31/03/09

Locus Solus, de Raymond Roussel (I)

(...) Locus Solus es también un paseo por ese Lugar Solitario que es la propiedad monumental de Martial Canterel, un itinerario iniciático a lo largo de una tarde en la que este científico va mostrando a sus invitados los inventos y máquinas solteras que pueblan la villa de Montmorency, rarezas e invenciones que a medida que avanza la narración van haciéndose cada vez más geniales. Y así, por ejemplo, tras un martinete formado por un mosaico de dientes y un enorme diamante de cristal relleno de agua en la que flota una chica que baila, un gato sin pelo y la cabeza conservada de Danton, llegamos al pasaje central, el más inolvidable, el que nos persigue muchos años después de haber leído este libro: la descripción de ocho escenas que tiene lugar en una enorme galería acristalada. (...)
Regreso a Locus Solus, Enrique Vila-Matas

Leyendo el terrible capítulo cuatro de Locus Solus recordé el corto de 54 segundos rodado por David Lynch para el film Lumière et Compagnie, tal vez porque la cámara se pasea lateralmente por un escenario que de alguna manera entendemos que ocurre tras un muro de cristal. O tal vez, porque Roussel anticipa con su inventiva la esencia del cine.

Sombras animadas.

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24/03/09

Indignación, de Philip Roth

Enfermedad y desesperación —dijo Settembrini— a menudo no son más que formas de extravío.
Thomas Mann, La montaña mágica.

No hay mucho que decir de una obra de poco más de 160 páginas sobre todo si no se quiere revelar el argumento. De lo que se trata, en cualquier caso, es de repetir “hay cierta mierda que no voy a tragar”, convertirlo en un lema que nos lleve a donde sea.
Y dirán, muchos lo harán, que Indignación es una obra menor de Roth, que no es de las mejores de su producción. Pero leyéndola uno puede captar la esencia de la maestría literaria, la precisa fluidez de la experiencia.
Decir que Philip Roth es magistral (en lo que se refiere a su condición de “maestro”) es una obviedad.
Así que la reseña ideal sobre Indignación, aquella que no se refiere al argumento ni reitera la calidad narrativa del autor debería resumirse en el título de la obra:

Indignación, de Philip Roth.
Y en todo caso añadir:

IN-DIG-NA-CIÓN

(¡Alzaos los que os negáis a ser esclavos!)

Eso sería todo.

Pero a la rendición total ante la narrativa de Roth y a la admiración por las trampas que pone en nuestro camino (uno cree encontrarse con una novela “típica” de Roth en la que un joven airado afirma su personalidad a través de tumultuosas relaciones erotico-sentimentales, pero finalmente resulta ser otra tipo de narración) se suma una conexión no sé si demasiado descabellada.
Releo Indignación en la memoria como la versión de Philip Roth de La montaña mágica de Thomas Mann.
Hay que salvar muchas distancias, de extensión, de tema, de contexto...
Indignación sería una especie de síntesis de la monumental novela de Mann que conduce a una nueva tesis con un final más concreto que la del alemán. La versión de Roth va de lo universal (las ideas que se generar en el aprendizaje de Hans Castorp en el mundo aislado del sanatorio) a lo particular (Marcus Messner en una Universidad de Ohio durante los años cincuenta) para devolvernos una idea universal (que las elecciones personales obtienen resultados desproporcionados). Roth convierte Indignación en una fábula moral en el que las imposiciones religiosas se confrontan a las libertades individuales y que concluye que, a causa de esos efectos desproporcionados que conllevan las elecciones, hay cierto tipo de opciones ante las que ninguna persona debe de enfrentarse jamás, sobre todo cuando afectan a las libertades individuales.
Se podría pormenorizar el paralelismo entre las dos novelas, pero no llevaría a ninguna parte. Indignación merece leerse por sí misma.
La montaña mágica no digamos:
¡Adiós, Hans Castorp, hijo mimado de la vida! Tu historia ha terminado. Hemos acabado de contarla. No ha sido breve ni larga; es una historia hermética. La hemos narrado por ella misma, no por amor a ti, pues tú eras sencillo. Pero en definitiva es tu historia. Puesto que la has vivido, debes sin duda tener la materia necesaria, y no renegamos de la simpatía pedagógica que durante esta historia hemos sentido hacia ti y que podía llevarnos a tomar delicadamente, con la punta del dedo, un ángulo de nuestros ojos, al pensar que ya jamás te volveremos a oír ni a ver.
Thomas Mann, La montaña mágica; traducción de Mario Verdaguer.

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22/03/09

Akiresu to kame, una película de Takeshi Kitano

En capítulos anteriores:
Takeshis'
Kantoku · Banzai!

