna tontería así.

Hace tiempo, el alumno aventajado(*) de David Lynch, Richard Kelly, nos presentó a F
rank the Bunny en la película Donnie Darko



Es posible que Kelly se inspirase en unos extraños sucesos ocurridos en 1970 en el condado de Fairfax, Virginia, EEUU, que The Washington Post recogía el 22 de octubre de ese año: "Fairfax County police said yesterday they are looking for a man who likes to wear "white Sunny rabbit costume" and throw hatchets through car windows" (hasta aquí llega el texto gratuito que ofrece el archivo del periódico... en fin)
Como siempre, fue Javier, de La balada del elefante azul, quien me guió hasta el documento definitivo sobre el tema de los hombres disfrazados de conejo:

Bunny Man

Lo cierto es que la teoría del loco fugado con instintos criminales puede recordarnos a Gradus, el asesino de John Shade, equivocándose de víctima ante los ojos de Charles Kinbote... ¿es posible que su error fuese debido a la máscara de conejo que le impedía ver con claridad? Ni Kinbote, ni Botkin, ni Nabokov dicen nada al respecto, aunque es sospechosa la recurrente presencia de ardillas en Pnin.
La cuestión es que seguimos con la misma pregunta, ¿por qué conejos? ¿por qué conejos siniestros?

En fin...
Estoy escribiendo una especie de relato en la que uno de los personajes va disfrazado. Originalmente pensé en un conejo, por lo que el relato se iniciaba así:

"
Un conejo gigantesco que arrastra el cadáver demediado de una mujer agarrándolo por los cabellos contempla a través de unos prismáticos a dos hombres que caminan bajo el sol entre las ruinas".

Después he pensado que había demasiada iconografía de conejos en el mundo y lo he cambiado por un koala, animales que, antropomorfizados, pueden ser también bastante siniestros:




Aún así sigo pensando en el personaje como un conejo...
Quiero pedir consejo: ¿Qué hago?, ¿me quedo con el conejo a pesar de lo recurrente o cambio al koala?
¿Conejo o Koala?


(*) Aunque empezamos a dudar de la posibilidad de alargar ese homenaje continuo al maestro que Kelly lleva al exceso. Ese engendro entre Lynch y P.K. Dick titulado Southland Tales parece confirmarlo... podría haber sido una película mejor si hubiese intentado librarse de Lynch... si no hubiese intentado redimir a The Rock, si no hubiese...

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03/04/09

The palm wine drinkard, de Amos Tutuola

1.- El bevedor de vi de palma, de Amos Tutuola. Editorial Laertes ; Traducción y prólogo de Emili Olcina.

El bebedor de vino de palma y su difunto sangrador de vino de palma en la ciudad de los muertos

2.- África

¿Se puede descontextualizar la novela de Amos Tutuola de su entorno? No (y, sin embargo, trasciende las fronteras del ámbito de su escritura y su desarrollo narrativo para convertirse en obra universal)

3.- 1952

¿Se puede descontextualizar la novela de Amos Tutuola de su época? No (y aquí está la paradoja porque la novela debe tanto a sus circunstancias como a su época de forma que es tan complicado explicar lo que ES
The palm wine drinkard, como explicar lo que NO ES) (como siempre lo mejor es leer la novela y que cada cual descubra en su lectura lo que verdaderamente ES)
(Objetivamente, si eso es posible,
The palm wine drinkard es una novela vanguardista por su lenguaje y su estructura en algunas ocasiones aleatoria (o por su falta de estructura (o por exacerbar el clasicismo de su estructura (me encantan los paréntesis dentro de paréntesis))) y es, al mismo tiempo una narración clásica que se emparenta con las obras fundamentales de la narrativa occidental, sea La odisea, La Epopeya de Gilgamesh o incluso Gargantúa y Pantagruel)

4.- Odiseo

Ulises “fecundo en ardides”, haciendo gala de otro de sus atributos “igual a Zeus en prudencia”, se convierte en el primer narrador infidente de la historia de la literatura. De los veinticuatro cantos de
La Odisea, sólo ocho, los que van del V al XII, contemplan las aventuras fantásticas de Ulises y su tripulación. Son cantos en los que la voz narradora e interesada es la del propio Ulises intentando conmover a la corte de los feacios para que le ayuden a regresar a Itaca. A los lectores de esos cantos o a los oyentes de los hexámetros dáctilos de los aedos no les interesa la verdad, les interesa la narración y las emociones que les provoca. Es el nacimiento de la literatura.

5.- El narrador de Tutuola

The palm wine drinkard está narrado en primera persona por un desmedido personaje rabelesiano que se autodenomina “Padre de los dioses que todo lo puede en este mundo”. No es un narrador omnisciente como podría serlo el de La Iliada, después de encomendarse a la Musa, capaz de contar lo que sucede tanto del lado de los héroes humanos como de los dioses. No es tampoco, aunque comparte mucho con él, el narrador infidente Odiseo. Es un narrador omnipotente por encima de lo humano y lo divino, rasgos que comparte en la misma medida, que no distingue entre lo natural y lo espiritual. The palm wine drinkard se desarrolla entre lo humano y lo sobrenatural, entre la vida y la muerte sin distinción entre ellos de forma que se constituye un campo narrativo chocante y a la vez reconocible, pero, en cualquier caso, sumamente original.
(Es posible que
The palm wine drinkard encierre una analogía antropológica, social y cultural, pero en una primera lectura no me parece que sea lo más destacable) (aunque, posiblemente sea más importante de lo que me pueda parecer) (insensibilidad occidental) (o mala conciencia colonial) (mala conciencia en general)

6.- Amos Tutuola



Fotografía gentileza de LAACC Subal Quinina

Los padres de Amos, Charles y Esther, eran granjeros yorubas dedicados al cultivo del cacao y profesaban la religión cristiana. A los siete años de edad Amos entró al servicio de F. O. Monu, un igbo que le envió a la escuela del Ejército de Salvación. A los doce años frecuentó la Escuela Central Anglicana de Abeokuta. A morir su padre en 1939, Tutuola abandonó los estudios para trabajar como aprendiz de herrero, empleo que ejerció entre 1942 y 1945 para la Royal Air Force en Nigeria. Posteriormente tuvo distintos trabajos, entre otros, vendedor de pan y repartidor del Departamento Nigeriano de Trabajo. En 1946, Tutuola terminó la escritura de su primer libro: The Palm-Wind Drinkard

Fuente Wikipedia: Amos Tutuola

Son sólo datos. Con ellos únicamente puede parecer que la escritura de Tutuola surge espontáneamente. El extraño caso del herrero escritor.
Olvidemos los datos.
Tutuola es grande.

7.- África (de nuevo)

Y es grande por que su escritura es un contundente y demencial canto frenético lleno de ritmo. Una prosa que se podría tildar de ingenua, “mal escrita” como denunciaban sus críticos aludiendo al inglés oral y coloquial que empleó para expresarse, pero llena de una vitalidad y una fuerza desbordantes en la que las repeticiones remiten de nuevo a los aedos, a la poesía oral, a la narrativa fundacional…
(no quiero hablar de tambores, no quiero hablar de la tierra, no quiero hablar de la maleza)
(no quiero hablar del herrero hijo de campesinos)
Tutuola se convierte en dios como “Padre de los dioses que todo lo puede en este mundo”
En manos de Tutuola África se convierte en un enigmático y confuso mundo ajeno a la realidad, un territorio narrativo en el que todo es posible y nada defrauda.
Literatura.

8.- El negre que et xiuxiueja històries a cau d'orella por Subal Quinina

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