¿La definimos como película autoreferencial? Bueno, quizás. Una muestra quizás baste:



El arte no es más que una enorme farsa”, dice el vendedor de fideos, y sobre esa premisa narra Kitano la historia de Machisu Kuramochi desde su infancia hasta su madurez en Akiresu to kame
Machisu soñaba con ser pintor. O quizás fue inducido a soñar con serlo”.
No se trata de cuestionar el papel del arte, ni de criticar el baremo por el que se determina su valor social.
Creo que esta película, junto a las dos anteriores de Takeshi Kitano, tiene un claro mensaje de parte de su director, que seguirá haciendo las películas que le plazcan sin someterse a ninguna imposición comercial ni de ningún otro tipo. Es decir, nos encontramos ante las obras más personales de Kitano y al mismo tiempo las más desconcertantes. Comparar cualquiera de estas tres últimas películas con las sutilezas estilísticas de Dolls o con la épica irónica de Zatoichi o sus películas de yakuzas, no lleva a ninguna parte. Ya Takeshis' supuso una rotura completa con su filmografía anterior, una renuncia a todo lo que había sido que tuvo su continuación en Kantoku · Banzai!.
Excepto, quizás, con la comedia… la peculiar comedia de Kitano.
¿Qué es entonces Akiresu to kame?
Una comedia, por supuesto.
Un hiper-melodrama, también.
Pero creo que sobre todo es un arriesgadísimo experimento cinematográfico: Realizar deliberadamente una “mala” película para debatir sobre la experiencia artística.
Si narrativamente nos situamos al lado del artista infructuoso en la película, al mismo tiempo no podemos dejar de reconocer la ingenuidad de su propuesta. Mientras, Kitano nos zarandea de unos episodios cómicos a otros de un exagerado dramatismo, excesivo, casi ridículo, que recorre todos los tópicos narrativos sobre artistas, de La Bohème a Jóvenes prodigiosos, pasando por los biopics hollywoodienses sobre pintores, músicos, escritores.
Todo es excesivo en Akiresu to kame, se sobrepasa lo trágico para acabar riéndose de la misma narración, riéndose de los convencionalismos, llegando incluso a convertirse, por el propio exceso, en un producto cinematográfico que se podía considerar malo.
¿Puede lo malo ser bueno?, ¿puede lo manido convertirse en innovador?

Vean Akiresu to kame, Achiles and the tortoise, según el título inglés, y juzguen.
Y disfruten, claro, porque tengo la impresión que Takeshi Kitano es el único director de cine completamente independiente. Independiente de la industria, de la crítica e incluso del público.

Quizás no baste una única muestra:














Lo que no es necesario decir es que todos los cuadros que aparecen en la película son obra de Takeshi Kitano.

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17/03/09

Pálido fuego y los X-Men

La Patrulla X, o en su versión original X-Men, es una serie de cómics de la Marvel que empezaron a publicarse en 1963 un año después de que fuera publicado Pálido Fuego de Nabokov. Las fuentes de la serie, un grupo de mutantes con superpoderes, nunca fue confesada por Kirby y Lee, sus autores, pero quedó bastante claro años más tarde que se inspiraron en relatos de Henry Kuttner publicados entre 1945 y 1953 en la revista Astounding. El título de uno de estos relatos, Hijos del átomo, fue utilizado años más tarde como subtítulo de la serie de Marvel en homenaje o reconocimiento tardío a la obra de Kuttner (suponemos). La novela Mutante es otra de las referencias claras de la obra de Kuttner en la “creación” de los X-Men. Recordemos que el Profesor X, fundador de los X-Men es un telépata calvo:
Todo mutante corre el riesgo de llegar al límite. Hubo muchísimas frustraciones. Las radiaciones duras produjeron una sola mutación verdadera; los telépatas sin pelo. La mente es un extraño juguete... usted no lo ignora. Es una suspensión coloidal, en sentido figurado, sobre la punta de un alfiler. Si hay alguna imperfección, la telepatía tiende a destacarla. Como usted sabe, la Explosión tuvo por consecuencia una infernal cantidad de alteraciones mentales. No solamente entre los Calvos, sino también entre otras mutaciones que surgieron entonces. Sólo que los Calvos son casi siempre paranoides.

Mutante, de Henry Kuttner; traducción de H.V. Rial y J.M. Pomares para Ediciones B
Pero lo que puede llamarnos la atención es un hecho que no aparece reseñado en la red, al menos no he sabido encontrarlo, y es la relación entre los X-Men y Pálido fuego. Tanto el Profesor X como el exiliado Rey de Zembla se llaman Charles Xavier:

Ya he aludido en el curso de estas notas a las aventuras de Charles Xavier, último rey de Zembla, y al vivo interés que manifestaba mi amigo por las muchas historias que le conté acerca de ese rey.
(…)
Por la galería abierta que dominaba el hall, paralelamente, al costado estrecho, un hombre alto, barbudo, se dirigía con paso rápido y militar del este hacia el oeste. Había desaparecido detrás de una biblioteca, pero no antes de que Gradus hubiera reconocido la figura alta y robusta, el porte erguido, la nariz aguileña, las cejas rectas y el balanceo enérgico del brazo de Charles Xavier el Bienamado.
(…)
Dio, pues, sus clases bajo un nombre supuesto y con un pesado maquillaje, peluca y barba postiza. Todos los zemblanos de barba castaña, mejillas coloradas y ojos azules se parecen, y yo que hace ya un año que no me afeito, me parezco a mi rey disfrazado.
(…)
Durante los primeros meses de la revolución zemblana aparecieron no pocas veces retratos del Rey. De vez en cuando algún entrometido de la universidad dotado de memoria fiel, o alguna de las mujeres de club que andaban siempre detrás de Shade y su excéntrico amigo, me preguntaron con el aire estúpido de saberlo todo que se adopta en esos casos, si alguien me había dicho cuánto me parecía al infortunado monarca. Yo contestaba algo por el estilo de: "todos los chinos se parecen" y cambiaba de tema. Pero un día en el salón del Club de la Facultad donde estaba descansando, rodeado por algunos de mis colegas, tuve que hacer frente a un ataque especialmente incómodo. Un profesor visitante alemán de Oxford exclamó en voz alta y como para sí mismo, que el parecido era "absolutamente inaudito" y cuando le hice notar como de paso que todos los zemblanos con barba se parecen —y que, en efecto, el nombre Zembla, es la corrupción no del zemlya ruso, sino de Semblerland, país de reflejos, de "parecidos"— mi torturador dijo: —¡Ah, sí, pero el Rey Charles no usaba barba, y sin embargo es su misma cara!

Vladimir Nabokov, Pálido fuego
¿Qué más parecido que lo desemejante? Charles Xavier, rey de Zembla y el profesor Charles Xavier son físicamente opuestos.
Mientras uno sería más o menos así (es el primer barbudo que se me pasó por la cabeza):



Cómo llegamos a América es una gran historia, pero no voy a narrarla. Cuando emprendimos el viaje, no teníamos ni idea de este gran recibimiento. No lo merecemos.
Cuando digo que no lo merecemos, créanme, sé de lo que hablo. Ahora les contaré cómo llegamos a América. La primera vez nos quedamos sin gasolina a medio camino. Tuvimos que volver. Entonces cargamos el doble de gasolina. Esta vez, nos quedaba un metro para aterrizar cuando, qué les parece, se agotó de nuevo la gasolina. Regresamos a por más combustible. Esta vez, llevábamos suficiente combustible. Íbamos a medio camino y ¿qué creen que pasó? Se nos había olvidado el avión. Así que nos sentamos a deliberar. Entonces tuve la gran idea de no llevar gasolina, de no llevar avión. Cogimos un barco. Y así, amigos, es cómo atravesamos el océano en avión.

Una noche en la ópera, de Sam Wood
(Perdón por el inciso)
El otro es así:



Nabokov sabía que en lo desemejante se pueden encontrar igualdades. No hay mejor doble que aquel que no se nos parece en nada (véase Desesperación). Kirby y Lee intentan ocultar a Charles Xavier creándolo opuesto a su modelo, sin darse cuenta que ocultándolo lo ponen de manifiesto.
Ambos, el rey de Zembla y el mentor de los mutantes, son profesores y viven ocultos en sus mansiones acechados como “la única pieza negra de lo que un inventor de problemas de ajedrez podría calificarse de rey bloqueado en el rincón, del tipo solus rex”.

En fin.

Otros hilos: Xavier es la forma catalana de Javier; Zembla en catalán se leería “Sembla”, que traducido sería “parece, asemeja”.

Próximo capítulo: Pálido fuego; En busca de las joyas de la Corona

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13/03/09

Pálido fuego, de Vladimir Nabokov (¿ y II?)

En Interpretations se pueden encontrar varias de las posibles formas de enfocar Pálido fuego de Nabokov.

Aquí está la amable y valiosa traducción de Javier:

Pálido fuego; Interpretaciones

Algunos lectores se concentran en la historia aparente, enfocando su lectura en aspectos tradicionales de la narrativa como las relaciones entre los personajes. Estos intentan demostrar que Kinbote parasita a Shade, o que el poema de Shade es mediocre y Kinbote, el inventor de Zembla, es el verdadero genio. En 1997, Brian Boyd publicó un estudio ampliamente discutido donde afirma que el fantasma de John Shade influenció las contribuciones de Kinbote. En el libro que expande su ensayo, Boyd también dice que el fantasma de Hazel indujo a Kinbote a decir cosas a Shade que terminaron inspirando su poema.
Otros lectores ven una historia bastante distinta de la aparente. Los "Shadeanistas" aseguran que John Shade no sólo escribió el poema sino el comentario, inventando su propia muerte y el personaje de Kinbote como un artificio literario. De acuerdo a Boyd, Andrew Field inventó la teoría Shadeanista y Julia Bader la expandió; Boyd la adhirió durante un tiempo. Los "Kinbotistas", un grupo claramente minoritario, creen que Kinbote inventó la existencia de John Shade. Boyd acredita la teoría Kinbotista a Page Stegner y añade que la mayoría de sus creyentes son recién llegados al libro. Algunos lectores piensan que el libro oscila sin decidirse entre estas alternativas, como el vaso de Rubin (un dibujo que puede ser dos perfiles o un cáliz).
Aunque una minoría de los comentaristas creen o al menos aceptan la posibilidad de que Zembla es tan real como New Wye, la mayoría asume que Zembla, o al menos la opereta del palacio pintoresco y homosexualmente gratificante que disfrutaba Charles Xavier antes de su caída, es imaginaria en el contexto de la historia. El nombre “Zembla" (tomado de "Nova Zembla", la forma anglificada de Novaya Zemyla) puede evocar literatura fantástica popular sobre la realeza como El Prisionero de Zenda, señalando así que no debe ser tomada literalmente. Como en otros de los libros de Nabokov, sin embargo, la narrativa es una versión exagerada o cómicamente distorsionada de su propia vida como el hijo de una familia privilegiada antes de la revolución rusa y un exiliado posteriormente, y el asesinato central tiene similitudes (indicadas por Pricilla Meyes) con el asesinato del padre de Nabokov por un hombre que intentaba matar a alguien más.
Algunos lectores, empezando con Mary McCarthy e incluyendo a Boyd, el anotador de Nabokov, Alfred Appel, y D. Barton Johnson ven a Charles Kinbote como un alter-ego del loco profesor B. Botkin, cuyas delusiones son tratadas con condescendencia por John Shade y el resto de sus colegas en Wordsmith College. Nabokov mismo endorsa esta lectura, afirmando en una entrevista en 1962 (un año después de la publicación de la novela) que Pale Fire "está lleno de melocotones que sigo esperando que alguien encuentre. Por ejemplo, el repugnante comentarista no es un ex-Rey de Zembla ni el profesor Kinbote. Es el profesor Botkin, o Botkine, un Ruso y un loco." La intrincada estructura de la novela de interreferencias provocadoras guía al lector hacia este "melocotón". El índice, supuestamente creado por Kinbote, incluye una entrada para un "Botkin, V.," que describe a este Botkin como un "Académico americano de ascendencia rusa" –y refiriendo a la nota en el Comentario sobre la línea 894 del poema de Shade, en el cual tal persona no es mencionada directamente pero un personaje sugiere que "Kinbote" es "una especie de anagrama de Botkin o Botkine." En esta interpretación, el "Gradus" que asesina a Shade es un americano llamado Jack Grey que quería matar al juez Goldsworth, cuya casa arrienda el comentarista de Pale Fire –cualquiera que sea su verdadero nombre. Goldsworth condenó a Grey a un manicomio del cual escapó poco antes de matar por error a Shade, quien se parecía a Goldsworth.
Otros lectores quitan énfasis a cualquier tipo de "historia real" y dudan incluso de la existencia de tal cosa. En el juego entrecruzado de alusiones y vínculos temáticos, ven una imagen polifacética de la literatura inglesa, la crítica, la idolatría literaria, la política, y otros temas.
Me interesa, particularmente, la hipótesis “Botkiana”, por las consecuencias que se derivan de ella.
Las fuentes de las declaraciones de Nabokov al The New York Herald Tribune en 1962, son algo confusas. ¿Existe un complot botkiano que quiere llevarnos en esa dirección?. Supuestamente la declaración es la siguiente:

I think it is a perfectly straightforward novel. The clearest revelation of personality is to be found in the creative work in which a given individual indulges. Here the poet is revealed by his poetry; the commentator by his commentary. ['Pale Fire'] is jollier than the other [novels], and it is full of plums that I keep hoping somebody will find. For instance, the nasty commentator is not an ex-King of Zembla nor is he professor Kinbote. He is professor Botkin, or Botkine, a Russian and a madman. His commentary has a number of notes dealing with entomology, ornithology, and botany. The reviewers have said that I worked my favorite subjects into this novel. What they have not discovered is that Botkin knows nothing about them, and all his notes are frightfully erroneous.... No one has noted that my commentator committed suicide before completing the index to the book.... The last entry has no numbered reference.... And even Mary McCarthy, who has discovered more of the books than most of its critics, had some difficulty in locating the source of its title, and made the mistake of searching for it in Shakespeare's 'The Tempest.' It is from 'Timon of Athens.' "The Moones an arrant Theefe, And her pale fire, she snatches from the Sunne." I hope that pointing out these things will perhaps help the reader to enjoy my novel better.

(The New York Herald Tribune, American edition, 17 June 1962, p.5, interviewer Maurice Dolbier.)

Esta es la traducción (no quiero ser redundante en agradecimientos, pero los merece) de Javier :

Creo que esta es una novela directa. La revelación más clara de la personalidad se encuentra en el trabajo creativo en el que un individuo se vuelca. Aquí el poeta es revelado por su poesía; el comentarista por su comentario. [Pale Fire] Es más entretenida que las otras [novelas], y está llena de ciruelas que yo sigo esperando que alguien encuentre. Por ejemplo, el molesto comentarista no es un ex-rey de Zembla ni es el profesor Kinbote. Es el profesor Botkin, o Botkine, un ruso loco. Su comentario tiene notas dedicadas a la entomología, la ornitología y la botánica. Los críticos dicen que yo desarrollé algunos de mis temas favoritos en la novela. Pero lo que no notaron es que Botkin no sabe nada sobre ellos, y que sus notas son horrorosamente erróneas... Nadie ha notado que mi comentarista se suicidó antes de terminar el índice del libro.... La última entrada no tiene página... E incluso Mary McCarthy, quien ha descubierto más en los libros que la mayoría de los críticos, le costó encontrar la fuente de su título, y cometió el error de buscarla en 'La Tempestad' de Shakespeare. Viene de 'Timon de Atenas.' "The Moones an arrant Theefe, And her pale fire, she snatches from the Sunne." ["La luna es una ladrona descarada, y su fuego pálido, lo usurpa del sol."] Espero que señalar estas cosas tal vez ayude al lector a disfrutar más mi novela.

Puede que ayude más a disfrutar de la novela o puede que sea una pista falsa, la típica broma nabokoviana, que no hace más que complicar las cosas aportando nuevos puntos de vista totalmente inesperados para el lector. La “lucha” entre Shade y Kinbote se complica con la presencia del profesor Botkine o Botkin.
Aceptamos que Pale Fire se divide en poema y comentario. Aceptamos, si acaso, ese Prólogo escrito por Charles Kinbote, pero solemos olvidar que al final del texto, tras ese fatídico “y pronto llamará a mi puerta, un Gradus más grande, más respetable, más competente”, aparece un Índice que constituye el final de la novela. Obviar el Índice es un grave error. En él descubrió, como recuerda Nabokov, Mary McCarthy que su última entrada no remite a ninguna página: “Zembla: distante tierra nórdica”.

¿Se encuentra entonces en el Índice la clave de Pale Fire?
Es inquietante la entrada referente al picotero que inicia el poema de Shade:

(En todos los fragmentos se maneja, por comodidad, la traducción de Aurora Bernárdez, Pálido fuego, para Anagrama)


Waxwings: picoteros, pájaros del género Bombycilla, 1-4, 131, 1000; Bombycilla shadei, 71, una interesante asociación tardíamente comprendida.

Nos interesan los versos 71 y 72:
Yo era muy pequeño cuando mis padres murieron.
Los dos eran ornitólogos. (…)

Y en el comentario de Kinbote (o de Botkin) podemos leer que el padre de John Shade “dio nombre a un pájaro, el Bombycilla Shadei (debería ser shadei, naturalmente)” y que su madre, ornitóloga, se llamaba Carolina Lukin. Este apellido, que nos recuerda al del personaje de La defensa, otra novela de Nabokov, Luzhin, es analizado, con esa profusión y minuciosidad aparentemente sin sentido, por el comentarista del poema:

Lo que el autor de la nota necrológica no sabía es que Lukin viene de Luke, igual que Locock y Luxon y Lukashevich. Es uno de los muchos casos en que el patronímico hereditario, aparentemente amorfo pero viviente y personal, evoluciona adoptando a veces formas fantásticas en torno al muy común guijarro de un nombre de pila. (…) Otros nombres derivan de profesiones como Rymer, Scrivener, Limner (iluminador de pergaminos), Botkin (el zapatero, el fabricante de calzado de fantasía) y muchos otros”.

Pero no descubro nada diciendo que no hay nada dejado al azar en las novelas de Nabokov. La alusión a Botkin, no es casual. Es la primera vez que el nombre aparece en el texto, si no me equivoco. Curiosamente la entrada a Botkin en el índice contiene acepciones que no conducen a ninguna página concreta del texto (como ocurre con la última entrada del Índice, Zembla: distante tierra nórdica):

Botkin, V: erudito norteamericano de origen ruso, 894; king bot, larva de una mosca extinguida que se criaba en los mamuts y que se cree aceleró su fin filogenético, 247; fabricante de botas, 71; bot, pluf y boteliy, panzón (ruso); botkin o bodkin, estilete danés.

Ese “botkin” sin referencia a la entrada en que aparece, demuestra la voluntad del autor del texto de ocultar el instrumento afilado, pero en el texto aparece este comentario en el Verso 493:

que se quitó la pobre y joven vida, (que se inicia con una inquietante advertencia: )La nota siguiente no es una apología del suicidio; es la simple y sobria descripción de un estado espiritual.
Entre las muchas opciones al suicidio que propone el narrador (dejémoslo así de momento, sin personalizar) se encuentra la siguiente afirmación:

Son los puristas los que sostienen que un caballero debe usar un par de pistolas, una para cada sien, o un botkin desnudo (obsérvese la correcta ortografía), y que las señoras deberían o bien tomar un veneno mortal o ahogarse con la torpe Ofelia.

Ahí está el botkin no referenciado: ¿Será con ese estilete danés con el que se suicidará el comentarista?

La cuestión en todo este asunto se resume en aceptar una de las dos opciones posibles. O bien Kinbote es el narrador o lo es Botkin. Las consecuencias de cada una de las dos alternativas deben ser asumidas por cada lector. Nabokov, en el contexto paratextual de la entrevista, advierte que el narrador no es Kinbote, algo que no queda excesivamente claro en la lectura de la novela. Todas las referencias que nos puedan hacer pensar que otro aparte de Kinbote es el verdadero narrador de Pálido fuego son veladas y se pierden en la prolijidad narrativa de Nabokov.
En el comentario al verso 894 se produce una curiosa confusión de identidades que posiblemente encierre la clave de la identidad del narrador:

Durante los primeros meses de la revolución zemblana aparecieron no pocas veces retratos del Rey. De vez en cuando algún entrometido de la universidad dotado de memoria fiel, o alguna de las mujeres de club que andaban siempre detrás de Shade y su excéntrico amigo, me preguntaron con el aire estúpido de saberlo todo que se adopta en esos casos, si alguien me había dicho cuánto me parecía al infortunado monarca. (…)

Nos choca el “excéntrico amigo” de Shade que no ha sido mencionado con anterioridad. Sólo Kinbote se empeña en acompañar continuamente al poeta. Si aceptamos que Kinbote es el narrador la afirmación del comentario al verso 894 (un rey) es contradictoria. Es en esta parte final del texto, sobre todo en este comentario, donde se producen las mayores confusiones de identidad del texto:

—Naturalmente —dijo el joven Emerald levantándose.
El Profesor Pardon me habló ahora: —Yo tenía la impresión de que usted había nacido en Rusia, y de que su nombre era una especie de anagrama de Botkin o Botkine.
Kinbote: —Usted me confunde con algún refugiado de Nova Zembla (insistiendo sarcásticamente en "Nova").
—¿No me ha dicho usted, Charles, que kinbote significa regicida en su lengua? —preguntó mi querido Shade.
—Sí, destructor de rey —dije (ansioso por explicar que un rey que oculta su identidad en el espejo del exilio es en cierto sentido exactamente eso).
Shade (dirigiéndose al visitante alemán): —El Profesor Kinbote es autor de una obra notable sobre los nombres de pila. Creo (a mí) que existe una traducción inglesa, ¿verdad?
—Oxford, 1956 —respondí.
—¿Sabe usted ruso, sin embargo? —dijo Pardon—. Creo que le oí a usted, el otro día, hablando con... cómo se llama... oh, Dios mío (formando laboriosamente el nombre con los labios).
Shade: —Señor, a todos nos cuesta "atacar" ese nombre (riendo).
Profesor Hurley: —Piense en la palabra francesa para "neumático": "pneumatique".
Shade: —Pero señor, mucho me temo que no haya hecho más que pinchar el neumático de la dificultad (riéndose a carcajadas).
—Flatman —ironicé—, sí —continué dirigiéndome a Pardon—, claro que hablo ruso. Comprende, era el idioma elegante par excellence, mucho más que el francés, entre los nobles de Zembla por lo menos, y en la corte. Hoy todo eso ha cambiado, naturalmente. Ahora son las clases más bajas las que tienen que hablar el ruso a la fuerza.

Por su parte, "pneumatique" conduce inevitablemente al protagonista de otra de las novelas de Nabokov, el profesor Pnin. Así, en el verso 172, se lee:

Hablando del jefe del Departamento de Ruso, el Profesor Pnin, un verdadero tirano con sus subordinados (afortunadamente, el Profesor Botkin, que enseñaba en otro departamento, no dependía de ese "perfeccionista" grotesco) : "Qué extraño que los intelectuales rusos no tengan ningún sentido del humor cuando cuentan con humoristas tan maravillosos como Gogol, Dostoievsky, Chejov, Zoshchenko y esa pareja de autores de genio, Ilf y Petrov".

Choca el crácter de Pnin descrito por el narrador de Pálido fuego, con el retrato que hace el narrador de Pnin. Hay una contradicción que puede llevarnos a que dudemos de la veracidad del narrador.
Pero no es la única referencia a otras obras del propio Nabokov. Lolita es un huracán, y Humbert Humbert “un viejo pederasta triste y regordete que había bajado de un tiro a su extorsionador”.

Pero no nos desviemos. El narrador de Pálido fuego comete errores, como todos los narradores de Nabokov, que nos permite descubrir su impostura. Tal vez sea revelador el fragmento perteneciente al comentario al verso 629: el destino de las bestias, verso corregido y recorregido, como recoge el narrador: El destino de las bestias. Encima de esto el poeta escribió y tachó: el destino del loco.

El narrador recoge la última frase de una conversación que, evidentemente trata sobre él:

Mientras circulaba entre aquel apiñamiento, con una sonrisa en la cara y un cóctel en la mano, entreví por fin la coronilla de mi poeta y el chignon castaño brillante de la Sra. H. sobresaliendo de los respaldos de dos sillones adyacentes. En el momento en que me acercaba por detrás de ellos, le oí oponerse a una observación que ella acababa de hacer:
—La palabra es equivocada —decía—. Uno no debería aplicarla a una persona que se despoja deliberadamente de un pasado gris y desdichado y lo sustituye por una brillante invención. Es sencillamente volver una nueva página con la mano izquierda.


Tenemos pues a un narrador que se despoja deliberadamente de un pasado gris y desdichado y lo sustituye por una brillante invención. No es un loco. Es nuestro guía por un delirio inextricable. No podemos aceptar la idea de un narrador loco, por eso pensamos que Kinbote es quien cuenta la historia.

Si Botkin es el narrador, la historia de Kinbote y Shade es una invención literaria. Nabokov dice que “esta es una novela directa. La revelación más clara de la personalidad se encuentra en el trabajo creativo en el que un individuo se vuelca. Aquí el poeta es revelado por su poesía; el comentarista por su comentario”. ¿Debemos deducir de estas palabras la mediocridad de Shade, la egolatría de Kinbote?. O debemos, a tenor de las siguientes declaraciones, que Nabokov, al interponer a Botkin, al escogerlo como intermediario entre el lector y la historia de Shade y Kinbote, crea una segunda posibilidad de lectura, una ficción insostenible que lleva al narrador al suicidio. Pero, ¿por qué el suicidio de Botkin?, por qué, si todo no es más que una ficción, huir de New Wye, donde es profesor, y refugiarse en una cabaña de madera, frente a lo que cree un parque de atracciones, a redactar la imposible historia de un crimen equivocado, del exilio del rey de Zembla. ¿Por qué huir, por qué suicidarse?
Quizás a las muchas tesis apuntadas habría que añadir la interpretación “gradusiana” o “greydiana” según la cual, Botkin, el narrador de la novela Pálido fuego, autor del poema del mismo nombre, de los comentarios y del Índice, no es otro que Gradus y que todo ello no sea más que una justificación de una acto irracional… ups, se me coló una interpretación psicoanalítica de la novela.

Toda esa batahola terminó por afectar el curso de mi nueva vida y me obligó a trasladarme a este modesto chalet de montaña; pero conseguí obtener, poco después del arresto, una entrevista, quizá dos, con el prisionero. Estaba ahora mucho más lúcido que cuando se desplomó, sangrando, en los peldaños de mi entrada, y me contó todo lo que yo deseaba saber. Haciéndole creer que podría ayudarlo en el proceso, le obligué a confesar su odioso crimen: su manera de engañar a la policía y a la nación haciéndose pasar por Jack Grey, escapado de un manicomio, que había tomado a Shade por el hombre que lo había hecho encerrar. Pocos días después, ay, frustró a la justicia abriéndose la garganta con una navaja que había recogido de un cajón de basuras no vigilado. Murió, no tanto porque desempeñado ya su papel en la historia no veía razón para seguir viviendo, sino porque no podía sobrevivir a su última plancha: haber matado a quien no debía cuando su verdadero blanco estaba allí delante.

Botkin muere por haber matado a quien no debía.
Tal vez…

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08/03/09

Poshlust o poshlost

De la entrevista concedida a Nabokov a Paris Review, en octubre de 1967:

El
poshlust, o poshlost en su transliteración más exacta, tiene muchos matices, y si usted cree que se puede preguntar a cualquiera si le tienta el poshlost, evidentemente no lo he explicado con suficiente claridad en mi librito sobre Gogol. Basura cursi, vulgares clisés. “Filisteísmo” en todos sus aspectos, imitaciones de imitaciones, falsas profundidades, pseudoliteratura tosca, deficiente y deshonesta…ésos son los ejemplos obvios. Ahora bien si deseamos restringirnos a los escritos contemporáneos, tenemos que buscar el poshlost en el simbolismo freudiano, las mitologías apolilladas, el comentario social, los mensajes humanistas, las alegorías políticas, la preocupación excesiva por la clase o la raza, y las generalidades periodísticas que todos conocemos. El poshlost se manifiesta en conceptos tales como “Norteamérica no es mejor que Rusia”, o “Todos participamos de la culpa de Alemania”. Las flores del poshlost se dan en frases y términos como “el momento de la verdad”, “carisma”, “existencial” (empleado seriamente), “diálogo” (aplicado a conversaciones políticas entre naciones), y “vocabulario” (aplicado a un mamarrachista). Enumerar de un tirón Auschwitz, Hiroshima y Vietnam es poshlost sedicioso. Pertenecer a un club muy selecto (y que ostenta un solo nombre judío… el del tesorero) es poshlost, elegante. Los comentarios críticos mercenarios frecuentemente son poshlost, pero éste acecha también en ciertos ensayos petulantes. El poshlost llama gran poeta al Sr. Vacío y gran novelista al Sr. Fanfarrón (*). Uno de los viveros favoritos de poshlost ha sido siempre la exposición de arte; allí lo producen los llamados escultores que trabajan con herramientas de derribar, construyendo cigüeñales cretinos de acero inoxidable, estereotipos zen, cosas raras de poliestireno, objetos trouvés en letrinas, balas de cañón, albóndigas en conserva. Allí admiramos las muestras de las paredes de gabinetti de los llamados artistas abstractos del surrealismo freudiano, los borrones rugientes y las manchas de Rorschach… todo ello tan cursi por derecho propio como las académicas “mañanas de septiembre” y las “ramilleteras florentinas” de hace medio siglo. La lista es larga y, claro está, cada uno tiene su bête noire, su pesadilla dentro de la serie. La mía es ese aviso de una línea aérea: el refrigerio servido por una moza servicial a una pareja joven… ella con la mirada extática clavada en el canapé de pepinos, él admirando anhelante a la azafata. Y, desde luego, Muerte en Venecia. Ya ve el alcance.


Opiniones contundentes, traducción de María Raquel Bengolea para
Taurus. (Gracias, Elena

(*) Mr. Blank y Mr. Bluff en el original.

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03/03/09

Viaje sentimental por Francia e Italia, de Laurence Sterne y parecidos inquietantes

Un fragmento

La ciudad de Abdera, a pesar de haber vivido en ella Demócrito, quien puso toda la fuerza de la ironía y de la risa en corregirla, fue la más relajada y viciosa de todas las ciudades de la Tracia. Venenos, conspiraciones, asesinatos, libelos, pasquines y tumultos no dejaban vivir por el día… y menos por la noche.
Y sucedió que, cuando peor estaban las cosas, fue representada en Abdera la Andrómeda de Eurípìdes, y el auditorio halló la obra deliciosa, y lo que más impresionó la imaginación de los espectadores fueron los tiernos raptos de la naturaleza que el poeta expresa en el patético discurso de Perseo: “¡Oh, Cupido, príncipe de los dioses y de los hombres!, etc.”. Al día siguiente todo el mundo hablaba en puro yambo y ya no se comentaba otra cosa más que la patética invocación de Perseo: “¡Oh, Cupido, príncipe de los dioses y de los hombres!”, y en todas las calles y en todas las casas de Abdera resonaba: “¡Oh, Cupido, Cupido!”, y en todas las bocas, como las notas propias de una dulce melodía, que fluyera queriendo o sin querer: “¡Oh, Cupido, príncipe de los dioses y de los hombres!”, sólo se oía esto y nada más. El fuego se propagó y toda la ciudad, como el corazón de un solo hombre, se abrió al Amor.
Ningún apoticario vendió ya un solo gramo de eléboro; ningún armero se atrevió a forjar instrumentos de muerte. La Amistad y la Virtud se encontraban y se besaban por la calle –volvía la Edad de Oro a planear, benéfica, sobre Abdera-; los abderitas volvieron a tomar sus flautas de caña; los abderitas dejaron a un lado sus ropas púrpuras y se sentaron castamente en la hierba a escuchar la canción…
Y todo esto por el solo poder – dice el Fragmento- del dios cuyo imperio se extiende del cielo a la tierra y aun a las profundidades del mar…
De Viaje sentimental de Laurence Sterne; traducción Max Lacruz Bassols para Funambulista

Un día de estos hablaremos de Mr Yorick y su viaje sentimental. Pero escojo el
Fragmento para señalar de que manera Sterne creía en el poder de la literatura, de la palabra. Mr. Yorick recorrerá Francia e Italia en una sucesión de encuentros en el que la seducción brilla y en el que la palabra se convierte en un canto al amor… “¡Oh, Cupido, príncipe de los dioses y de los hombres!

Pero no es eso lo que me inquieta.

Descubro en la página de Vila-Matas en la sección de fotografías, reunidas en la misma galería, una foto de Enrique Vila-Matas junto al actor Daniel Emilfork y el famoso retrato de Laurence Sterne, pintado por Joshua Reynolds en 1760. Entre ambas imágenes, quizás por alguna extraña configuración de la luz (esa luz que acaba haciéndote irresistible… consultad la filmografía de Emilfork y buscad al protagonista de
What’s new pussycat?... todo está relacionado, todo acaba relacionado en este mundo de fantasmas y ficciones) o por el tamaño de las imágenes, parece desprenderse cierto parecido entre el actor, que inspiró el personaje de Tongoy en El mal de Montano, y el escritor del Tristram Shandy.

Mi amigo Tongoy es realmente muy feo, pero uno se acostumbra a no verle tan horroroso gracias a su buen carácter, elegancia excéntrica en el vestir y refinada cultura. (…)
Mi amigo Tongoy tiene setenta y cuatro años, cráneo rapado y orejas de murciélago. Vive en París desde hace medio siglo, pero nació en una familia de judíos húngaros que emigraron a Chile y se establecieron en San Felipe. El verdadero nombre de mi amigo es Felipe Kertesz, se ha hecho algo famoso últimamente en Francia interpretando en una película el papel de un siniestro viejo que se dedica al secuestro de niños. Aunque sólo relativamente, también es conocido por haber sido hombre-libélula en una película de Fellini y por haber encarnado al actor húngaro Bela Lugosi en una biografía fílmica de este personaje.
De El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas

Tongoy interpretó a Lugosi. Emilfork interpretó a Cagliostro. Y de nuevo todo está relacionado:
Hace tiempo mencionaba a Goethe y su Viaje por Italia y comparaba el texto del alemán con el episodio italiano del
Tristram Shandy. Ahora, además, abría que añadir a la comparación las aventuras de Mr. Yorick.

Como podéis ver, el post trataba sobre Cagliostro, personaje que fue interpretado por Daniel Emilfork en una ignota película francesa de 1979.

¿Podría haber sido Yorick interpretado por Emilfork? Creo que todo apunta en esa dirección.
Alas, poor Emilfork

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01/03/09

Los libros de Lost (II)

Jack: -¿Cómo puedes leer?
Ben: - Mi madre me enseñó. (...) Estoy leyendo, Jack, porque es mejor que lo que tú estás haciendo.
Jack: - ¿Qué hago?
Ben: - Esperar que algo suceda.
Jack: - ¿Y qué sucederá?
Ben: - Dímelo tú, Jack.

(de los subtítulos de Argenteam)

Siguen las lecturas en Lost:
Ahora los malos leen a Joyce




Y los buenos se dedican a algo más ligero.



Alas, poor Yorich
El desastre es inminente.

Sea como sea, vuele con nosotros

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